Cuando Mariano Rajoy se despertó los independentistas seguían en Catalunya. Las previsiones más devastadoras se cumplieron para el Partido Popular en las elecciones catalanas. El candidato del PP a la Generalitat, Xavier García Albiol, ha obtenido los peores resultados en unos comicios regionales con solo tres escaños, el 4,2% de los sufragios, frente a los 11 diputados autonómicos y 349.193 votos que consiguieron en la cita electoral de 2015. La estrategia para intervenir  la autonomía de Catalunya con el artículo 155 de la Constitución ha supuesto que el PP pierda la mitad de los votos que consiguió en las pasadas elecciones.  

La pesadilla para la formación conservadora no solo tiene como reflejo la renovada victoria del bloque secesionista. El “voto útil” se ha traducido en una pesadilla para los populares: Ciudadanos ha sido la fuerza más votada y se ha convertido en una alternativa creíble al PP, lo que tendrá repercusión en el resto de España. 

García Albiol no tuvo reparos en admitir que “h a sido muy malos resultados para el Partido Popular.  No nos podemos sentir orgullosos.   Hoy es un día mal para el PP, pero también por el futuro de Catalunya.   Vemos con preocupación el futuro social y político de Catalunya con una mayoría independentista en el Parlament”.

Albiol trató de compartir el fracaso con Ciudadanos, los vencedores de las elecciones.”Han fracasado los que estaban apelando al voto útil porque no hemos podido hacer una mayoría alternativa al independentismo. Algunos lo celebrarán durante cinco minutos pero Catalunya saldrá perdiendo”, ha esgrimido. Para rematar ha asegurado que “ellos y nosotros estaremos en la oposición durante algunos meses” como si el Gobierno fuera a reeditar el 155 en caso de que los independentistas intenten retomar el camino de una declaración unilateral de independencia.  

Las amenazas que lanzó este miércoles Mariano Rajoy cobran con los resultados más sentido. El presidente del Gobierno parecía pronosticar el desastre para su formación y la repetición de la mayoría absoluta del bloque independentista cuando apuntó que  “la ley se cumple. Todos estamos bajo el imperio de la ley. Los gobernantes del futuro también lo saben”

Las previsión de que una alta participación beneficiaría a los populares se ha ido por el desagüe ante la lluvia de votos que ha conseguido la formación de Albert Rivera. El PP ha quedado en último lugar entre las formaciones que han conseguido representación parlamentaria. Con solo tres diputados los populares no podrán formar grupo en el Parlament, ya que el mínimo son cinco escaños, con lo que se da la paradoja que tendrán que compartir el grupo mixto con la CUP.  

El desastre para los populares ha sido en todas las provincias. Han perdido el parlamentario que tenían en Girona, Tarragona y  Lleida y sufren un descalabro total en Barcelona donde pasan de ocho escaños a tres. Hay que remontarse a las elecciones de 1988, cuando todavía utilizaba la marca Alianza Popular y el candidato era el exministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, para dar con un resultado tan malo: Seis escaños. En las siguientes elecciones, con Aleix Vidal Quadras, los populares solo obtuvieron siete diputados.    

Una campaña en la que se dibujaba un escenario de polos enfrentados parecía la situación que más beneficiaba a la estrategia electoral de los populares que colocaron su eje principal en la reivindicación de la puesta en marcha del artículo 155 por parte del Gobierno de Mariano Rajoy para frenar a los independentistas. Sin embargo, la irrupción de Ciudadanos acaparando el “voto útil” del sector españolista ha significado la debacle en una comunidad en la que los populares ya habían mostrado síntomas de extenuación.    

A pesar de que los dirigentes populares se empeñaron en repetir que “a lo largo de la campaña los ciudadanos catalanes se darán cuenta del esfuerzo del Gobierno de Mariano Rajoy para acabar con el independentismo. Si no fuera por el PP no se habría aprobado el artículo 155 de la Constitución en el Senado”, lo cierto es que el “voto útil” españolista solo ha funcionado para Ciudadanos, un partido que ha nacido en Catalunya, despojado de las mochilas de la corrupción que azota al PP. 

Las promesas de ” devolución de la estabilidad y la legalidad a Catalunya” o la amenaza velada del frenazo de la recuperación económica y la huida de empresas no han tenido efecto. Tampoco ha tenido éxito el intento de los populares de  agitar el miedo a los independentistas y a Podemos con el objetivo de ganar los últimos escaños de cada provincia. Una táctica que en las generales de 2016 les sirvió para ganar los últimos diputados de una decena de provincias pero que en esta ocasión se ha demostrado una estrategia perdedora: Los dirigentes del PP admitieron indirectamente la posibilidad de perder cinco escaños, pero la caída ha sido más dura. 

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