Cuando somos pequeños tenemos muchos amigos. Nuestra vida está repleta de entornos sociales en los que interactuamos con otros niños, en el colegio, en el parque… A medida que crecemos estos espacios se reducen y nuestra capacidad socializadora a menudo se ve afectada también. Hacemos amigos con menos facilidad, parece que somos más exigentes y tenemos menos tiempo porque dedicamos muchas horas a trabajar.

Un reciente estudio demuestra que la falta de tiempo es solo una excusa y que necesitamos menos horas de las que pensamos para hacer amigos. En concreto, se necesitan unas 40 horas para pasar de simple conocido a amigo casual, y más de 200 para que podamos considerarlo amigo cercano. Es decir, tardamos poco más de 8 días completos en forjar una relación de amistad sólida.

El profesor Jeffrey Hall, autor de este estudio publicado en el Journal of Social and Personal Relationships, ideó un test para encontrar la respuesta a cuantas horas tardamos en hacer amigos. En él, se preguntaba a personas que hacía seis meses que se habían mudado a otra ciudad y que estaban buscando nuevas amistades.

A través de preguntas como el tipo de actividad realizada, el tiempo invertido o la cercanía de la amistad, estableció una escala de diferentes grados de amistad, así como el tiempo que tardaban los sujetos en pasar de un nivel a otro.

Hall asegura que no se contemplan las horas que hayan pasado trabajando juntos, que el tiempo debe ser invertido en actividades de ocio. Así, el estudio estableció que para ser un amigo casual hacen falta entre 40 y 60 horas, y entre 80 y 100 para considerarse simplemente amigo. Esos sí, una relación de amistad cercana requiere una dedicación de más de 200 horas.

Los beneficios para la salud de tener una buena red de amistades han sido probados más de una vez. Como reconoce el profesor Hall, “no se puede chasquear los dedos y tener un amigo”. Se trata de un proceso que requiere tiempo y esfuerzo, pero que nos ayudará a tener vidas más satisfactorias: “Mantener relaciones estrechas es el trabajo más importante que hacemos en nuestras vidas, la mayoría de las personas en sus lechos de muerte están de acuerdo”, concluye el autor.

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