Por primera vez en la historia, un grupo de investigadores ha conseguido secuenciar una parte clave del sistema inmunológico humano -miles de millones de veces más grande que el genoma humano-, según un estudio publicado este miércoles en la revista británica ‘Nature’.

Científicos del proyecto Vacunas Humanas han logrado descodificar en este “vasto y misterioso sistema” los genes que codifican el repertorio de receptores de células B circulantes.

Tanto en adultos como en niños, los autores encontraron “sorprendentes” solapamientos que podrían proveer potenciales nuevos objetivos de anticuerpos para vacunas y terapias que funcionen en la población.

Una investigación que, según la publicación, ayuda a definir los fundamentos genéticos de la capacidad de las personas para responder y adaptarse a una inmensa variedad de enfermedades.

Los científicos, procedentes del Centro Médico de la Universidad de Vanderbilt (Tennessee, EE.UU) y del Centro de Supercomputación de San Diego (California, EEUU), emplearon investigación biológica fusionada con la supercomputación de fronteras de gran potencia.

“Un continúo reto para el desarrollo del sistema inmunológico humano y las vacunas ha sido que no tenemos referencias generales de cómo se ve este sistema en condiciones sanas normales”, explicó el profesor James E. Crowe, uno de los implicados en el proyecto.

“Antes de nuestra era, la gente tenía asumido que sería imposible hacer un proyecto así, porque el sistema inmune es teóricamente demasiado grande”, comentó.

Este estudio enseña que “es posible definir una gran porción, porque el tamaño del repertorio de receptores de células B de cada persona es inesperadamente pequeño“, sostuvo.

Los receptores estudiados son responsables de la producción de anticuerpos que se consideran el principal determinante de la inmunidad en las personas.

Así, seleccionan y unen al azar segmentos de genes, formando secuencias únicas de nucleótidos conocidas como “clonotipos”.

Una pequeña cantidad de genes puede conducir a una increíble diversidad de receptores, señaló el estudio, lo que permite que el sistema inmunitario reconozca casi cualquier patógeno nuevo.

Al llevar a cabo la leucoféresis (método especial para separar los glóbulos blancos sanguíneos) en tres adultos individuales, los investigadores clonaron hasta 40.000 millones de células para secuenciar las combinaciones de segmentos de genes que comprenden los receptores de células B circulantes, logrando una secuencia de profundidad nunca antes hecha.

También secuenciaron la sangre del cordón umbilical de tres bebés, con la idea de recopilar una gran cantidad de datos sobre los individuos.

“El solapamiento de secuencias de anticuerpos fue inesperadamente alto -señaló Crowe-, incluso se apreciaron idénticas secuencias de anticuerpos en adultos y bebés en el momento de su nacimiento”.

Comprender este punto en común, prosiguió, es clave para identificar anticuerpos que puedan ser objetivos de vacunas y tratamientos que funcionen de manera más universal en todas las poblaciones.


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