Objetivo: seguir tiñendo de naranja lo que en su día fue el cinturón rojo. Ciudadanos ha decidido apostar durante esta campaña por las urbes que conforman el área metropolitana de Barcelona, un territorio que tradicionalmente votaba al PSC y en el que la formación naranja ha detectado un gran caladero de votos.

Ciudadanos ya dio la sorpresa en esta área en las anteriores elecciones autonómicas, cuando la candidatura de Inés Arrimadas superó por cinco puntos al PSC en la provincia de Barcelona. La formación naranja, además, ganó en ciudades insignia de los socialistas como L’Hospitalet de Llobregat –la segunda urbe más grande de Catalunya con 257.00 habitantes– cuyo consistorio lleva 38 años en manos del PSC. También los superó en El Prat, Castelldefels, Gavà, Rubí, Cerdanyola del Vallès o Sant Adrià del Besòs.

Las únicas ciudades que se resistieron al auge de Ciudadanos fueron Badalona, Cornellà y Santa Coloma de Gramenet, otro bastión socialista que cuenta con Núria Parlon en la alcaldía. En estas dos últimas poblaciones, sin embargo, la distancia entre rojos y naranjas fue de solo 1 y 2 puntos respectivamente.

En la sala de máquinas de Ciudadanos están convencidos de que todavía pueden mejorar estos resultados. Tantos las encuestas internas como el aumento de altas entre los militantes son algunos indicadores que les hacen mantener el optimismo.

A su vez, consideran que el probable aumento de la participación les va a beneficiar ya que el secesionismo ya estaba muy movilizado en las anteriores elecciones. “Por segunda vez, el eje izquierda–derecha apenas tiene espacio en estos comicios”, señalan desde la dirección de campaña. “La cosa va entre independentistas y no independentistas”, remachan.

Ante esta situación, la estrategia de la campaña pasa por volcarse en estas poblaciones y repetir un mismo mantra: ni PSC ni Podemos son una garantía contra el independentismo.

El argumentario desplegado contra los socialistas tiene varios ejes. Ciudadanos les responsabiliza de emprender la reforma del Estatut y de haber pactado con ERC en el tripartit y haber concedido a los republicanos la conselleria de Educación. Incluso creen que el expresident José Montilla, exalcalde de Cornellà y referente del cinturón rojo, fue quien puso en marcha las “embajadas” posteriormente reconvertidas en “chiringuitos independentistas”.

La estrategia pasa por priorizar su presencia en las ciudades donde superaron o ganaron terreno al PSC en las últimas autonómicas. Durante la precampaña hubo actos en Cerdanyola del Vallès, Santa Coloma de Gramenet, Sant Adrià del Besòs, Cornellà y l’Hospitalet de Llobregat, donde presentaron la candidatura. Esta semana, ya en plena campaña, el partido repetirá en Cornellà y Santa Coloma y visitará Castelldefels.

Desde el partido señalan que su intención no sólo es aumentar los votos en el cinturón metropolitano, sino también en otras ciudades de la provincia de Barcelona como Manresa, Sabadell o Terrassa, a las que acudirán esta semana. La única gran ciudad metropolitana por la que han decidido no luchar es Badalona –220.00 habitantes– ya que consideran que es “territorio Albiol”. Creen que en esa localidad, donde el candidato del PP estuvo en la alcaldía y tiene mucho tirón, los populares capitalizan el voto contra el independentismo.

El “voto útil” contra el independentismo

¿Cómo puede un partido con un mensaje marcadamente liberal ganar en estas ciudades con una tradición de voto de izquierdas? Tanto en las generales de 2015 como en su repetición en junio de 2016, en estas poblaciones se impuso con claridad la candidatura de En Comú Podem, mientras que el PSC quedó en segundo lugar. En la provincia de Barcelona, Ciudadanos quedó sexto en número de votos en junio de 2016.

Tras visitar Sant Boi y L’Hospitalet de Llobregat y entrevistar a varios vecinos, la respuesta más repetida para explicar este trasvase de votos es el proceso independentista. En una comunidad en la que el PP siempre ha tenido dificultades, la mayoría de los votantes identifican la candidatura de Inés Arrimadas como la mejor opción contra el independentismo.

“Yo lo único que quiero es que se acabe ya esto”, respondía en un mercadillo de Sant Boi Maite Armero, una sexagenaria que llegó a Catalunya a finales de los 50. Armero, trabajadora del hogar, aseguraba que ella ha votado siempre a los socialistas pero que cree que el mejor partido “contra la independencia” es Ciudadanos. A pocos metros de ahí, el número dos del partido, Carlos Carrizosa, aseguraba a los medios que votar al PSC era “continuar con el ‘procés'”.

Entre los votantes entrevistados también cunde la sensación de cierto desconocimiento sobre el programa del partido en materias sociales. Desde Ciudadanos han repetido estos días que destinarán a políticas sociales todo el dinero “de los chiringuitos independentistas”, pero sin concretar de cuánto dinero hablan ni a qué se destinarán. En un corrillo en el barrio de La Florida, en l’Hospitalet, varios vecinos discutían el sábado por la tarde si votar a la formación naranja era un voto de izquierdas o no. Algunos aseguraban que sí mientras otros justificaban su apoyo al partido naranja en el voto útil contra el independentismo.

En la calle Balmes, donde está la sede de Ciudadanos, reconocen que la alianza del PSC con los herederos de Unió les ha venido muy bien para hacer campaña en estas ciudades. Por un lado, atacan a los socialistas por aliarse con los nacionalistas catalanes. Por otro, les reprochan la alianza con un partido de derechas, totalmente alejado de los valores progresistas. El portavoz de C’s en el Congreso, Juan Carlos Girauta,  acusó el jueves a Iceta de ser el “líder de la sociovergencia” durante un acto en Mataró.

La sensación en Ciudadanos es de optimismo. Creen que pueden mejorar los 25 diputados de 2015 e incluso ser la fuerza más votada. “Primero vamos a consolidar esos 25 y después ya veremos”, señala un dirigente. A pesar de las buenas sensaciones, son conscientes de que la única opción de gobernar pasará por pactar tanto con el PSC como con el PP. Es por esto que los mensajes más duros contra los socialistas se los reservan para  Albert Rivera, que entra en el cuerpo a cuerpo contra Pedro Sánchez mientras Arrimadas despliega un mensaje más conciliador.

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