Este artículo pertenece a la serie de ficción Especies Urbanas, cuyo autor es John William Wilkinson y que se publica los domingos en la página web de La Vanguardia.

Hallándose Rita Badiella i Sanfeliu un día cualquiera del mes de julio de 2015 en el supermercado donde acostumbraba hacer la compra, en vez de meter en el carrito el agua mineral que ha consumido fielmente desde que tiene uso de la razón, dejó que su mano agarrara una botella de una marca que no le sonaba de nada. No sabía bien bien por qué lo hizo, pero lo cierto es que esta pequeña transgresión espontanea le dio un agradable subidón. Y ¡oh sorpresa!: el agua de marca desconocida le pareció muy superior a la de toda la vida, que no ha vuelto a comprar.

Envalentada por esta inesperada revelación, cada vez que acudía al súper escogía Rita productos para ella ignotos. Su hasta la fecha rutinario y obligatorio paso semanal por el supermercado no tardó en convertirse en un paseo de –aunque no siempre acertaba- constantes y estimulantes descubrimientos. ¡Ay, tantos años de apego a tal o cual pasta dentífrica o queso rallado, sólo para descubrir que eran una caca!

Cada vez que acudía al súper escogía Rita productos para ella ignotos

Al cabo de unos pocos meses Rita ya prácticamente no comía ni un solo alimento de los de antes de agarrar esa extraña botella de agua mineral. Le sentía la mar de bien su nueva dieta. Disfrutaba de la comida como nunca. Perdió sin hacer ningún esfuerzo unos kilillos demás. Estaba encantada.

Entonces se cambió a otros supermercados amén de probar suerte en una serie de pequeñas tiendas especializadas. En lugar de tomar el menú todos los días en el bar de al lado de su trabajo como venía haciendo desde, bueno, desde siempre, probó otras casas de comidas y, de nuevo, le sorprendió lo mucho que disfrutaba probando una oferta, si no era mejor, que al menos era diferente.

Tras veinte años luciendo el mismo peinado que le hacían en la misma peluquería, se pasó a otra más moderna y modificó, de forma radical, su look. Vació su ropero y lo volvió a llenar con ropa que nada tenía que ver con sus viejos harapos. Sin derramar lágrima alguna, se despidió de hasta el último par de zapatos que poseía, remplazándolos con un calzado moderno, ligero, atractivo. Amigos, conocidos y compañeros de trabajo quedaron atónitos ante la transformación que estaba experimentando Rita.

Tras veinte años luciendo el mismo peinado que le hacían en la misma peluquería, se pasó a otra más moderna y modificó, de forma radical, su look

El verano de 2016, en vez de veranear como todos los años en Begur, se fue a Cuba, donde se ligó a un apuesto aragonés, nada menos que de Calatayud, con quién todavía mantiene una relación que les da a los dos más satisfacciones que agobios, que ya es decir. Además, ha descubierto Rita, con inmenso placer, algunos de los innegables encantos de Aragón, su gente y sus costumbres.

Una vez puesto en marcha, ya no podía frenar su afán de probar cosas nuevas. Al dejar de leer los aburridísimos diarios nacionalistas, descubrió que el mundo, su mundo, podía interpretarse de maneras muy distintas, también en positivo. Dejó de sintonizar Catalunya Radio. Borró TV3 de la pantalla de su televisor y de su mente, a sabiendas de que tamaño alarde de rebeldía significaría la súbita pérdida de la amistad de no pocos, tanto de los de carne y hueso como de los de las redes, donde, desde el primer momento, le insultaron acusándola de traidora o peor. Pero nada de todo esto le perturbó lo más mínimo: era feliz. Ya no se sentía ni oprimida ni víctima, sino libre, alegre, ilusionada.

En fin, puede decirse que Rita Badiella i Sanfeliu ha descubierto, eso sí, tardíamente, que vivía sin saberlo en el mejor de los mundos, tanto para ella como para su lengua, su cultura o su país; como, asimismo, que, si antes no había sido capaz de entenderlo, era porque le habían comido el coco, a ella y a tantos otros, muchos de los cuales permanecen atrapados en esa viscosa maraña de mentiras que, algún día, si no se apartan a tiempo, acabará devorándolos.

A todos ellos le recomendaría Rita prueben cuanto antes otra marca de agua mineral, se den una vuelta por Calatayud o cualquier otro destino que no conozcan, y que se presten a probar novedosas maneras de concebir el mundo que nos rodea. Ideas nuevas no entran en mentes cerradas. Ni aquí ni en Transilvania

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