Hay que tener en cuenta que cada familia tiene unas circunstancias y necesidades concretas, por lo que nosotros como padres debemos hacer lo que mejor convenga a nuestros hijos en cada momento. Para lograr una crianza positiva, lo primero y más importante es que nosotros nos encontremos bien con nosotros mismos.

Crianza positiva: qué es

Se conoce como crianza positiva a un modo de educar a niños felices, desde el respeto mutuo y el amor. Desde la primera infancia tenemos que fomentar el desarrollo de habilidades y capacidades en nuestros hijos: empatía, responsabilidad, comunicación, autonomía, etc. De esta forma, los niños se sienten queridos y valiosos. La clave de la crianza positiva radica en el desarrollo constructivo, a través de la buena comunicación y el amor.

Hay una serie de aspectos que como padres debemos tener muy claros para lograr una crianza positiva con nuestros hijos. En primer lugar, debemos mostrar interés por conocer a los niños: cuáles son sus intereses, qué piensan y sienten, etc. Para ello, debemos comunicarnos con ellos poniéndonos a su altura para que ganen confianza y no se sientan inferiores a nosotros.

En segundo lugar, el respeto mutuo es esencial. Si nosotros respetamos a nuestros hijos, ellos nos respetarán a nosotros. Y en tercer lugar, la autonomía es muy importante. Los pequeños deben aprenden a ser capaces de hacer las cosas por sí mismos, aumentando así su autoestima.

Otros tipos de crianza

Por supuesto, la crianza positiva no es el único método que existe para criar y educar a nuestros hijos.

También existe lo que se conoce como crianza natural, que consiste en estar atentos hacia lo que necesitan los niños, pero sin afecto. En Occidente por lo general dejamos de hacerlo cuando recurrimos a libros, expertos, opiniones de familiares y amigos, etc.

En cuanto a la crianza respetuosa, busca el punto de equilibrio exacto entre las necesidades del bebé y las de la madre. Es decir, se basa en el principio de que la maternidad es algo muy positivo, pero en ocasiones la mujer no es capaz de disfrutar de la crianza del bebé porque está agotada a nivel físico como mental. Así, es normal que le transmita emociones y sentimientos negativos al bebé. Este tipo de crianza defiende que se deben tener en cuenta ambas necesidades, defendiendo que la madre debe darse al bebé, no sacrificarse por él.


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