Se acerca uno de los festivales más mediáticos del año: Coachella, que tendrá lugar del 13 al 15 y del 20 al 22 de abril. Celebrado en Indio, cerca de Palm Springs, en pleno desierto aunque rodeado de campos de golf, su fama y poder de convocatoria no tienen precedente.

Y es que ningún otro festival es capaz de reunir a más celebridades e ‘influencers’ por metro cuadrado en un entorno más privilegiado desde hace más de veinte años. Aquí, lo de menos es el cartel, si bien este 2018 entre sus platos fuertes destacan Beyoncé -de la que se rumorea está preparando una actuación histórica- The Weeknd, Eminem o Jamiroquai, entre muchísimos otros.

No basta tener dinero para conseguir una entrada

Es algo así como prácticamente misión imposible dada la altísima demanda, y eso a pesar de sus elevados precios, a los que hay que sumar desplazamiento, alojamiento y vicios varios (en total mínimo 1000 euros más contando billetes de avión y hotel, aunque existe la posibilidad de acampar allí por unos 90 euros). Este 2018 un pase general para tres días costaba 429 dólares (unos 350 euros) mientras el pase VIP ascendía a 999 dólares (algo más de 800 euros). Las entradas salieron a la venta como cada año a primeros de enero y se agotaron a las pocas horas.

No es lo mismo el primer fin de semana que el segundo

El festival se celebra en dos fines de semana consecutivos (normalmente el segundo y tercer fin de semana de abril), en los que se repite el mismo cartel. Hasta aquí todo bien porque eso te da la oportunidad de elegir el que mejor te vaya, o tener el doble de posibilidades de conseguir una entrada, según se mire. Ahora bien, que los tickets para el primer fin de semana tengan un precio de reventa que duplica a las del segundo tiene su razón de ser.

¿Cuál? Tiene más caché el primero porque es cuando las marcas celebran sus fiestas paralelas al evento y por lo tanto más famosos convocados hay -¿un secreto? No hace falta estar en la zona VIP para cruzarte con Diane Kruger, Jaden Smith o Aaron Paul porque podrás toparte con ellos en cualquier sitio-. En segundo lugar, porque las actuaciones sorpresa que se programan el primer fin de semana -este es uno de los fuertes de Coachella, los artistas invitados, que en años pasado han ido de Madonna a Kanye West pasando por Rihanna o Justin Bieber- suelen ser más potentes que las del segundo.

¿El emplazamiento? Precioso: sí, pero inabarcable

Cada año el espacio ocupado por los escenarios de este macrofestival ubicado en un enorme club de polo no muy lejos de las pistas de tenis donde se celebra el torneo de Indian Wells, es más y más extenso. Y con casi doscientas actuaciones programadas en tres días es imposible dar a vasto. El primer punto a tener en cuenta es que, una vez instalado en la zona, hasta que llegas al recinto donde se celebran los conciertos es posible que te hayas pasado mínimo una o dos horas en la carretera (un proceso que repetirás cada día, al entrar y al salir).

Añádele además por lo menos otros 45 minutos que tardarás en llegar desde el aparcamiento -a menos que aparques en zona VIP, lo que son 100 euros más, o estés acampado in situ, en ambos casos como mucho te ahorrarás veinte minutos- o el lugar donde te dejan los shuttles, hasta la zona de escenarios, y viceversa. A eso hay que sumarle las altas temperaturas de día, las constantes tormentas de arena, y el frío que hace por la noche.

Beber, sí. Pero no donde se te antoje

Si una de tus principales motivaciones a la hora de ir a un festival de música es el poder beberte una cerveza allá donde caiga mientras escuchas a tu artista favorito, Coachella no está hecho para ti. Y es que sí, has oído bien, allí las zonas para bebedores y fumadores están delimitadas y se concentran en varios espacios, bastante alejados de los escenarios a menos que seas VIP.

El ‘look’ por delante de la música

Vamos, que la fama que tiene Coachella de lugar peregrinación para los amantes del postureo no es ninguna tontería y mucho menos ninguna exageración. Los estilismos del festival son la cosa más estudiada jamás vista. Y se cumplen todos los clichés posibles: flecos, ganchillo, quimonos, sombreros, botas camperas, y los shorts más cortos posible cuando no directamente sin pantalones, o en bañador o biquini. No en vano, Coachella es uno de los festivales más Instagrameados del mundo.

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