El fondo de inversión estadounidense Carlyle ha manifestado su interés por el grupo Codorniu, integrado por diez bodegas y propiedad de 216 accionistas miembros de cinco ramas de la familia Raventós. No es la primera vez que inversores se acercan a la empresa y a su complejo accionariado, y aunque la de Carlyle es una aproximación en fase inicial, que se ha realizado a través de algunos de los accionistas minoritarios de la familia, sí ha sido suficiente para provocar la reacción de la compañía. La oferta no existe formalmente, pero el tema fue tratado la pasada semana en el consejo de la compañía, que tiene diez miembros, liderado por la presidenta Mar Raventós y el consejero director general Javier Pagés, y en el que están representados todos los grupos accionistas. En esta reunión, según confirma Pagès, el consejo decidió por mayoría – “más del 51%”– rechazar el estudio de lo que se considera una oferta no solicitada por la empresa. Pero sin embargo, por primera vez la empresa ha aceptado la posibilidad de buscar un socio externo minoritario que acompañe la estrategia y que permita dar salida a los accionistas minoritarios que buscan liquidez.

Las ventas sólo han crecido de 211 a 236 millones en 14 años y el dividendo ha bajado

Estos movimientos en el segundo grupo vinícola catalán se producen cuando hace justo un mes que Freixenet firmó la venta de una participación mayoritaria, del 50,7%, a la alemana Henkell. Freixenet, que factura unos 500 millones de euros, se ha valorado en 440 millones.

El grupo Unideco –paraguas de las bodegas de vino y cava Codorniu, Raimat, Masia Bach, Scala Dei, Abadia de Poblet, Legaris (Ribera del Duero), Bodegas Bilbaínas (Rioja), Nubiana (Cinca), Séptima (Argentina) y Artesa (California)– puso en marcha el año pasado un plan de reestructuración destinado a mejorar sus cuentas. El plan implicó el abandono de negocios poco rentables, como la elaboración de marca blanca, y la salida de cerca de un centenar de trabajadores. En el ejercicio cerrado a junio del 2017, la facturación fue de 236 millones, con un ebitda de 16 millones, y un resultado operativo consolidado de 2 millones, que quedó en números negativos como consecuencia del coste de reestructuración. Sin embargo, Pagès asegura que este ejercicio que cierra a junio del 2018, a pesar de que la facturación será inferior, el resultado de explotación o ebitda se situará entre 26 y 30 millones de euros, y se espera un beneficio neto de 11 millones. La plantilla ha quedado en unas 700 personas.

La compañía mantiene un volumen de ventas relativamente estancado desde hace años (en el 2003, por ejemplo, facturaba 211 millones de euros), pero reconoce que ha reducido notablemente su política de dividendos, especialmente durante los años de la crisis.

La empresa busca un director general externo y consejeros independientes

“Ahora tenemos una estrategia, que está dando buenos resultados, y queremos seguir. Creemos en el potencial de esta empresa y apreciamos el legado histórico”, explicó ayer Javier Pagès. “Pero entendemos que hay accionistas que quieren salir, por eso iniciaremos la búsqueda de un socio estratégico para nosotros y que pueda dar salida a los accionistas que quieren vender”.

El grupo Codorniu está controlado por cinco ramas de la familia Raventós –Pagés-Raventós, Raventós-Espona, Raventós-Artés, Farré-Raventós, Raventós-Chalbaud–, familiares pertenecientes ya a la 15.ª, 16.ª o 17.ª generación de la que se considera la elaboradora de cava más antigua de España, y una de las empresas familiares más antiguas, con cinco siglos de tradición en el Penedès. A finales del 2017, Unideco trasladó su sede social a Haro (la Rioja), lo que provocó nuevas discrepancias entre accionistas.

Fuentes conocedoras de la situación aseguran que hay un grupo importante de accionistas que se sienten desde hace años descuidados por la empresa, y que fácilmente se apuntarían a una propuesta sólida. Sólo tres miembros de la familia (incluido el director general) trabajan en el grupo, que también ha decidido trabajar un cambio de sus estructuras de gobierno. “Hace varios meses iniciamos la búsqueda de un director general externo a la familia, y queremos crear un consejo orientado a negocio y estrategia, integrado por independientes, para separarlo de los temas de propiedad y familia”, dice Pagès.

Culebrón en Freixenet y tensiones en el sector

La falta de dividendos fue el elemento principal de discordia que desencadenó a principios del 2016 la división de las familias accionistas de Freixenet que ha acabado con la entrada en el accionariado del grupo alemán Henkell con el 50,75%. En este caso, pronto se reveló que vender sólo una pequeña participación resulta poco viable: ningún inversor acepta poner dinero sin intervenir en la gestión de una empresa que necesita un revulsivo. Finalmente, las tres ramas Hevia Ferrer y tres de los cuatro Bonet Ferrer (Eudaldo, Pedro y Pilar) han firmado dejar la empresa, en la que seguirán como accionistas el presidente de honor José Ferrer (42% del capital) y el presidente José Luis Bonet (propietario de un 7,25%). Con todo, el acuerdo de compraventa incorpora un pacto paralelo en el que los alemanes garantizan la compra futura de sus acciones a los otros accionistas.

Mientras las dos grandes están absorbidas por sus problemas internos, el sector del cava vive tiempos de revuelo, intentando defender la marca cava en un contexto de competencia internacional. La pasada semana, un grupo de cavas medianas –Gramona, Llopart, Nadal, Recaredo, Sabaté i Coca y Torelló– presentaron la nueva Associació de Viticultors i Elaboradors Corpinnat, marca europea de calidad que reivindica los altos estándares de elaboración, y sobre la que ironizó el presidente del Consell Regulador del Cava, Pedro Bonet. La iniciativa cuenta con ausencias como la de Raventós i Blanc, y otros pequeños elaboradores quejosos por no haber sido convocados.

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