Carol Pulei es la diseñadora de moda en Kenia. Nunca soñó que lo sería, ella que cosía por placer y se ganaba la vida como chica para todo en los hoteles de Nairobi: era recepcionista o lo que hiciese falta. Pero al volver a casa, nunca dejaba de coser. Hoy, cuatro años después, ya tiene tres tiendas y una reputación que atrae a diplomáticos, políticos y jefes de Estado. Es el sueño americano rodado en Kenia.

“La moda era mi hobby, mi pasión. Pero mi hobby se ha convertido en mi profesión”, explica la mujer más sonriente a este lado, el lado bueno, de la ciudad. Es demasiado temprano para que los clientes se acerquen al Naneuleshan Apparel, pero Carol y su equipo no tienen tiempo que perder. Revisan el producto, charlan con proveedores… Desde que el presidente Kenyatta lució uno de sus diseños en la ceremonia de nombramiento como candidato a la reelección, los encargos no han hecho más que multiplicarse. “Entre la ropa casual, lo que más se vende son las camisetas con motivos étnicos y, por supuesto, la del presidente”. La camisa, una tela blanca rematada en manga y cuello por un estampado rojo inspirado en arabescos turcos, está por todas partes: en los probadores, en las paredes del local, en las redes sociales….

El impacto de la camisa en la campaña electoral, que terminaría con la polémica investidura de Kenyatta, fue inmediato. Expertos en imagen y periodistas coincidían en resaltar que con ella, Uhuru parecía más joven y accesible. Hasta uno de los hombres fuertes de la candidatura presidencial, Dennis Itumbi, destacó el trabajo de Carol: “Felicitaciones Carol Pulei. Ella es la diseñadora a la que se le ocurrió la hermosa camisa que usó hoy el presidente Kenyatta”. Aunque es imposible medir la influencia de la prenda en la campaña electoral, lo que sí es cierto es que la estética casual del presidente se popularizó entre sus seguidores. De pronto, la mitad del país quería una camisa como aquella.

Carol Pulei, la diseñadora que hizo la famosa camisa que llevó el presidente Kenyatta

“La diseñé intuyendo sus medidas por su imagen en televisión”, explica Carol sosteniendo una réplica en sus manos. Puro ensayo-error. De hecho, el primero de los diseños que probó está segura de que le quedaba pequeño.

Más difícil que crear la camiseta, fue hacérsela llegar al presidente. En un país como Kenia, tan polarizado por las alianzas tribales, una mujer como ella, nacida en una pequeña aldea del condado de Meru, en el centro del país, no tiene demasiadas oportunidades para codearse con la élite política. Pero a Carol se le abrió una con su negocio de ropa. Su pequeña tienda en el barrio de Kilimani, uno de los más distinguidos de la capital, pronto se convirtió en un referente para la alta sociedad nairobiana: embajadores, empresarios y diputados eran clientes habituales. Uno de ellos, el gobernador de Nairobi, Mike Sonko, se ofreció a llevarle la camisa al presidente. El resto ya es historia…

Los seguidores del presidente Kenyatta han adoptado los diseños de Carol como parte de su imagen / Pablo L. Orosa

Los seguidores del presidente Kenyatta han adoptado los diseños de Carol como parte de su imagen / Pablo L. Orosa

De la recepción del hotel a diseñadora de moda

Carol Pulei empezó desde abajo. Desde muy abajo. Antes de confeccionar chaquetas para el embajador keniata en Namibia, para el CEO de una multinacional, para el personal de Naciones Unidas o para diplomáticos sudaneses ayudó a sus padres en el campo, vendió cosméticos puerta por puerta – “ahí aprendí que podía relacionarme con cualquiera”- y ejerció de lo que hiciese falta en los hoteles de Nairobi: recepcionista, administrativa…pero nunca dejó de coser y diseñar: “compaginaba mi trabajo con mi pasión por la moda”.

A través de la ropa la modista muerta lo que África lleva dentro: “tradiciones, colores, cultura… su esencia”

No fue hasta 2013 cuando su marido la animó a dar el paso. ¿Por qué no intentarlo? La respuesta fue un éxito. Naneuleshan Apparel era un sueño hecho realidad. Una manera de mostrar al mundo lo que África lleva dentro: “Sus tradiciones, sus colores, su cultura”…. “Su esencia”. Hoy, cuatro años después, el negocio funciona y Carol planea ya nuevas colecciones y su expansión, “especialmente a Ruanda”: “Es un país maravilloso, que después de lo que ocurrió ahora vuelve a crecer. Y yo quiero crecer con él. Es una gran oportunidad”.

Pero más allá de las ventas, de lo que Carol Pulei está realmente orgullosa es de su taller. Allí donde trabaja con jóvenes diseñadores: donde debaten sobre telas, sobre diseños, sobre cómo encontrar a África, a la África modesta que no sale en los vídeos de safaris, su espacio en la moda internacional. Es en su taller donde Carol Pulei encuentra a diario la razón para seguir soñando.

La joven diseñadora, Marianne Isaboke, buscando telas para sus creaciones en uno de los mercados del centro de Nairobi / Pablo L. Orosa

La joven diseñadora, Marianne Isaboke, buscando telas para sus creaciones en uno de los mercados del centro de Nairobi / Pablo L. Orosa

Las chicas que quieren ser Carol Pulei

“¿La que diseño la camisa de Kenyatta? Sí, claro que la conozco, ¡cómo no la voy a conocer!”. Marianne, 23 años y una hija a su cargo, apura un plato de pilau -una comida tradicional de esta región a base de arroz, hortaliza y carne- sin despegarse del teléfono móvil: tiene varios encargos pendientes. “Yo veía en televisión prendas que me gustaría tener y que no me podía permitir, así que empecé a hacerlas por mí misma. Así fue como empecé. Ahora veo lo que la gente lleva en televisión, en Instagram o en la calle y lo copio. Yo me encargo del diseño y luego lo llevo a los sastres para que lo confeccionen”.

En su pequeño negocio, House Of Tulle, lo más demandado son los vestidos. Pero también es lo que más engorroso de diseñar. “Especialmente los de noche y los de boda”. Las tres horas que le dedica habitualmente a estas prendas: “Todo es único y hecho a mano”, se pueden multiplicar. Y el precio rara vez pasa de los 4.000 chelines (33 euros). Así es complicado llegar a final de mes. De hecho, por las mañanas Marianne tiene otros trabajos. De administrativa o de lo salga.

“Mi sueño es tener una tienda propia porque ahora muchas veces los clientes no quieren esperar a que confeccione la prenda y no realizan el encargo. Si tuviese una tienda podría llevarse ya algo de lo que estuviese listo de antemano”, reflexiona. Por el momento su sueño está todavía un poco lejos. Aunque quizá no tanto. Una revista de moda local acaba de llamar. Quieren mostrar uno de sus vestidos…

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