Cinco claves y siete gráficos sobre el CIS preelectoral

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Este martes se publicó el último barómetro del CIS antes de las elecciones. Los titulares probablemente ya los conozcan. Los resultados del barómetro dan al PSOE como partido más votado, aunque necesitaría pactos para gobernar, mientras que la suma de PP, Ciudadanos y Vox no llega a la mayoría absoluta. Más allá de estos titulares, queremos destacar aquí algunas otras claves que nos permiten conocer mejor cómo llegamos a las elecciones del 28A. 

La participación

En lo que respecta a la participación electoral, un 76.3% de los encuestados afirman que irán a votar con toda seguridad el 28A. Este dato siempre tiene un componente de deseabilidad social (nos gusta responder que vamos a ir a votar), aunque el modelo de estimación que utiliza el CIS lo reduce solo mínimamente a una participación del 74,8%, lo que estaría por encima de la registrada en las elecciones generales de los últimos años.

En la respuesta a la pregunta sobre participación, no existen diferencias relevantes si analizamos el dato por partidos (gráfico 1). Cruzando la intención de ir a votar por el recuerdo de voto, vemos que apenas hay variaciones. La participación no tiene color partidista. Podemos ver lo mismo si consideramos la pregunta que hace el CIS sobre la probabilidad de votar en las próximas elecciones del 28A en vez de la pregunta directa sobre si el encuestado irá o no a votar. La probabilidad media de todos los encuestados está en torno 80.5%. La probabilidad media entre los principales partidos se mueve muy poco, en torno al 90%. Poco que destacar aquí.

Gráfico 1. Probabilidad de participar el 28A 

 

Más interesante resulta que entre los que piensan ir a votar, cerca del 58% ya tiene decidido su voto, mientras que el 41.6% aun no lo tiene claro. Este dato es idéntico al registrado en la preelectoral de las elecciones de diciembre de 2015 (41.6%) y mayor –con bastante sentido– que el de las de junio de 2016 (32.4%). Aquí sí surge un dato relevante, y es el que se refiere a la diferencia por partidos.

Si miramos el porcentaje de indecisos por antiguos votantes de cada partido, vemos que destaca el caso de Ciudadanos (gráfico 2). Aquellos que optaron por la formación de Rivera en 2016 hoy están divididos a partes igual entres los que tienen decidido el voto y los que no. El dato contrasta con los que presentan los antiguos votantes de otras formaciones: sólo el 37% de ex votantes del PP aún no sabe a quién votar el 28A, el 31% de ex votantes del PSOE y casi el 38% de ex votantes de Unidas Podemos. La indecisión en este periodo preelectoral tiene un leve sesgo naranja.

Gráfico 2. Indecisión según voto en 2016 

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Más sobre la indecisión y las bajas lealtades

Lo anterior podría explicarse por la situación en la que han quedado muchos antiguos votantes de Ciudadanos (quizás los más moderados y liberales), quienes se enfrentan al dilema de convivir con Vox en caso de que, junto al PP, sumen para formar gobierno. Un producto, en cierta medida, de la campaña anti-Sánchez/anti-PSOE dibujada por la ejecutiva de Ciudadanos. ¿Pero entre qué partidos dudan los indecisos naranjas?

El gráfico 3 muestra que entre los antiguos votantes de Ciudadanos que aún no tienen decidido el voto para las próximas elecciones generales, un 10% duda entre Ciudadanos y Vox, un 18% entre Ciudadanos y PP, mientras que entre el grupo de indecisos (ex) naranjas un 21% duda entre volver a votar a Rivera o votar a Pedro Sánchez. Se trata de unos datos que explican la difícil posición en la que se encuentra el partido naranja a la hora de atraer a los indecisos (en medio de la izquierda y la derecha), así como el riesgo asumido por los de Rivera al haber puesto sobre la mesa el veto a los de Sánchez. 

Gráfico 3. Dudas de los votantes de Cs  

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Otro aspecto que destaca sobre la indecisión es que, aunque la fragmentación política haya hecho que, en general, más votantes que en el pasado no hayan decidido todavía su voto, esa indecisión está particularmente concentrada en la derecha, especialmente si la comparamos con la que teníamos justo antes de las elecciones de 2016. Este resultado es plenamente consistente con la feroz batalla electoral que se vive en esa parte del espectro ideológico.

Gráfico 4. Indecisión según ideología (2019 y 2016) 

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La alta indecisión también se explica por la baja fidelidad de los votantes. El partido que más está consiguiendo movilizar a sus votantes en 2019 es el PSOE[1], con una lealtad de más del 75%. Las otras tres fuerzas más votadas en 2016 solo retienen, de momento, a alrededor de un 55,5% de sus votantes. Esto indica claramente que llegamos al 28A en un escenario de alta volatilidad.

Gráfico 5. Lealtad de voto en 2019 

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La España vacía

La España vacía, entendida como las provincias donde se reparten cinco o menos escaños, será una de las claves del 28A. Estas provincias se corresponden con los distritos donde la traducción de votos a escaños es menos proporcional, además de ser circunscripciones donde la derecha tradicionalmente ha obtenido buenos resultados. Son, por tanto, las provincias donde a priori podría haber mayor penalización del sistema electoral a la fragmentación de la derecha. No obstante, cabe destacar que, a pesar de que tienen penalizaciones, Vox y, sobre todo, Ciudadanos avanzan notablemente en estos territorios.

Vox podría obtener de 6 a 9 escaños en estas provincias, mientras que la horquilla de Ciudadanos se mueve entre 10 y 14. Este es un buen resultado teniendo en cuenta que los naranjas vienen de tener solo tres escaños en la España vacía en la actual legislatura. La cruz sería para Unidas Podemos, que solo obtendría cuatro escaños en la España vacía según las proyecciones del CIS, cayendo desde los trece escaños que tiene en la actualidad (contando los de sus confluencias). 

Gráfico 6: Escaños en la España vacía

 

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Penalizaciones y premios del sistema electoral 

Otro elemento que cabe destacar es que en el reparto final de escaños no se aprecian penalizaciones importantes del sistema electoral al conjunto de la derecha por su mayor fragmentación. Esta ha sido una cuestión bastante debatida en las últimas semanas: la medida en que el sesgo mayoritario del sistema electoral podía restar a un bloque de derecha más fragmentado por la irrupción de Vox. En realidad, el efecto principal es que los beneficios que tradicionalmente obtenía el PP por el sistema electoral se han reducido. Sin embargo, el PP sigue obteniendo una prima por el sistema electoral, mientras el conjunto de la derecha no «pierde» representación.

En la siguiente tabla mostramos las estimaciones del CIS y el porcentaje de escaños que cada partido obtendría. Para ello, hemos considerado que el valor central de la horquilla es el número de escaños para cada partido.

Tabla 1. Estimación de voto y proporción de escaños 

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Como se puede observar, la derecha obtendría un porcentaje de escaños prácticamente idéntico a su porcentaje de voto. Es la suma de la izquierda la que sí obtiene una sobrerrepresentación de acuerdo a su porcentaje de voto, pero fundamentalmente porque el PSOE obtendría un beneficio por el sistema electoral. El mayor perdedor potencial sería Unidas Podemos. Al verse superado por Ciudadanos y/o Vox en muchos de los distritos de cuatro y cinco escaños, quedaría fuera del reparto por ser la fuerza más pequeña. 

La valoración de Abascal

Por último, una de las novedades de este CIS es que por primera vez se pregunta por la valoración de Santiago Abascal como líder. Abascal obtiene una valoración media de 2,6 sobre 10, siendo la más baja de los cinco líderes de las fuerzas políticas estatales. Sánchez es el mejor valorado con un 4,1. No obstante, cuando segmentamos la valoración por voto, y a pesar de que hay una parte del electorado que aún no lo conoce (como nota curiosa, podemos decir que es más conocido por los ciudadanos de izquierdas que por los de derechas), comprobamos cuál es la popularidad de Abascal entre su grupo de potenciales votantes.

En el siguiente gráfico mostramos la valoración de Abascal según el voto en 2016. Los votantes del PP de 2016 valoran a Abascal con un 5,1. Por poner una referencia, la valoración de Rivera por parte de estos votantes es de un 5,3. Es decir, entre los votantes del PP de 2016, el líder de Vox está prácticamente igual de valorado que el líder de Ciudadanos. En segundo lugar, destaca que los votantes de Ciudadanos en 2016 conceden a Abascal un 3,6. De nuevo, por poner una referencia, Pedro Sánchez obtiene un 3,3. El votante naranja de las últimas elecciones tiene preferencias parecidas entre Abascal y Sánchez (ligeramente favorables al primero) lo cual, como decíamos antes, explica la estrategia llevada a cabo por Rivera en esta precampaña, pero también sus riesgos. 

Gráfico 7. Valoración de Santiago Abascal

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[1] Utilizamos como variable de voto el VOTO+SIMPATÍA de las encuestas del CIS



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