La OTAN ha vuelto a los viejos usos de la guerra fría: defensa y disuasión. La presión que desde Rusia perciben los países de la alianza en el este de Europa obliga a esfuerzos propios de los años setenta, con ejercicios que comportan desplazamientos de tropas y vehículos. Todo muy a la antigua usanza. Pero ese no es el único frente que debe cubrir la organización atlántica. Una amenaza descentralizada, igual de peligrosa y sin líneas fronterizas acecha el flanco sur mediterráneo.

La paulatina derrota del Estado Islámico en teatros de operaciones de Irak y Siria hace pensar a los analistas que el norte de África, especialmente Libia, será el destino de los yihadistas expulsados del próximo y medio Oriente.

Países como Italia, Francia y España han llamado la atención de sus aliados sobre estas previsiones. Una de las primeras reacciones de la OTAN ha sido el refuerzo de su estructura de inteligencia y análisis en el Mediterrá­­neo. A partir del próximo mes de septiembre entrará en funcionamiento un centro regional, que los técnicos de la alianza llaman hub.

Los aliados sureños piden que no todos los esfuerzos se centren en la amenaza rusa

La creación de este centro fue acordada durante la última cumbre de ministros de Defensa del pasado febrero. El centro servirá, dicen en Bruselas, para mejorar la capacidad de anticipar las crisis y responder a ellas. Este hub tendrá su base en las instalaciones del mando conjunto de la OTAN en Nápoles y contará con una plantilla inicial de 100 especialistas.

“Necesitamos un mejor conocimiento de qué significa y cómo está realmente la situación en el flanco sur porque creemos que habrá que responder en el futuro en varias direcciones”, explica un oficial de alto rango destinado en cuartel general de Bruselas que como todos en las viejas instalaciones de la alianza tiene en mente los preparativos para el traslado a la nueva y moderna sede situada enfrente de la actual, al otro lado de la avenida Leopol­­do III y que se estrenará con motivo de la cumbre de la OTAN del próximo 25 de mayo.

El secretario genral de la OTAN, Jens Stoltenberg, durante una comparecencia de prensa en Bruselas el pasado año El secretario genral de la OTAN, Jens Stoltenberg, durante una comparecencia de prensa en Bruselas el pasado año (John Thys / AFP)

Los países del sur de la OTAN están alineados a la hora de pedir “que se incrementen los esfuerzos en desarrollar programas” en esa zona de influencia, según apuntan fuentes diplomáticas de la alianza. Quieren que se estudie, y el nuevo centro regional de análisis de Nápoles puede servir para ello, si es posible disuadir a los países del norte de África que puedan representar una amenaza a corto plazo.

“La fuerza de respuesta de muy alta disponibilidad (VJFT en sus siglas en inglés) es perfectamente desplegable en la zona sur”, remarcan estas fuentes. El último gran ejercicio de esta fuerza conjunta se produjo, bajo el mando de un general español, el mes de mayo del 2016 cuando 2.100 militares y 500 vehículos de diferentes países aliados se desplazaron a Polonia.

Sobre Libia

El apoyo a ese país debe ser por el momento muy limitado. Debemos poder proteger a nuestro personal”

La alianza, en todo caso, no concibe exclusivamente su lucha contra el terrorismo yihadista poniendo botas sobre el terreno en zonas de conflicto. Más bien aboga por el principio de “proyección de estabilidad”, que consiste en aumentar las capacidades de seguridad de países externos pero cercanos al territorio OTAN. Es algo que ya está haciendo con diferente intensidad y objetivos en países como Túnez, Egipto, Ucrania, Georgia, Moldavia, Jordania y que se pretende hacer también en Libia en cuanto sea posible. “El apoyo a ese país debe ser por el momento muy limitado. Debemos poder proteger a nuestro personal”, expone un alto funcionario de la alianza.

Estados Unidos aspira a que la OTAN se implique más en la lucha contra el terrorismo internacional. La incorporación de la organización atlántica a la coalición internacional contra el Estado Islámico (EI) de la que ahora no forma parte sería bien vista por los norteamericanos.

MIsiones de adiestramiento

Varios países de la OTAN, entre los que se encuentra España, forman parte de la coalición contra la organización yihadista pero a título particular. Su aportación se centra en el adiestramiento de unidades de infantería y blindados del nuevo ejército iraquí y de sus unidades de operaciones especiales.

Fuentes de la OTAN esgrimen el papel que desempeñan los Awacs de la alianza –sistemas de radar instalados en aeronaves– “que nutren de datos a las aviones que actúan en la zona” para demostrar que no se ha desentendido por completo de estos esfuerzos internacionales contra el EI.

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