La Iglesia Católica está siendo muy crítica con su campaña de guerra contra las drogas, que ha dejado miles de muertos en Filipinas

El presidente de Filipinas, Rodrigo Duterte, ha insultado a los obispos católicos de su país y ha asegurado, además, que la mayoría de ellos “son gays”, en un nuevo enfrentamiento con la jerarquía eclesiástica, crítica con su campaña de guerra contra las drogas, que ha dejado miles de muertos.

Duterte, que inició al tomar posesión a mediados de 2016 su campaña de guerra contra el tráfico y el consumo de drogas, continúa con un alto nivel de valoración electoral aunque ha aumentado las dudas sobre su iniciativa contra el tráfico de estupefacientes.

“Solo puedo decir que los obispos son unos hijos de puta, ¡malditos sean!”, ha asegurado el jefe de Estado de Filipinas, en un discurso en un acto en una escuela situada al norte de la capital del país, Filipinas.

Duterte no ha explicado por qué ha insultado a los obispos y posteriormente ha asegurado que la mayoría de ellos son homosexuales. “La mayoría de ellos son gays“, ha afirmado. “Deberían salir a la luz, cancelar el celibato y que se les permita tener novio“, ha afirmado.

Duterte aseguró al principio de su mandato presidencial que cuando era un niño sufrió abusos sexuales por parte de un cura. La iglesia católica romana ha sufrido casos de abusos sexuales en varios países aunque no se han registrado casos graves en Filipinas.

En anteriores discursos, el presidente de Filipinas dijo que Dios es “estúpido” y definió como “absurda” la doctrina de la Santa Trinidad. Un responsable de la Conferencia Episcopal Católica de Filipinas, Francis Lucas, ha tratado de restar importancia a las palabras de Duterte y ha hecho un llamamiento a la moderación.

“Tenemos que ser más sensibles a las sensibilidades y sentimientos de otros“, ha dicho Lucas, en declaraciones a Reuters. La campaña de guerra contra las drogas de Duterte sigue teniendo apoyo popular en Filipinas aunque muchos sectores de la iglesia son cada ve más críticos con las muertes causadas por las fuerzas de seguridad.

La campaña iniciada por Duterte ha acabado con la vida de unas 5.000 personas en el marco de operaciones antidroga contra traficantes y consumidores de estupefacientes. La Policía rechaza que las muertes provocadas por sus agentes sean ejecuciones y dice que todas las personas se han registrado en tiroteos en los que la Policía se ha defendido cuando iba a realizar arrestos.

Cerca de uno 80 por ciento de los más de 100 millones de personas que viven en Filipinas profesan la religión católica.


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