Siempre recordaré aquel día con Juanma Trueba. Entonces era el cronista del Real Madrid en ‘As’, como hoy lo es de ‘alacontra.es’ y me contaba que, al escribir, pretendía que el lector nunca se enterase de qué equipo es, “porque entonces te conviertes en un personaje que tiene credibilidad para un solo bando”. Fue una manera de escapar de la cultura de hincha que gobierna hoy en tantos sectores del periodismo deportivo y que a Santiago Segurola, uno de los mitos de esta profesión, no le parece mal “porque en el fondo los periodistas somos hinchas que también hemos sido niños y que tenemos un equipo”.

“Pero entonces lo que debes tratar es diferenciar la afición de la profesión y no olvidar que la profesión tiene unas reglas y que la honestidad con uno mismo también es importante”. Por eso a Segurola nunca le ha importado admitir que él es el del Athletic de Bilbao. Ni siquiera en sus tiempos de cronista en ‘El País’ o en el ‘Marca’ “en los que jamás lo disimulé. Pero, a cambio, siempre que he escrito del Athletic lo he hecho con el mismo rigor que del resto de los equipos. Y, si acaso, si lo he hecho con un nivel más crítico es porque lo conocía mejor”.

Los periodistas deportivos Juanma Trueba, Jordi Quixano y Santiago Segurola

Los periodistas deportivos Juanma Trueba, Jordi Quixano y Santiago Segurola

La misma conversación aterriza ahora en Barcelona, donde Jordi Quixano es un periodista que, a los 36 años, ya suma una antigüedad de quince en ‘El País’, “en los que pasé una época en Madrid en la que escribía del Atlético y claro que quería que ganase el Atlético como ahora quiero que gane el Barça. Y no creo ser sospechoso de nada, porque soy de Zaragoza. Pero establezco esa preferencia solo desde una relación profesional como cualquier persona que cubre un equipo. Si ese equipo gana, va a redundar a favor de su trabajo: vas a viajar más, vas a tener más notoriedad y vas a tener más espacio”.

“Pero – continúa- otra cosa es ese forofismo, que ha derivado en un periodismo de bandera en el que el periodista antepone la popularidad al prestigio, y está claro que hay gente así. Hasta me atrevería a decir que el narcicismo se siente cómodo en la profesión. Pero yo debo ser un caso extraño porque nunca he sido así. No sé ni los seguidores que tengo en las redes sociales y me alegro de que todavía haya un sitio para los periodistas que intentamos ser imparciales”.

“El mero hecho de elegir una palabra o de ordenar una crónica ya te está alejando de la objetividad”

Yo soy de los que piensa que la objetividad no existe“, discrepa Segurola , reconvertido ahora en colaborador o articulista de varios medios. “El mero hecho de elegir una palabra o de ordenar una crónica ya te está alejando de la objetividad. Cada uno ordena sus textos como quiere, pero otra cosa absolutamente diferente es la de ejecutar esta profesión con coherencia, con dignidad lo que tampoco significa que no vayas a equivocarte. Pero esos son los riesgos del periodismo en cualquier ámbito”, reflexiona.

“Yo siempre recuerdo cuando escribía de atletismo. Si algo me entusiasmaba, si a alguien le veía mucho mérito, tendía a demostrarlo en mis textos. Y luego podía darse el caso de que ese alguien diese positivo por dopaje y entonces me quedaba desconcertado. Lo pasaba hasta mal y me preguntaba, ‘¿por qué yo he escrito con tanta admiración de esa gente?’ Incluso me reprochaba, ‘¿debería haber sabido más de ellos? ¿qué he hice yo para saber de ellos? ¿hice lo suficiente?’ Porque mi idea del periodismo no es la de saberlo todo, sino la de preguntarlo todo”.

Hubo, sin embargo, un día en el que Juanma Trueba decidió tomar distancia. Fue muy pronto, siendo becario, tal vez la primera vez que los jefes le enviaron a la Ciudad Deportiva del Real Madrid a cubrir un entrenamiento. “Comprendí que no conviene acercarse a los ídolos que uno tiene. La mayoría de los futbolistas te miraban por encima del hombro. El único que se salía era Butragueño que no negaba una entrevista a nadie y en esos tiempos lo más cercano de nadie era yo”.

“Lo primero que me preguntó es porque le había puntuado con un uno en el partido frente al Milan de la Champions, del resto, ningún interés”

Años después, en el ejercicio de la profesión como subdirector de As, Trueba recibió una llamada del jefe de prensa del Real Madrid. Parecía que había cambiado todo, pero, en realidad, no cambió nada. “Me decía que había un futbolista del Madrid que quería conocerme y yo pensé: ‘qué bien, cuántos se pondrían en mi lugar’. Y fui. Y el caso es que cuando llegué a él lo primero que me preguntó es porque le había puntuado con un uno en el partido frente al Milan de la Champions que decía que había jugado muy bien. Del resto, incluido lo escrito en el texto, no mostró ningún interés. Y lo cierto es que las puntuaciones son notas que se ponen a los jugadores en quince segundos, sin el esfuerzo de una crónica. Pero con esta anécdota uno se da cuenta de por donde va la cosa”.

Así que, después de escucharles, la sensación es que no es tan fácil ser periodista deportivo. “No es fácil ni difícil. Sólo es un reflejo del resto del periodismo y del mundo en general. Los títulos deben ser calientes, magnéticos. A cualquier dirigente de un medio le interesan los ‘clics’ que tiene una noticia y en ese estado hay periodistas que buscan la popularidad claramente y hasta la han encontrado. ¿Que si hacen bien o mal?”, se pregunta Quixano. “Hombre, yo sería incapaz . Quizá porque soy uno de esos románticos que piensa que el papel no debería morir nunca, que intenta que cada frase aporte lo máximo posible y que se niega a transcribir una entrevista y a no tratar al personaje de usted porque nací así en la profesión. Pero, claro, yo hablo de mi caso que estoy en el extremo más agnóstico de las redes sociales”.

En ese escenario, Segurola tampoco recuerda haber escrito nunca en primera persona. “Me resulta casi incompatible con la visión del periodismo. Otra cosa es que escribas un libro o que te pidan un prólogo para un libro, pero periodísticamente, para mí, es imposible. Y con esto no le quiero decir a nadie como debe hacer su trabajo. Para eso ya están sus jefes y el público. Incluso, hasta puedo aceptar que ese compromiso emocional y partidista con un equipo a veces me divierte. Sin embargo no creo que eso se pueda relacionar con el periodismo. Es más, no sé ni cómo definir ese género”.

Quizá ya sólo sea parte de las reglas de juego de hoy en una profesión democrática que lo acepta todo. Acepta los que piensan como Trueba (“aléjate de tus ídolos”) y los que lamentan como Quixano ya no poder acercarse a ellos para diferenciarse.

“El acceso está vetado para el periodismo… Yo recuerdo en mis primeros tiempos cuando podía hablar con Xavi, con Iniesta… Ahora, ya no puedes entrevistar a nadie y si te cuentan algo del club lo primero que te pide esa gente es ‘no escribas mi nombre’, porque tú no puedes ver ni siquiera el entrenamiento y los programas de radio y de televisión o las páginas de periódico hay que llenarlos. De ahí que hasta se pueda comprender que este oficio haya derivado hacia el periodismo de bandera”. Un hábitat del que está claro que Segurola nunca formará parte, “porque no sabría cómo hacerlo”. Ni siquiera ahora que vive más relajado, porque ha dejado de hacer crónicas de los partidos. “Pero debe ser que yo pertenezco a los periodistas de antes, a los que les costaba más decir cuáles eran sus colores y es posible que todo fuese (o, al menos, lo pareciese) bastante más coherente. Yo siempre lo he entendido de esa manera”.

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