El 2018 es un año decisivo para los comunes en el Ayuntamiento de Barcelona. La alcaldesa Ada Colau es consciente de que se juega la reválida. De lo mucho o poco que se haga a lo largo de este año depende, en gran parte, su reelección en mayo del 2019. Será en el primer semestre cuando tenga que concretar su obra de gobierno e intentar llegar a acuerdos con los grupos de la oposición para sacar adelante determinados proyectos que dependen de la voluntad de alcanzar mayorías políticas. Después del verano se augura ya una dura precampaña electoral en la que se hará prácticamente imposible llegar a pactos de ciudad .

Colau no encara este nuevo año desde una posición de fuerza. La salida del PSC del equipo de gobierno la ha vuelto a dejar en una minoría exigua y los resultados obtenidos en las elecciones del 21-D han significado un desastre sin paliativos para la lista que amadrinaba. Tampoco la economía de la ciudad pasa por su mejor momento; el turismo ha bajado; se ha perdido la Agencia Europea del Medicamento y en estos meses, a causa de la situación política, las ventas de los comercios han disminuido. Un duro escenario económico con el que deberá empezar a lidiar cuanto antes. Quizás, por eso, en estas últimas semanas ha suavizado su discurso con los empresarios y se ha aproximado a unas posiciones de las que antes se desentendía. Con todo, sobre la mesa se acumulan proyectos a los que debe dar salida de inmediato si quiere presumir de obra de gobierno más allá de la supermanzana del Poblenou o de los carriles bici que han aparecido en muchas calles de Barcelona.

Presupuestos, tranvía, Mobile World Congress, turismo, Glòries, La Sagrera y las terrazas: los retos de Colau

PRESUPUESTOS. Esta es la carpeta que la alcaldesa deberá abrir a la vuelta de vacaciones para intentar sacar cuanto antes las cuentas municipales. Colau decidió no llevar su proyecto de presupuesto para el 2018 al último pleno del año. Prefirió esperar a conocer los resultados electorales para explorar si es posible un acuerdo que permita aprobar la previsión de ingresos y gastos por la vía ordinaria. Sin embargo, las elecciones, lejos de esclarecer la situación, han enrarecido todavía más las relaciones y los equilibrios de fuerzas en el Ayuntamiento. La intención del gobierno local es la de no alargar más de la cuenta este periodo de provisionalidad y debatir las cuentas a finales de enero para que Barcelona tenga aprobado el presupuesto en febrero. Todo apunta que Colau deberá someterse de nuevo a una cuestión de confianza que le permitiría aprobar las cuentas. ante la imposibilidad de que la oposición se una para proponer un candidato alternativo a la alcaldía. Esta situación, en cualquier caso, evidenciará la soledad del gobierno municipal.

TRANVÍA. El proyecto estrella de los comunes, que en un delirio de optimismo sin parangón llevaban en su programa electoral para desarrollarlo en los primeros cien días de mandato, depende de la voluntad política del resto de grupos. Tras meses de comisiones técnicas que se acabarán en breve con un documento de conclusiones poco se ha avanzado en la ejecución. Colau no encuentra, por ahora, los apoyos suficientes para implantar este medio de transporte a través de la Diagonal. El proyecto avanza en los despachos municipales, pero aún no se han resuelto cuestiones que pueden ser determinantes y que pueden encarecerlo. Se ignora, por ejemplo, qué empresa gestionará la línea. Si lo que se pretende es que la elegida sea la compañía municipal TMB, no habrá más remedio que indemnizar con un rescate multimillonario de la concesión a los actuales gestores de la infraestructura. Todo indica, al menos en este mandato no se verá ningún tranvía circulando por el sector central de la Diagonal. De ahí que se busque algún movimiento simbólico en el tramo de Glòries.

MOBILE.El próximo Mobile World Congress es la prueba de fuego para garantizar la continuidad de uno de los congresos estrella que se celebran en todo el mundo. El gobierno municipal, después de que se encendieran todas las señales de alarma, se ha conjurado para contribuir a que la del 2018 sea la mejor edición de todas. El consejero delegado de la entidad organizadora, John Hoffman, es un enamorado de Barcelona y durante los últimos meses ha tenido que dar la cara en infinidad de ocasiones ante sus asociados, las grandes compañías internacionales del sector, para defender la continuidad en la capital catalana. Ahora espera que la ciudad responda del mismo modo y muestre su mejor cara en febrero para que el compromiso firmado hasta 2023 se mantenga. Si algo sale mal, una vez finalizado el salón de este año, podrían anunciar su marcha. Ciudades candidatas a sustituir a Barcelona en el mayor escaparate mundial de la telefonía móvil no le faltan.

TURISMO.A los pocos días de la llegada de Colau a la alcaldía decretó la moratoria turística. No se construirían más hoteles en las zonas más saturadas de la ciudad. Las políticas de los comunes –sobre todo el plan especial urbanístico de alojamientos turísticos (Peuat)– han señalado al turismo como uno de los problemas más graves que tiene Barcelona y apuestan abiertamente por un decrecimiento del número de visitantes. Este era el discurso hegemónico antes de los atentados del 17-A y de los efectos de la situación política. Pero ahora, Colau y su número dos, Gerardo Pisarello, llevan semanas intentando tejer alianzas con los sectores económicos de la ciudad. La caída de las cifras de turistas desde el pasado octubre preocupa ahora también a las autoridades municipales y los grupos de la oposición ya hablan abiertamente de revertir el Peuat y buscar una fórmula más flexible.

GLÒRIES. Las obras de la plaza se han convertido en un verdadero quebradero de cabeza. Es la infraestructura municipal más importante que se ejecutará en los próximos años. Un agujero negro, en este caso muy por debajo del nivel freático, en el que el gobierno de Colau va a tener que invertir el doble de lo previsto. La paralización de las obras y el cese de las constructoras que trabajaban en ese espacio a causa de retrasos injustificados y los sobrecostes acabaron llevando al Ayuntamiento a costear también el segundo túnel, el que va de la calle Badajoz hasta la rambla del Poblenou, una infraestructura que no entraba en los planes del gobierno municipal. Una de las incógnitas que plantea la obra, paralizada desde el pasado junio, es el grado de cumplimiento del calendario marcado por la empresa pública Barcelona Infraestructures Municipals (BIMSA), que quiere que la plaza esté lista en el 2021. No se trata ya sólo de una cuestión de tiempo, sino también técnica. La auditoría encargada por la propia administración local señala los problemas que tienen los túneles de Adif, justo donde se deben reemprender las obras. Para evitar más sobrecostes, los trabajos se han fraccionado en cinco licitaciones para que sean diferentes empresas las que acaben ejecutando los pasos viarios bajo la plaza.

LA SAGRERA. Las máquinas trabajan desde el verano del año pasado en el colector de la rambla Prim, un paso previo imprescindible para poder retormar la construcción de la futura estación intermodal. Los trabajos que dependen del Ayuntamiento deberían finalizar en verano del 2018. Entonces, Colau podrá decir que ha cumplido con su parte en pocos meses. Fomento deberá tomar el relevo y retomar los trabajos paralizados en el 2014, cuando se destaparon los presuntos fraudes de sobrecostes y sobornos en Adif. En paralelo, ministerio y Ayuntamiento deberán ponerse de acuerdo con el proyecto arquitectónico de la estación, escogido unilateralmente por el Gobierno central sin tener en cuenta la opinión del Consistorio. La última fecha prometida por Íñigo de la Serna es el tercer trimestre del 2020.

TERRAZAS. El pacto alcanzado con el Gremi de Restauració es todo un triunfo para los comunes. Se gestó cuando el PSC –que llevaba meses negociando con el sector– fue expulsado del gobierno, un hecho que subió la moral a los responsables municipales. El pacto ha aportado tranquilidad a una parte del empresariado de la ciudad con el que BComú no siempre se han mantenido buena relación. Sin embargo, esa sintonía con el Gremi de Restauració solivianta a las entidades vecinales, que denuncian la privatización del espacio público.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.