Este artículo pertenece a la serie de ficción Especies Urbanas, cuyo autor es John William Wilkinson y que se publica los domingos en la página web de La Vanguardia.

El Museo de Colecciones del Museo de Historia de Barcelona se halla en la Zona Franca. Es aquí, en un almacén, donde vienen a parar las estatuas y otros objetos de arte que han sido condenados por el Gobierno municipal a penar hasta que otro, partidario de otra simbología, los eximan de sus pecados, los restauren y, en definitiva, los restituyan –o no- al lugar público que ocupaban antes de ser trasladados a este almacén que no está abierto al público pero en el que, para matar el tiempo, conversan y discuten entre sí los internos.

Uno de los últimos en ingresar es la estatua de Antonio López, marqués de Comillas, quien, al parecer, hizo su fortuna, allá por el XIX, como negrero. Ahora bien, aquí, como en cualquier cárcel, todos se declaran inocentes. Pero al enterase de esta medida tomada por del Ayuntamiento de Barcelona, el Parlamento de Cantabria, de donde era oriundo este empresario y mecenas, no sólo ha defendido su inocencia sino que ha pedido se recoloque en el pedestal la estatua; y que, en caso contrario, solicitará formalmente que sea trasladada al municipio de Comillas. Mas resulta que no va a ser ni lo uno no lo otro.

Algunos de los monumentos incluso experimentan un aumento de volumen, mientras que otros se achican

En este almacén pasan cosas muy raras; de ello no ha tardado en percatarse el recién llegado Antonio López. Además de hablar entre sí, al estar encerrados en este espacio lejos del escrutinio público, algunos de los monumentos incluso experimentan un aumento de volumen, mientras que otros se achican.

Uno de los condenados que más le ha llamado la atención al denostado prócer cántabro dieciochesco es el de una estatua ecuestre decapitada y grotescamente mutilada, más que nada porque la cabeza de este rechoncho militar gallego no para de dar la tabarra… ¡que si ha sido ultrajado!, ¡que si lo había dejado todo bien atado!… y un sinfín de lindezas por el estilo.

También le intriga a Antonio López lo que le cuenta el busto de un rey, que se dice de España. Con éste ha charlado en más de una ocasión. Le ha contado que tras mandar con puño de hierro durante cuarenta años ese gallego tan pesado, lo nombró a él heredero y que, aunque sigue siendo Rey, también lo es su hijo, y si no le cree, allí está su foto oficial, justo allí al otro extremo del almacén.

También le intriga a Antonio López lo que le cuenta el busto de un rey, que se dice de España

López tendrá sus defectos, pero la ingenuidad no es uno de ellos. Por eso mismo, se inclina a creer que este busto parlante, que aunque le cae bien y es bastante simpático, pues que le está tomando el pelo. Sobre todo la historia que le ha contado de cómo una de las primeras cosas que hizo él tras la muerte del gallego ese fue restituir la Generalitat de Catalunya y que se puso al frente un republicano de tomo y lomo ¡y que éste murió tan marqués como él, Antonio López y López!

Últimamente corre una especie que dice que se espera en los próximos meses o años que este espacio quede totalmente desbordado, a causa del afán de las autoridades de reescribir la historia a su antojo. Y según les ha contado otro recién llegado, no paran de cambiar los nombres de las calles y plazas, ya que Barcelona y Catalunya se hallan inmersas en una guerra de símbolos, que unos y otros pretenden sirva para cubrir la más absoluta falta de ideas o iniciativas políticas democráticas.

A veces logra Antonio López leer los titulares del periódico que uno de los empleados del almacén deja sobre la mesita que hay justo debajo de él. De este modo ha podido constatar la veracidad de lo que cuentan está ocurriendo fuera. Pero el titular que más le ha llenado de inquietud es éste: ‘Más de 348.600 menores catalanes viven en una situación de pobreza’. Se pregunta Antonio López y López, marqués de Comillas, si no tendrá también un significado simbólico esta noticia.

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