En la década de 1980, la tendencia empresarial a nivel mundial era la de privatizar las empresas del Estado. Esto significaba que un grupo de hombres y mujeres influyentes en el poder político accedían a eliminar la injerencia total del gobierno en turno como benefactor de un sector económico preponderante para la economía de cualquier nación.

En ese tenor, muchas de las empresas paraestatales de México vieron mermado su crecimiento interno para apostarle a la intervención de economías extranjeras para su libre competencia. Sin embargo, en aquel país latinoamericano surgió un fenómeno en particular: las empresas del Estado no solamente fueron desmanteladas sino también saqueadas.

Tal es el caso de la paraestatal Petróleos Méxicanos (Pemex), una de las corporaciones más productivas de la República Mexicana que llegó a aportar en su momento hasta el 47% del Producto Interno Bruto (PIB) del país, esto gracias a sus áreas de oportunidad, tales como la producción, transportación, refinación y comercialización de petróleo y gas natural.

En el caso de Pemex, esta empresa no solo representaba una corporación más del Estado, sino que pertenecía a la historia de un país, es decir, fue el gran legado de la Revolución Mexicana, gracias a la expropiación y nacionalización de la industria petrolera realizada por el general Lázaro Cárdenas del Río, en marzo de 1938.

El saqueo de Pemex

La periodista y escritora mexicana Ana Lilia Pérez asegura que “a pesar de que la tendencia mundial indicaba que, en la década de 1980, se debían privatizar las empresas del Estado, muchos políticos mexicanos se rehusaron a que Pemex se sumara a esta lista de corporaciones con capital extranjero, ya que era considerada ‘la joya de la corona’ de las empresas mexicanas”.

En entrevista con RT, la autora del libro ‘Pemex RIP. Vida y asesinato de la principal empresa mexicana‘ (Grijalbo, 2017), relató cómo a través de un programa interno de la paraestatal llamado “Reestructura en Ingeniería y de Sistemas, se logró gradualmente el desmantelamiento de Pemex”.

Y agregó: “Fue gracias a través de empresas filiales o subsidiarias que este proyecto comenzó a aplicar ciertas medidas de desincorporación del Estado disfrazadas de prácticas productivas para la empresa. En realidad, lo que Pemex estaba haciendo era poner a competir todas sus áreas de oportunidad”.

RT: ¿A quién le interesaba que Pemex no funcionara como la única empresa encargada de la industria petrolera en México?

A.L.: No podríamos hablar de una sola persona. Por ejemplo, ¿a quién le interesaba que Pemex fuera una empresa que permitiera la inversión de capital extranjero en el país? Mucha de esa presión viene de EE.UU. y sus empresas, quienes se han caracterizado por hacer negocios con el Estado americano y garantizar la seguridad energética de la nación, muy por encima de cualquier otro país. Ahora, también vemos consorcios chinos, europeos e, incluso, árabes que están invirtiendo en México.

RT: En su obra también menciona con nombre y apellido a los responsables del saqueo de Pemex, ¿a quiénes podría destacar?

A.L.: Recientemente, supimos de los sobornos en los que estuvo implicado el exdirector de Pemex, Emilio Lozoya Austin, con la empresa brasileña Odebrecht. Pero no solo es él, hay muchos directivos de esta empresa que se han beneficiado del modelo actual de negocios de la petrolera, es decir, algunos representan empresas de este rubro en el extranjero o han conseguidos puestos dentro del poder político en México. El caso más emblemático es el de Carlos Romero Deschamps, quien funge como líder del sindicato de trabajadores de Pemex y también como legislador.

RT: Se habla de que mucho del presupuesto de Pemex ha sido utilizado para el financiamiento de campañas electorales, ¿esto es cierto?

A.L.: Por supuesto, uno de los escándalos del México contemporáneo es el llamado ‘Pemexgate’. ¿En qué consistió esta controversia? En la transferencia de 650 millones de pesos (más de 33 millones de dólares) de las arcas de la paraestatal para financiar —en el año 2000— la campaña electoral del entonces candidato del Partido Revolucionario Institucional (PRI), Francisco Labastida Ochoa. Esto ocurrió tras el triunfo avasallador —que después sería anunciado— del excandidato del Partido Acción Nacional (PAN), Vicente Fox Quesada.

RT: ¿Cuáles serían los escenarios para Pemex, en caso de que gane Andrés Manuel López Obrador o José Antonio Meade, las elecciones presidenciales de 2018?

A.L.: Con el aspirante del PRI, José Antonio Meade, se daría continuidad a los cotos de poder al interior de Pemex a través de las reformas estructurales planteadas por el actual presidente de México, Enrique Peña Nieto. En el caso del aspirante del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), Andrés Manuel López Obrador, desconozco qué pasaría. Esto a pesar de que los nombramientos que ha hecho López Obrador en su gabinete rumbo a la presidencia, se trata de gente preparada y conocedora de la problemática en la industria petrolera mexicana.

El logotipo de Pemex en la sede del gigante petrolero estatal en la Ciudad de México.

RT: En caso de que el PRI pierda dichos comicios electorales, ¿caerá Romero Deschamps, el líder sindical de Pemex que ha sido reelegido por cuarta ocasión en el país?

A.L.: No conozco a ninguno mexicano que piense que Carlos Romero Deschamps no debe estar sujeto a alguna investigación judicial, es decir, creo que si el PRI no gana las elecciones de 2018, habría una posibilidad de que se investigue a personajes como él. Por lo pronto, Deschamps vuelve a reelegirse como líder del sindicato petrolero garantizado hasta el 2024, año en que culmina el mandato de cualesquiera que sea el presidente de México el próximo año.

RT: ¿Pemex aún puede recuperar el potencial de extracción, venta y comercialización de hidrocarburos que tenía desde su fundación?

A.L.: El sector petrolero es un rubro clave para el próximo gobierno, independientemente del partido o candidato que gane las siguientes elecciones. Este sector debe ser un objetivo principal para que se defina la economía de los próximos años. Cabe mencionar que, en otros países, la industria petrolera se encuentra en el 70% del territorio terrestre y 30% en el territorio marítimo. En el caso de México es a la inversa, tenemos que aprovechar esas vías de acceso, y comenzar a explotarlas para, no ser solo una industria más, sino una potencia en este ramo.

José Luis Montenegro

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