Estados Unidos multiplicó ayer sus iniciativas para contrarrestar las críticas de que, más allá que demostrar a Bashar el Asad que no tolerará que viole la línea roja del uso de armas químicas contra la población civil y del ataque con misiles lanzado el viernes con ayuda del Reino Unido y Francia, no hay una auténtica estrategia hacia Siria.

El Departamento del Tesoro anunciará hoy sanciones económicas contra “cualquier empresa rusa implicada en el uso de agentes químicos por parte de El Asad”, avanzó la embajadora de Estados Unidos ante la ONU, Nikki Haley. “Todo el mundo sabe que enviamos un fuerte mensaje y esperamos que lo escuchen”, añadió en una entrevista en televisión Haley, una de las voces más criticas de la Administración con el papel de Rusia en Siria.

El uso de la expresión “misión cumplida” por parte de Trump recordó al ridículo de Bush con Irak en el 2003

En paralelo, Washington trabaja en una ofensiva diplomática conjunta con Londres y París para que el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, que se reunirá hoy, apruebe una nueva resolución para “un alto el fuego duradero” que permita proceder a “evacuaciones médicas” y reclama a Damasco que vuelva “de buena fe” a la mesa de negociación para alcanzar una solución política al conflicto. El texto aboga por poner en marcha “un mecanismo independiente” para identificar a los perpetradores de ataques con armas químicas, una iniciativa que Moscú bloquea desde noviembre, después de que una investigación conjunta de la ONU y la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPCW, en sus siglas inglesas) concluyera que el régimen sirio empleó gas sarín contra su población en abril del 2017 y que también había usado gas clorado como arma a pesar de las promesas de no recurrir a ella.

Los países occidentales intentan así retomar la iniciativa política en la guerra siria, un conflicto que se prolonga ya siete años y ha causado medio millón de muertes. “Esperemos que Rusia entienda que tras la represalia militar” los países implicados “vamos a sumar fuerzas para promover un proceso político en Siria que permita una salida de la crisis”, dijo el ministro de Defensa francés, Jean-Yves Le Drian. Para Moscú, principal aliado de Damasco, el ataque del viernes a instalaciones de fabricación de armas químicas sirias es “una acción ilegal que perjudica seriamente las perspectivas de un acuerdo político”. Así lo advirtió el Kremlin en un comunicado después de que el presidente, Vladímir Putin, telefoneara a su homólogo iraní, Hasan Rohani.

Los refugiados sirios “no quieren venir a EE.UU.”,asegura su embajadora en la ONU; en el 2018 ha acogido 18

El uso de la expresión “misión cumplida” por parte de Donald Trump tras el ataque del viernes recordó al ridículo de su antecesor George W. Bush cuando en el 2003 cantó victoria en Irak. También puso el foco en la falta de una estrategia viable de su Administración respecto a Siria, el país donde convergen todas las tensiones de Oriente Próximo. Aunque desde el punto de vista táctico el ataque fuera un éxito, existe el riesgo de que El Asad, que conserva parte de su programa de armas químicas y puede desarrollar más, vuelva a usarlas, a la vista de que el supuesto “alto precio que pagar” tuvo un coste asumible. Trump y su electorado aislacionista no tienen ganas de seguir en Siria, pero su embajadora ante la ONU aseguró que EE.UU. no se irá hasta que su trabajo –derrotar al Estado Islámico– “esté terminado”.

Lo que no entra en los planes de Washington es suavizar su política hacia los refugiados sirios, a los que ha cerrado las puertas por distintas vías. Barack Obama recibió a 15.479 en el 2016. En el primer año de Trump, llegaron 3.024. En lo que va del 2018, lo han hecho sólo 18. “Ninguno con los que he hablado quiere venir a América”, asegura Haley.

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