El Gobierno de Marino Rajoy acaba de anunciar que ampliará el límite por el que los jubilados están obligados a hacer la declaración. Tal vez eso le puede parecer a más de uno que tiene una tarea menos, pero no es así.

Lo primero que hay que tener en cuenta es, en todo caso, esa modificación no afectaría a la declaración de la renta que hay que presentar entre abril y junio de 2018 porque ésta se refiere a la actividad de 2017.

Cuidado con los gastos deducibles

En segundo lugar hay que recordar que no estar obligado ha hacer la declaración no es sinónimo de no tener que hacerla. Entre otras cosas, porque esa dejación puede significar perder dinero.

En algunos casos las retenciones que aplica el pagador no están correctamente ajustadas a los ingresos. En la mayoría, los contribuyentes tienen gastos deducibles, pérdidas patrimoniales u otras circunstancias que pueden influir en el resultado final de la declaración y está les puede salir a devolver. Si no la hicieran, perderían ese dinero que se lo queda Hacienda sin más contemplación.

Edificios de Bellvitge. Foto David Airob Edificios de Bellvitge. Foto David Airob (David Airob)

Un ejemplo de esto podría ser el de una persona jubilada con ingresos inferiores a 12.000 euros. Siguiendo al pie de la letra la ley no debería presentar declaración. Pero esa persona puede haber hecho alguna donación a una ONG, que deduce. Además, en caso de que hubiera adquirido un vivienda habitual antes de 2013, tendría derecho a la deducción por vivienda que perdería si no hace la declaración.

La casuística es variada, por ello por muy tedioso que resulte el trámite lo más recomendable es pedir el borrador y revisarlo. Hacerlo no implica obligación alguna de presentar la declaración. Habrá que cotejarlo como cualquier otro contribuyente y ver si el resultado es favorable o no. En el primer caso, presentarla. En el segundo, olvidarse.

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