Cristina Cifuentes se mueve por el césped cojeando. Pero al entrenador no le quedan cambios y falta casi medio tiempo para el final del partido. No queda en el banquillo nadie solvente para esa posición. Si se rompe, habrá que jugar con uno menos. Esa es la situación, poco más o menos, del PP madrileño ahora mismo, tras el caso de la presunta falsificación de su currículo con un posgrado que, según ElDiario.es, nunca cursó ni obtuvo. La presidenta de la comunidad de Madrid está metida en un buen lío, que con el transcurrir de los días ha ido poniéndose aún peor. Tiene una pinta tan fea que, aunque ahora mismo a Ciudadanos le vendría mal su caída, no podrían darle apoyo para seguir como no les dé algo muy sólido a lo que agarrarse en el pleno monográfico que mañana celebra la Asamblea de Madrid a instancias de la oposición. Así de mal. Pero lo peor es que, detrás de Cifuentes, al PP madrileño no le quedan repuestos. La nómina de candidatos para las autonómicas está tiesa.

El caso Cifuentes, destapado por la periodista Raquel Ejerique, es ya conocido y empezó con una irregularidad de apariencia menor: dos de las calificaciones en el máster de financiación autonómica de la Universidad Rey Juan Carlos (URJC) fueron introducidas en el 2014, dos años después del curso. La explicación de Cifuentes recogida ese día por el medio apuntaba a que en el 2012 no pudo acabar el posgrado y completó los exámenes y el trabajo final del máster (TFM) dos años después. Parecía plausible.

La presidenta Cifuentes comparece mañana ante la Asamblea para aclarar si hizo el máster

Pero todo se complicó cuando la URJC queriendo apagar el fuego lo avivó con una rueda de prensa horrible y una versión distinta. Cifuentes, tan diligente en la reacción, estuvo desaparecida las siguientes diez horas y, cuando habló, entrada la noche, ratificó lo dicho por la URJC apoyándose en papeles sin sello. Luego desapareció otra vez hasta que hace ocho días habló ante la dirección del PP madrileño. Habían pasado cinco días, Cifuentes seguía sin salir ante la prensa y no disponía de evidencias nuevas.

En lugar de eso anunció una querella, a la vez que la URJC iniciaba una investigación interna, procesos ambos que, salvo que aparezca el trabajo doctoral que nadie parece haber visto, podrían complicar aún más las cosas para Cifuentes. Entre tanto, no han dejado de trascender nuevos datos que ensombrecen la débil versión pretendida: el director del máster no lo era en el 2012, el tribunal que dijo haberla examinado no se ajusta a las normas del centro, ningún compañero de clase la vio nunca, se matriculó tres meses tarde y el día en que dice haber defendido el TFM, el departamento de la URJC estaba inaugurando cursos en Aranjuez, y ella –se supone–, coordinando el operativo de la policía para la fiesta de la segunda Eurocopa de la selección española.

Por eso, el pleno de mañana puede ser bola de partido para Cifuentes si no logra acreditar su versión con documentación oficial fechada y sellada. Y con el TFM, en torno a cuya ejecución de emergencia hay una colosal guasa en redes sociales.

En el PP de Madrid no quedan pesos pesados para reemplazar a la dirigente si cayese

Es del dominio público que el discurso excepcionalista de Cristina Cifuentes respecto a “su tolerancia cero con la corrupción” no le ha granjeado simpatías en Génova, pero el PP hoy no se puede permitir su caída. Por más que algunos la deseen con fervor. La instrucción judicial de las tramas Gürtel, Púnica y Lezo ha arrasado a la organización en Madrid y la ha barrido de nombres de peso que pudieran sustituir con garantías a la hoy presidenta si esta cae. Francisco Granados e Ignacio González, antaño colaboradores, hoy enemigos íntimos entre sí y de Cifuentes, están descartados, pero con ellos también buena parte de los miembros de los gobiernos regionales. De los 48 diputados que Cifuentes logró en el 2015, más de una veintena ya no están –la mayoría por haber sido imputados, aunque algunos por motivos de índole personal o profesional– y la lista ha corrido hasta el número 69.

En el equipo de Cifuentes –bien se vio hace un año cuando sus consejeros la defendieron de la moción de censura de Podemos–, no hay nadie con posibilidades ciertas de defender la candidatura del PP, menos aún cuando Ciudadanos parece estar zampándose su electorado a velocidad de vértigo. El partido podría verse obligado a tirar de viejas glorias. Sobre sus predecesores, Esperanza Aguirre y Alberto Ruiz Gallardón, no pesa imputación hoy, pero Lezo, Gürtel y Púnica son hijos de sus gobiernos, lo que los convierte en material altamente volátil.

La corrupción y las enemistades aparejadas han asolado al PP de Madrid, por lo que cabría la posibilidad de bajar a alguien de la organización estatal. Pero es difícil que la hoy ministra y secretaria general, María Dolores de Cospedal, que fue consejera de Transportes de Aguirre entre el 2004 y el 2006, accediera a encabezar una lista para intentar ser la primera en presidir dos comunidades autónomas –presidió Castilla-La Mancha de 2011 a 2015–, y para el presidente del Senado, Pío García Escudero, tampoco parece un plato de gusto. Pero la emergencia hace que se especule hasta con Ana Pastor, presidenta del Congreso, que, por su sólida imagen, aparece como candidata a casi todo: desde alcaldesa de Madrid hasta sucesora de Mariano Rajoy.

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