ADIVINANZA

1. Es una provincia situada en la zona este de un país.

2. Esa provincia no es un país de verdad.

3. No la reconoce la comunidad internacional.

4. El presidente pide ayuda a otro país, que prefiere no intervenir.

5. El presidente, acompañado por un grupo de leales, se escapa a ese país.

¡No me lo puedo creer! ¡Ya le copian a Carles!

SOLUCIÓN

El país ‘no de verdad’ es la República Popular de Luhansk, provincia prorrusa en el este de Ucrania. El Carles de allí se llama Igor.

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Igor Plotnitski. Carles Puigdemont. Dos ‘cracks’.

Como Igor hace declaraciones en ucraniano, no le entiendo. A Carles, sí, aunque no sé si sería mejor que hablara en ucraniano.

Habla para un canal público israelí:

“La UE es un ‘club de países decadentes y obsolescentes’, en el que mandan unos pocos, además muy ligados a intereses económicos cada vez más discutibles”.

“A lo mejor no hay mucha gente que quiera formar parte de la UE”.

Y remata: “Vamos a ver qué dice el pueblo de Cataluña”.

Por supuesto, trufa sus elucubraciones con alusiones a la derecha posfranquista, que tiene la culpa de todo, como ya sabemos.

Basta de copiar, por ahora. Algo quiero escribir yo, preocupado porque, si Carles no es defenestrado —políticamente, se entiende—, es capaz de organizar un referéndum para votar si quiero irme de Europa o no y estropearme un fin de semana en San Quirico.

Mientras tanto, Tusk, Juncker y Tajani (“el respeto al derecho no es una opción: es una obligación”), temblando ante la amenaza de este personaje que se pasea por Bélgica, acompañado por unos cuantos y convocando periódicamente a alcaldes y amigos que van allí, pagándose ellos todos los gastos y no costando nada, pero que nada, ¿me ha oído?, al erario público. (Eso ha afirmado, sin ruborizarse, el alcalde de San Quirico, al que vi en la foto de los alcaldes en Bélgica. Le vi porque como es de los viejos, le pusieron en primera fila, con su barriga y su mostacho. Menos mal que había dejado el puro).

Me preocupa Carles. Al principio, pensé que debería intervenir la UPB, Unión de Psiquiatras Belgas, porque, por mucho vino que haya tomado un individuo, en esas declaraciones hay algo más profundo, que no se puede atribuir solo al alcohol. Como, de vez en cuando, soy un hombre de prontos, pensé: “Este tío está como una cabra”.

Luego me tranquilicé, pero no sé qué fue peor, porque un hombre que huye como Plotnitski, dejando atrás un país intervenido, destrozado, con familias divididas, con miles de empresas desplazadas, con un sabor de odio al que no piensa como él… Ese hombre tiene una responsabilidad enorme que, si tiene la cabeza sobre los hombros, le debería impedir dormir en paz. Yo, en su caso, preferiría estar loco que cuerdo. Y la gente dice que no está loco.

Un hombre que huye como Plotnitski, dejando atrás un país destrozado… tiene una responsabilidad enorme que le debería impedir dormir en paz

Siempre dije que el Catexit no tenía nada que ver con el Brexit, en el que ya han llegado al primer acuerdo. Después de pegarse unos cuantos faroles, la señora May ha decidido pagar unos simples 50.000 millones de euros antes de empezar a hablar.

No sé en cuánto se pueden evaluar las pérdidas económicas, hasta ahora, del Catexit. Hace dos o tres semanas, José Luis Bonet, presidente de Freixenet y de la Cámara de Comercio de España, pidió a los políticos que escuchen a los empresarios para tener presente las consecuencias de sus decisiones. ¡Será inocente José Luis! ¡Mira que querer que Carles les escuche!

Las pérdidas económicas, al fin y al cabo, se traducen a euros y son recuperables, a mayor o menos plazo. Pero lo otro —lo de los amigos que ya no se hablan, lo de la mujer que no se atreve a ir a casa (textual) por miedo a lo que le dirán su marido y sus hijos, que quieren irse de España y, según le dé a Carles, de la Unión Europea—, lo otro es gravísimo.

Y Carles, sonriendo, saltando de Bruselas a Brujas y de Brujas a Ootstkamp, asegurando que “no se puede encarcelar la voluntad de un pueblo”.

Las pérdidas económicas se traducen a euros y son recuperables, a mayor o menos plazo. Pero lo otro —amigos que ya no se hablan, etc.— es gravísimo

Luego se ha arrepentido —le han arrepentido— y ha dicho que “el catalanismo es indudablemente europeísta” y ha asegurado que siempre lo ha sido y que lo seguirá siendo en el futuro. Después, se ha metido en un huerto, y ha afirmado, lleno de entusiasmo, que “el caso catalán es una oportunidad para avanzar hacia una Unión Europea más fuerte, donde la ciudadanía tenga cada vez más poder de decisión y los estados tengan menos”.

Me parece que un día de estos, Bélgica tiene que decidir si extradita a Puigdemont. Creo que nuestro ministro de Asuntos Exteriores —el de verdad— debería destinar una cantidad importante de euros para llegar a acuerdos puntuales y conseguir que no le extraditen nunca. Que se lo queden. Ya han visto todo lo que puede dar de sí. Algún puesto le podrían dar los belgas. Para que no esté solo, quizás una agregaduría simpática en Bucarest le permitiría llevarse a su mujer, que es rumana, y a los niños. Lo de la cantidad importante de euros y los acuerdos puntuales suena a soborno, puro y duro. Pero no es soborno, es legítima defensa ante un mozo que estropea todo lo que toca.

Y que es capaz de hacer daño, mucho daño, del económico y del importante. Y que ya ha empezado a hacerlo.

No sé si son peores o mejores. Ser peor que Carles es muy difícil. Y además, ‘los otros’ están aquí y no voy a echarles. Pero este se escapó. Uno menos

Y que quiere presentarse a las elecciones del 21-D. Y hasta puede ocurrir que haya gente que le vote, en un ejercicio de pseudo patriótico masoquismo basado en mentiras dichas con toda paz.

Como siempre, alguien me dirá que ‘los otros’ son peores.

Mira, no sé si son peores o mejores. Ser peor que Carles es muy difícil. Y además, ‘los otros’ están aquí y no voy a echarles. Pero este se escapó, escondidico en un coche. Pues ya está fuera. Uno menos.

No me lo traigáis, por favor.

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