La maquinaria infalible que ha construido Ernesto Valverde esta temporada con el Barça se vino abajo durante muchos minutos contra el Sevilla y sólo Leo Messi, el último recurso en el Pizjuán pero el mejor, salvó la imbatibilidad del cuadro azulgrana en la Liga. El parón por Selecciones y la cercana cita europea contra la Roma apuntan como factores de los fallos de engranaje en el equipo azulgrana.

Unos errores que en la competición doméstica son subsanables, gracias al margen de puntos sobre el Atlético, pero que serían imperdonables en la Champions. Quizá por ello, contra los andaluces no exhibieron su mejor rendimiento y sí una versión caótica. El desorden defensivo y la poca intensidad en las marcas contra los hispalenses provocaron dos tantos en contra y multitud de oportunidades de gol sobre los tres palos defendidos por Ter Stegen, que no vio perforada en más ocasiones su portería debido al poco acierto de los delanteros sevillistas.

Jugar en Nervión siempre es difícil pero si el partido se encuadra tras dos semanas de encuentros amistosos de Selecciónes y a cuatro días de los cuartos de final de la Champions, el escenario se torna aún más complicado. Variables que desbordaron al cuadro azulgrana hasta la aparición de Messi, que obró el enésimo milagro para lograr el empate cuando todo apuntaba a derrota. Pero el argentino no siempre va a poder salvar a sus compañeros si el equipo se descompone.

La batalla del Pizjuán fue un aviso de lo que no debe hacer el Barça contra la Roma

Algunos de los barcelonistas apenas contaban con dos entrenamientos tras jugar a miles de kilómetros con sus combinados nacionales. El caso más flagrante fue el de Rakitic, que hace apenas tres días estaba jugando contra México en Estados Unidos. El croata, además, estaba obligado a ser una pieza fundamental contra su exquipo, ya que era el futbolista con mejores prestaciones para desempeñar la función del lesionado Busquets. Pese a ello, el balcánico se vio superado por las rápidas transiciones sevillistas y los enormes espacios que debía cubrir.

Cierto es que el Sevilla se encontraba en una situación similar, a la puertas de recibir al Bayern, pero los de Montella no pueden permitirse ningún error en la Liga si no quieren verse apeados de los puestos europeos por el Girona o, aún peor, por el Betis, que podría empatar a puntos contra su rival ciudadano si vence en el campo del Getafe.

El 'Mudo' remata solo ante Ter Stegen. El ‘Mudo’ remata solo ante Ter Stegen. (EFE)

La batalla del Pizjuán fue un aviso de lo que no debe hacer el Barça contra la Roma. Una advertencia que recordó por momentos al partido que eliminó a los barcelonistas de la Champions el año pasado contra la Juventus, cuando en Turín cayeron por un contundente 3-0. En aquella ocasión, los pupilos de Luis Enrique no aprendieron la lección que sufrieron en el Parque de los Príncipes y pecaron de los mismos errores contra el campeón italiano.

Incluso, el gol del ‘Mudo’ Vázquez se asemeja mucho al primer tanto de Dybala en aquella eliminatoria. ‘La Joya’ recibió solo en el corazón del área, a pase de Cuadrado, del mismo que su compatriota en la capital andaluza. El delantero de la Juventus anotó minutos después su segundo tanto, también libre marca en el interior del área, como ayer hizo Muriel.

La relajación en la Champions es el peor de los pecados para un equipo grande como el Barça. En el Pizjuán había motivos para perdonar la falta de concentración e intensidad pero en Europa no habría excusa. Sería un fallo, incluso histórico, pensar que contra los de Di Francesco, que teóricamente partían como el rival más débil de cuartos, junto al Sevilla curiosamente, se puede ganar sin mostrar la mejor versión barcelonista. Probablemente la Roma no provoque el mismo escenario de partido que los hispalenses, ya que prefieren disfrutar de la posesión para llegar al gol, pero, con Dzeko en punta y Alisson cerrando la portería, tienen argumentos suficientes para hacer daño a los de Valverde.

El Barça ha demostrado durante todo el curso que lo ocurrido contra el Sevilla debería ser fruto de las circunstancias y no un síntoma a tener en cuenta. Sin embargo, un mal partido o simplemente unos malos minutos contra los romanos pueden suponer un mazazo que ni 37 partidos imbatidos podrían consolar.

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