La onda expansiva de los resultados electorales del 21D en Catalunya recorre toda España y va a durar meses. El escenario es endiablado, aunque la opción de que los independentistas repitieran mayoría absoluta solo la negaban los que no querían ver la realidad que, por cierto, han sido muchos estas últimas semanas.

Hace algo mas de dos meses,  me preguntaba en este diario si la crisis catalana podía acabar siendo un búmeran contra Rajoy y hoy creo que es evidente que sí pero no por aplicar el 155 y convocar elecciones de forma inmediata porque el día que lo hizo no le quedaba más remedio. Rajoy sale muy tocado de este proceso por todo lo que no hizo durante los últimos años para afrontar el problema político e institucional más grave que tenemos encima de la mesa y es que, a día de hoy, más de dos millones de catalanes no quieren saber nada de seguir en España.

Rajoy y el PP agitaron durante años con intereses electorales campañas contra Catalunya y luego en Moncloa, cerraron los ojos ante una realidad que ha acabado explotándoles en la cara. Ahora tenemos un presidente del gobierno sin discurso para Catalunya y con una presencia residual en el Parlament.

Por si esto fuera poco, Rajoy se enfrenta a su mayor pesadilla: Albert Rivera. El líder de Ciudadanos sale disparado de Catalunya tras el éxito rotundo de Inés Arrimadas. Ciudadanos está en condiciones de disputarle al PP el liderazgo del centroderecha en España. Sólo tiene un hándicap: su falta de experiencia de gobierno, pero por lo demás, es una opción joven, moderna y limpia frente a un PP envejecido, renqueante y asolado por la corrupción.

Ante este panorama, ¿qué va a hacer Rajoy? Ya lo hemos visto. De momento, nada. No puede anticipar las generales porque sería un regalo para Rivera; así que prolongará la ficción de esta legislatura pagando el peaje que sea necesario al PNV para los presupuestos y alargando los tiempos a la espera de que los vientos cambien sin querer ver que tal vez los vientos para él ya han cambiado definitivamente.

Por lo demás, los independentistas van a gobernar, pero han visto como ganaba las elecciones su bestia negra, Ciudadanos y además saben que no pueden repetir la misma ruta que nos ha traído hasta aquí; seguramente ahora intentaran sumar a los comunes a un nuevo frente por el referéndum. Las terceras vías han fracasado. No había espacio ni para la arriesgada apuesta transversal de Iceta ni para la ambigüedad de los comunes. La polarización, la fractura y la incertidumbre se prolongan. Por saber no se sabe ni quién va a ser el presidente porque en teoría Puigdemont sería detenido si pone un pie en España. Incógnitas, retos y desafíos pendientes.

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