Duro ataque de los comerciantes y restauradores barceloneses a todas las políticas del gobierno de la alcaldesa Ada Colau. Las principales asociaciones de pequeños y medianos empresarios de la ciudad aseguraron ayer que la situación es ya insostenible. Porque el top manta está disparado, la promoción de la ciudad es insuficiente, la reputación internacional de Barcelona no hace otra cosa que desgastarse, medio centenar de indigentes permanecen acampados en la plaza Catalunya desde hace meses, el Ayuntamiento se convirtió en un muro que no responde los correos electrónicos, que ni siquiera atiende las llamadas telefónicas de las asociaciones de comerciantes, que continúa obsesionado en decretar moratorias, planes de usos que y suspensiones de licencias que no hacen otra cosa que entorpecer la economía… De repente Barcelona se antoja una ciudad aburrida que pierde empuje, que está bajando de división.

Este demoledor diagnóstico no lo firman únicamente los ejes comerciales más turísticos y las grandes marcas, también lo respaldan los comercios de proximidad de barrio y los pequeños negocios familiares. La grupos de la oposición no desaprovecharon la oportunidad y atacaron a la yugular del gobierno municipal.

Los restauradores piden la dimisión de la concejal de Ciutat Vella

El Ayuntamiento celebró ayer la primera sesión de la comisión municipal encargada de evaluar los efectos que estos últimos y turbulentos meses están produciendo sobre la economía de la ciudad. Y el encuentro de empresarios y concejales se convirtió a la postre en un examen del proceder de los comunes en materia comercial durante los últimos tres años. “Ustedes ganaron las últimas elecciones, pero perderán las próximas. Y quien las gane se encontrará un gran solar”, dijo Josep Maria Donat, exdirector de la pasarela Gaudí.

En realidad estas críticas no son del todo nuevas. Pero durante los últimos meses, dada la extraordinaria sucesión de acontecimientos producida en Barcelona y el resto de Catalunya, el empresariado prefirió no agitar aún más la situación, no echar más leña al fuego. La tregua llegó ayer a su fin. La brecha es hoy más grande que nunca. “Estamos muy disgustados con la falta de respeto mostrada por el primer teniente de alcalde, por Gerardo Pisarello –dijo Francesc Maristany, del Clúster Català de la Moda, al término de la sesión–. No nos parece bien que Pisarello llegue tarde y que encima se marche antes de tiempo”.

La mañana arrancó muy tensa. Roger Pallarols, director del Gremi de Restauració, pidió la dimisión de la concejal responsable del distrito de Ciutat Vella, de Gala Pin. Porque la noche anterior, durante la audiencia pública del distrito, la edil lamentó que los restauradores de Barcelona estuvieran tan mal representados. En el Gremi entienden que estas palabras constituyen una falta de respeto para una asociación que escoge a su presidente de un modo democrático, y también un grave abuso de autoridad por parte de un cargo público.

La oposición entiende que las críticas constatan el fracaso de los comunes

En verdad el encontronazo es también una prueba más de las malas relaciones entre el empresariados y el gobierno de los comunes. Los tres años de la guerra de las terrazas no se recomponen en unas pocas semanas. Además, los restauradores de la ciudad están convencidos de que el Ayuntamiento está empeñado en criminalizarlos, en mostrarlos como un negocio de precarias condiciones laborales, como un factor más que contribuye a la gentrificación… La mayor parte de los 13 representantes del tejido comercial, así como los de todos los grupos de la oposición, salvo la de la CUP, condenaron la actitud de la concejal Pin. En su intervención, Pallarols también dijo que el Gremi interpondrá en breve un contencioso administrativo contra el nuevo plan de usos de Ciutat Vella.

Fermín Villar, de Amics de la Rambla y de Plataforma de Afectados por el Top Manta, subrayó la creciente degradación del espacio público y el doble rasero de la administración local. “Ahora el Ayuntamiento está enviado a los negocios cartas para recordarles que tienen que cumplir con todas las normas. Exigimos al Ayuntamiento que lleve a cabo una campaña de comunicación para anunciar que no permitirá la venta ambulante ilegal. A veces parece que los problemas los generamos quienes lo sufrimos”.

Gabriel Jené, de Barcelona Oberta, de los ejes comerciales más turisticos; Salva Vendrell, de la Fundació Barcelona Comerç, de los comercios de barrio; Álex Goñi, de la patronal Pimec Comerç; Miquel Donnay, del Consell de Gremis, y Joan Carles Calbet, de Comertia, ahondaron en la muy larga lista de preocupaciones que les quitan el sueño, se refirieron al debilitamiento de la marca de la ciudad, a las consecuencias de la moratoria hotelera, a la degradación del Raval, del Gòtic y de todo el centro de la urbe, al empeoramiento del tráfico que está comportando la implantación de carriles bici… “Barcelona está dejando de funcionar”, dijo Jené. “Están empobreciendo nuestra ciudad”, lamentó Vendrell. “Nos cuesta entender que te crucifique quien te ha de proteger”, añadió Goñi. “Y ahora abren una ofensiva contra las motos”, agregó Donnay. “Hace falta más promoción, más apoyo –terminó Calbet–, impulsar experiencias como las Áreas de Promoción Especial Urbanas”.

El comercio quiere que el Ayuntamiento exija a todos el cumplimiento de la ley

A pesar de que la máxima autoridad municipal en materia económica es el primer teniente de alcalde, Gerardo Pisarello, una vez más el encargado de bregar con todos los envites fue el conciliador concejal de Empresa, Agustí Colom. Él realizó los correspondientes malabarismos y tomó buena nota al tiempo que defendió la labor municipal.

Los concejales de la oposición tuvieron muchos menos problemas para elaborar sus intervenciones. Raimond Blasi, del PDECat, quiso subrayar la falta de respeto de los comunes a las asocia-ciones empresariales. “A mí, Pisarello también me insultó por preguntar por los manteros”. Carina Mejías, en nombre de Ciudadanos, señaló que “el trabajo del gobierno municipal durante los últimos tres años acaba de recibir un severo correctivo”. Según la republicana Trini Capdevila, el gobierno de la alcaldesa Ada Colau ha de tener muy en cuenta todo lo dicho por los comerciantes de cara al último año de mandato”. “Este gobierno trabaja desde los prejuicios”, espetó la socialista Montse Ballarín. El popular Javier Mulleras dijo que el comercio va en una dirección, “y Colau en otra”. Y Eulàlia Reguant, de la CUP, concluyó que ellos son los divergentes, que ellos van por otro lado.

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