Entre el azul del lago Neuchâtel y el blanco de los Alpes suizos se ubica un lugar en el que 430 profesionales trabajan para lograr un futuro sin humo. El talento de físicos, químicos, matemáticos, toxicólogos, médicos, estadistas o epidemiólogos procedentes de todos los rincones del planeta se exprime en un edificio puntero.

Batas blancas dedicadas a un objetivo común: el desarrollo de soluciones alternativas a los cigarrillos convencionales, cuando las previsiones apuntan que alrededor de mil millones de personas seguirán fumando en 2025. En un frío día de marzo accedemos a este centro de I+D con concepto open space para descubrir qué son los Productos de Riesgo Reducido (PRR). Bienvenidos al presente sin humo. Bienvenidos al Cubo de Philip Morris.

Cada vez más países reconocen las ventajas de contar con mejores alternativas al tabaco convencional

Es una evidencia: el consumo de tabaco se ha reducido en los últimos años. Aún así, millones de personas continúan fumando. Es en este punto donde convergen empresas, organizaciones sanitarias y autoridades reguladoras para encontrar soluciones que reduzcan o eliminen los componentes nocivos que emanan de los cigarrillos tradicionales. Cuanto antes.

Esta es una de las principales causas por las que nace el Cubo del gigante tabacalero norteamericano. ¿La consecuencia? La investigación y el desarrollo de los PRR. Unas soluciones que en la actualidad aún se consideran potenciales, pese a las numerosas pruebas científicas realizadas que ya avalan sus mejoras en relación al cigarrillo convencional. “Hasta que los estudios internos y externos no sean definitivos no dejaremos de utilizar el concepto Productos con Potencial de Riesgo Reducido”, aseguran desde la compañía.

De ahí que los expertos en Philip Morris trabajen para construir una evidencia científica sólida que demuestre que los nuevos dispositivos reducen notablemente el riesgo de sufrir enfermedades derivadas del tabaco. Eso sí, sin dejar de satisfacer las necesidades de los fumadores en cuanto a su experiencia y sensaciones, pues estas soluciones están únicamente dirigidas a personas que ya fuman.

El futuro de los fumadores está respaldado por la ciencia. Philip Morris así lo ha entendido y en la última década ha invertido 2.500 millones de euros en I+D. Y el Cubo es, en esencia, eso: ciencia. Con dosis de creatividad. Brindar soluciones ante las incógnitas y plantear hipótesis e investigar hasta dar con los hechos. Un tour por este edificio, dividido en tres áreas, cuyos nombres son tierra, agua y aire -nótese que falta el fuego- constata un hecho: Philip Morris rechaza el humo marquetiniano para centrarse en las evidencias. En la ciencia.

Philip Morris trabaja para que el 30% de las personas utilice productos sin humo en 2025

Tanto es así que sigue de manera estricta las prácticas de la industria farmacéutica, en consonancia con las directrices estipuladas por organismos reguladores oficiales. Un dato: la empresa envió un estudio formado por 2,5 millones de páginas con datos a la Administración de Medicamentos y Alimentos de Estados Unidos. Todo para desarrollar, con las máximas garantías, soluciones sin tabaco, o como gran apuesta, productos de tabaco calentado.

Calentado. Esa es la palabra clave tras años de investigación. La nicotina provoca adicción, pero no desencadena la mayoría de problemas derivados del tabaco. En mayor medida, los componentes nocivos del cigarrillo están presentes en el humo que se emite tras la combustión del mismo, que con el encendido puede superar los 800 grados. En el Cubo, los expertos han desarrollado productos capaces de calentarse por debajo de los 400 grados, lo que reduce el número de emisiones. Y eso equivale a una menor exposición a sustancias químicas, que en un cigarrillo normal podrían superar las 7.000, de las cuales unas 100 son nocivas.

Interior del Cubo Interior del Cubo (Thomas Jantscher)

El dispositivo estrella, de nombre IQOS, demuestra ese potencial de riesgo reducido. “En base a nuestros análisis químicos, el aerosol de IQOS contiene, de media, entre 90% y 95% menos de componentes nocivos y potencialmente nocivos, en comparación con el humo del cigarrillo”, explica Ignacio González, científico español en Philip Morris. El proceso de calentamiento sin combustión reduce considerablemente la formación de componentes nocivos.

Ahora el reto es demostrar que la monumental cantidad de datos que acumula Philip Morris en el laboratorio se corroboran con todos los agentes externos. ¿En qué? En probar científicamente que una menor exposición a sustancias químicas nocivas equivale a reducir el riesgo de padecer enfermedades relacionadas con el tabaco.

La tabacalera trabaja en soluciones de riesgo reducido en el futuro como los cigarrillos sin combustión

Por lo pronto, la compañía confía en sus soluciones para avanzar hacia un nuevo modelo. “Nuestro objetivo es convencer a todos los fumadores adultos actuales, que tienen la intención de seguir fumando, que se cambien a productos sin combustión tan pronto como sea posible”, afirma Glenda Ruiz, responsable de comunicación. Una declaración que refleja el espíritu del Cubo en una industria, como la tabacalera, con una reputación muy discutida. La ciencia ha traído consigo el cambio. Y así abandonamos el presente, el Cubo, para respirar un futuro sin humo.

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