“Sí, cobramos más que los chicos. Nos lo hemos ganado, ¿no?”. Olga Domènech (29), capitana del equipo femenino de waterpolo del CN Sabadell desde hace ocho años, no tiene ninguna duda: eso que viven ella y sus doce compañeras es discriminación positiva. Un caso paradigmático en el deporte: ellas cobran más, ganan más títulos y tienen más repercusión mediática que sus colegas masculinos. ¿En cuántos clubs u otras especialidades deportivas ocurre, que las mujeres estén delante de los hombres en salarios, éxitos y reconocimiento público?

“Se lo han ganado”, encaja con deportividad Óscar Carrillo (26), segundo capitán del equipo masculino. Lo ve justificado. “Las chicas han logrado cosas importantes para el club, una gran parte del equipo está en la selección, son las mejores jugadoras del mundo y se lo merecen. Hacen un gran esfuerzo, y el club se lo agradece así”, argumenta Carrillo.

El dato es definitivo: la sección de waterpolo del CNS, una de las más potentes de Europa, ha ganado 51 títulos estatales y continentales; 45 los han logrado las chicas (todos en los últimos 18 años, desde la Liga 1999-2000), y seis, ellos.

“Nos hemos ganado cobrar más… Pero no me gustan las desigualdades; debería haber paridad salarial”

“Esta discriminación positiva es una consecuencia lógica de la apuesta del club”, justifica Claudi Martí, presidente de la entidad desde el 2017 y directivo desde los noventa. “Se llega a esta situación, si se quiere paradigmática, a partir de una apuesta decidida del club por el deporte de agua (natación, sincronizada, waterpolo) y el deporte femenino, desde los primeros años 2000. Decidimos desarrollar más el deporte femenino porque estaba más atrasado, porque podías lograr más éxitos con menos inversión (facilitándoles el mismo nivel técnico que a los hombres y la misma accesibilidad desde la escuela). Esta transformación del modelo al final lleva al éxito”.

Así, a los primeros éxitos en natación de Lourdes Becerra les siguieron los de Nina Zhivanevskaya, Melissa Caballero, Mireia Belmonte o Judit Ignacio. En el waterpolo, la reconversión llegó un poco más tarde, cuando el equipo ya se había ganado el prestigio con una decena de títulos a partir de la Liga del 2000. “Cuando llegué al primer equipo, hace 13 años (2005), no cobrábamos nada, en Europa no teníamos resultados, pero en España sí que ganábamos. Los chicos tenían peores resultados, pero todo el presupuesto se iba para ellos”, recuerda Domènech. “El punto de inflexión es el 2011, cuando ganamos la primera Copa de Europa, fichamos a Laura Ester, Pili Peña; se hacen contratos y nos equiparan los sueldos”.

Tuvo mucho que ver en esta profesionalización y mejora de las condiciones laborales de las chicas Nani Guiu, que desembarcó en el 2007 procedente del Sant Andreu con nuevos métodos de entreno y en la gestión. “Cuando llegué casi no cobraban, 30 euros al mes; pedimos que les fueran incrementando el sueldo”. Guiu insistió en los fichajes y en que se recompensara económicamente el esfuerzo de las chicas. “Lo que cobrábamos era simbólico, la mayoría compaginábamos estudios, trabajo y entrenos; yo tenía 21 años y trabajaba en el Parc Taulí mientras estudiaba Criminología”, recuerda Domènech. “Ahora cobramos unos sueldos que están bien –dice–, un poco más de mileurista… pero no nos retirará”, ironiza. Han dejado atrás el amateurismo; son la excepción en el waterpolo femenino. “Ahora cobramos más que ellos; algunos ni cobran”.

“Esta discriminación positiva es una consecuencia lógica de la apuesta del club por el deporte femenino”

Según el presidente, el waterpolo tiene un presupuesto en el CN Sabadell de un millón de euros; “el del femenino es un 30% superior al masculino”. “No por una cuestión de género, sino porque el nivel de rendimiento de las chicas es superior”. Así, los sueldos femeninos, por término medio, están en torno a 1.200- 1.400 euros, y en el caso de los chicos, a menudo por debajo de los 1.000 euros.

“La diferencia salarial no se comenta ni nos molesta. Es la filosofía del club. Si cobran más (ellas) es porque han negociado mejor o se lo han ganado. No hay debate”, dice Carrillo.

A Domènech, sin embargo, la incomoda cobrar más que un hombre del mismo deporte. “No me gusta ni la situación de antes ni la de ahora. Dedicamos muchas horas a este deporte, hombres y mujeres, y creo que tendría que haber paridad salarial. No me gustan las desigualdades. Somos el único club, con el Olympiacos, que tiene los dos equipos, el masculino y el femenino, jugando la Champions”.

Sí que le place a Olga que ellas tengan más relevancia mediática. “Eso sí me gusta, que nos consideren más que a los chicos. ¡Es que siempre ha sido al revés! Eso nos hace crecer como club, que se tenga interés en el femenino”.

La próxima cita de las chicas es el sábado en Mataró ( 12.45 h), con el acceso a la final en la mano gracias al 12-3 de la ida de cuartos.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.