El gobierno de la alcaldesa Ada Colau está evitando abrir una negociación con las aproximadamente 60 personas acampadas en la plaza Catalunya desde hace varias semanas. Tampoco muestra ninguna intención de desalojarlas. Trata de aparentar que no está ocurriendo nada excepcional. Pero buena parte de los sintecho están dispuestos a permanecer en el lugar hasta que el Ayuntamiento mejore sus sistemas de asistencia social. Muchos exigen, entre otras cosas, que el Consistorio construya un hotel para indigentes en el centro de la ciudad, que entretanto ponga en servicio todas las camas disponibles, que les deje ducharse en los gimnasios municipales… Que garantice que nadie se verá obligado a dormir en la calle.

“Ahora vamos a llevar nuestras exigencias al Ayuntamiento, a ingresarlas por el registro para que quede constancia –explicó Miqui, uno de los activistas que puso en marcha esta protesta–. Queremos que hablen con nosotros, que nos hagan caso de una vez por todas… Y si para lograrlo tenemos que hacer una manifestación pues la haremos”. Ayer, el particular 15-M de los sintecho, la que ya se conoce como la Acampada X drets, vivió una jornada muy intensa. Un día después de que La Vanguardia diera a conocer lo que está ocurriendo, llegaron a la plaza Catalunya un montón de curiosos, micrófonos y de cámaras de televisión. Muchos participantes en la acampada se sintieron abrumados. Algunos de ellos temen salir mal parados de este pulso con el Ayuntamiento.

La última en llegar

“No tenía dónde ir, tenía mucho miedo, y aquí me han dejado una tienda”, dice María

Y encima se desencadenó una tormenta política. La mayoría de fuerzas de la oposición criticaron el trato que el gobierno de Colau está dispensando a estos indigentes, y también la ineficacia de sus políticas sociales. Además, la Síndica de Greuges de Barcelona señaló que el Ayuntamiento tendría que escuchar a los participantes de la acampada, y añadió que debería prestarle “la atención que necesitan”. A pesar de todo, la teniente de alcalde de Servicios Sociales, Laia Ortiz, prefirió no hacer declaraciones al respecto. Ni ella ni el resto de los miembros del gobierno de Colau.

Fuentes municipales insistieron en que esta acampada es una protesta de carácter político, y que por tanto corresponde a la Generalitat y a los Mossos d’Esquadra decidir su hipotético desalojo. Sin embargo, desde el punto de vista municipal, al menos de este modo se da a entender, reconocer que esta acampada es en verdad una reivindicación no obliga al Ayuntamiento a atenderla. Las fuentes también insistieron ayer en que trabajadores de los servicios sociales municipales acuden todos los días a la plaza Catalunya, por la mañana y por la tarde, desde hace un par de semanas, para informar a los sintecho de los servicios que la ciudad pone a su disposición, de los servicios que Barcelona siempre ofrece a todas las personas sin hogar. Enviar una ambulancia cada dos o tres días, tal y como solicitan los acampados para que un médico revise sus heridas, mordiscos y picaduras, no está en estos momentos previsto.

La oposición exige al gobierno de Colau que escuche las reivindicaciones

Entretanto el campamento de los desheredados de la fortuna continúa creciendo. María P.G., una mujer de 65 años, es la última en instalarse. “Yo estaba en casa de mi cuñada, pero ya me miraba mal… y leí en el diario que la gente se estaba viniendo a la plaza Catalunya, y me vine porque no tengo donde ir, porque tengo muchos problemas con mis hijas, porque mi divorcio fue una ruina, porque siempre limpié casas pero…”. La mujer contó sus cuitas a los acampados en el lado Llobregat, donde las mujeres son mayoría. “Es que ya no tenía a dónde ir –dijo muy emocionada, con los ojos empañados en lágrimas–, nunca me había visto en la calle, y tengo mucho miedo…”. Un expresidario, que en verdad no tiene muy claro que todo esto vaya a terminar bien, le pone la mano en el hombro y la consuela. “Bueno, a lo mejor así la gente nos mira de otra manera –dice el joven–, no se piense que seamos tan malos…”. Fue este hombre quien buscó a María una tienda de campaña que días atrás quedó vacía, quien le dijo que estuviera tranquila.

“Esta acampada –dijo Jaume Ciurana, del PDECat–, es una severa protesta contra el gobierno de Colau, un grito de alerta de los más vulnerables. Colau los dejó tirados, y lo que necesitan es una respuesta inmediata, empatía y atención. Colau confunde la ciudad de todos con la de nadie. Y ello es fruto de su incapacidad para gestionar Barcelona. A Colau los más vulnerables le dan pereza porque le recuerdan su fracaso como gobernante. Su desatención a los acampados se añade a la permanente inacción en materia de seguridad y civismo, que permite la monopolización de los accesos y los andenes del metro y FGC de esta zona por parte de los manteros”. Según la republicana Montse Benedí, “los servicios sociales han de hacer un seguimiento de las condiciones de vida en la acampada. El plan de lucha contra el sinhogarismo en Barcelona tiene que dar respuesta a la expulsión de la gente de sus viviendas. La mejor manera de evitar acampadas como esta es que la gente no acabe viviendo en la calle”.

Alud de cámaras de televisión

“A lo mejor así la gente nos mira de otra manera, ve que no somos tan malos”

“Hemos ido a la acampada –dijo Carina Mejías, de Ciudadanos–, y nos dijeron que el Ayuntamiento no los está atendiendo. Esta protesta muestra el fracaso de las políticas sociales del gobierno de Colau. Elaboran unos presupuestos que consideran muy sociales, generan grandes titulares, pero luego son incapaces de poner en práctica esas medidas”. El socialista Jaume Collboni agregó que “el campamento de la plaza Catalunya está evidenciando el fracaso de las políticas sociales de escaparate de Colau. Su gobierno no está a la altura del trabajo que hacen tantas y tantas entidades del tercer sector. Un gobierno que se dice de izquierdas tendría que hablar menos y combatir con eficacia la desigualdad. Estamos regresando a la Barcelona preolímpica”. Finalmente el popular Alberto Fernández reclamó una vez más al gobierno municipal que desaloje la plaza. “Si no hay un aval jurídico, Colau puede estar incurriendo en una prevaricación de sus obligaciones legales como alcaldesa.Estas acampadas perjudican la imagen de Barcelona y además son insalubres y generan un efecto llamada”.

Miedo al poder

A medida que la Acampada x drets crece, a medida que se dispara la atención mediática sobre ella, crecen también los miedos de muchos de sus participantes. Algunos intentan montar comedores, tratan de organizar sistemas de limpieza a fin de que los desperdicios no se expandan. Saben que el Ayuntamiento prepara un dispositivo de limpieza. Los indigentes no quieren darles razones para que los desalojen. Pero estos días en la plaza Catalunya se están concentrado personas con muchos problemas. Algunos no se muestran tan dispuestos a colaborar. También hay ladrones. “Es muy difícil mantenerse unidos –lamentan algunos–. En realidad estamos en muy malas condiciones. No sé si meterle mucha caña al Ayuntamiento es lo que más nos conviene. Ellos son poderosos. Nosotros somos pobres”.

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