Pedro Luis Uriarte (Bilbao, 1943) no sólo es un experto en el Concierto vasco sino que es considerado como el padre de la norma actual. Consejero de Economía y Hacienda vasco durante su dura negociación y firma final en 1981, estuvo presente cuando Ramón Trías renunció al mismo para Catalunya. Ahora, en medio del vendaval de ataques al modelo, asegura que éste no es el problema sino la solución al laberinto de la financiación en España.

¿El actual sistema de financiación autonómica hace aguas?

Como consecuencia de su aprobación y aplicación en años de crisis, las comunidades de régimen común y muy en especial Catalunya tienen por delante el desafío de resolver un problema financiero de singular magnitud: en estos momentos deben al Estado 216.380 millones de euros, una cifra mastodóntica que obviamente no van a poder pagar.

Y en medio se ha levantado una corriente de críticas al Concierto y el Cupo.

Son dolorosas, injustas y, además, humillantes. Hay una exageración interesada: la economía vasca sólo representa el 6,1% de la española y su población el 4,66% por lo que, en contra de lo que se ha proclamado, Euskadi no tiene dimensión suficiente para desestabilizar España. Lo que pague o no pague por Cupo tiene un impacto mínimo para el Estado y nulo para las demás comunidades.

Con un Concierto mejoraría la situación financiera de Catalunya y podría llegar a ser independiente en este campo”

¿Ha influido la crisis catalana en estos ataques?

Por supuesto, y muy negativamente. El problema con Catalunya ha provocado en España una reacción emocional de fuerte rechazo al nacionalismo y éste se ha extendido a cualquier elemento diferencial. Al coincidir ese tenso clima con la aprobación del Cupo se ha querido crear artificialmente una ciclogénesis explosiva.

Dice que es un gran error.

Es un fallo muy grave desde la perspectiva española porque se ataca al vínculo más sólido que une al País Vasco con el Estado desde hace 140 años. Estamos hablando de algo muy valioso, la estabilidad. Deteriorarla es jugar con fuego y, al final, el que lo hace, se quema.

Ciudadanos es el más ferviente crítico. ¿A qué se debe su posición?

Como no la entiendo ni la comparto, y además no soy ningún político, me remito a lo que ha señalado el exministro Alfonso Alonso, presidente del PP vasco: ha emergido una corriente que él califica de nacionalismo español y que personifica Ciudadanos.

En el País Vasco sin embargo es una fuerza que no tiene apenas arraigo.

Solo posee dos cargos en Euskadi entre los más de dos mil que existen y ninguna presencia en el Parlamento vasco. Por lo tanto, a diferencia de lo que ocurre en Catalunya, ni está ni se le espera. No tiene por tanto nada que perder y dar leña a los nacionalistas vascos que están robando con su Cupo a la pobrecita España da muchos votos.

Una parte de la sociedad catalana está ahora instalada en la ‘A’ y la otra en la ‘Z’: el Concierto sería la ‘M’, en medio”

Usted dice que detrás de todo está también una reforma constitucional recentralizadora. ¿A qué se refiere?

Es una intuición personal. Deduzco que se está comenzando a construir una pista de aterrizaje para orientar una futura reforma en esa dirección. Ahí podrían estar confluyendo Ciudadanos, la corriente del PSOE que encabeza Susana Díaz y los históricos de este partido y la del PP orientada por FAES.

¿Un camino para reducir las autonomías?

Todos ellos pueden coincidir en que hay que acortar la pista autonómica con una reforma constitucional en la que se recorte lo que se califican de excesos como, por ejemplo, en el campo de la educación, y se petrifique la sacrosanta igualdad. Ahí tenemos el forúnculo del Cupo.

¿Es cierto que el Concierto no es solidario?

No sé cómo se puede decir algo así si Euskadi paga el 6,24% de los gastos del Estado y este porcentaje es superior a lo que pesa su PIB sobre el estatal y, sobre todo, a lo que representa su población. Euskadi aporta un 33% más de lo que le correspondería por población. Y no es una decisión de los vascos, se pacta con el Estado.

Luego está el tema del Fondo de Compensación Interterritorial.

Se insiste en que el País Vasco solo contribuye a éste y que es muy bajo. Puede que lo sea, pero esa es una decisión exclusiva del Estado. Si fuera 100 veces más grande, Euskadi tendría que pagar el 6,24% de esa cantidad.

Pedro Luis Uriarte, exconsejero de Economía vasco y experto en el Concierto Pedro Luis Uriarte, exconsejero de Economía vasco y experto en el Concierto (Óskar González)

Urkullu planteó la posibilidad de extender el Concierto a otras comunidades. ¿Sería factible?

Desde una perspectiva técnica, sí. Lo prueba el hecho de que Bizkaia y Gipuzkoa, cuyas economías son más complejas que las de varias comunidades, pusieron en marcha sus Haciendas Forales en 1981, 43 años después de que Franco se lo retirara por no apoyar su golpe.

Técnicamente entonces sí, ¿pero desde el punto de vista político?

Hoy, y subrayo esa palabra, está claro que los principales partidos españoles no están por la labor, pero todos sabemos que la política es mudable. Existe además un obstáculo formal, una interpretación del Constitucional de 1987 determinó que los Derechos Históricos de los Territorios Forales que ampara y respeta la Constitución se ciñen exclusivamente a los de Álava, Gipuzkoa, Bizkaia y Navarra.

¿Otras regiones aceptarían el modelo?

A juzgar por los desplantes que ha sufrido el lehendakari tras sugerirlo, parece que esa idea no gusta. No sé por qué se rechaza esa posibilidad. Quizá sea porque la vocación autonómica es muy diferente entre las distintas comunidades. En Euskadi sería impensable encontrar un porcentaje significativo de su población que aspirase a una devolución de competencias al Estado o que apostase por una mayor centralización.

¿Sería positiva esa expansión del Concierto?

No solamente no sería un disparate extenderlo sino que podría ser conveniente siempre que se pacto con el Estado y lo aprueben las Cortes. Por supuesto, requeriría establecer, en paralelo, un modelo adecuado para garantizar el principio de solidaridad transparente y bien definido.

¿En qué sentido sería positivo?

En primer lugar, la extensión del Concierto permitiría que las comunidades de régimen común se liberasen del actual modelo de financiación, un modelo pésimo que ha tenido consecuencias tremendamente negativas para la financiación de los servicios públicos fundamentales. Me refiero a la educación, la sanidad y los servicios sociales. Una situación que se ha convertido en explosiva.

¿Qué ventajas tendría?

Para empezar, la concordancia entre el gasto y el ingreso públicos. En estos momentos las comunidades de régimen común tienen un nivel de responsabilidad fiscal muy bajo: quien recauda los impuestos es el Estado y, en cambio, quien realiza el gasto son las comunidades. Esa discordancia entre los titulares del ingreso y del gasto público no existe en el Concierto; la responsabilidad fiscal de los territorios vascos es total.

Los impuestos repercutirían más en los ciudadanos.

Sí, se produciría una mayor concordancia entre el nivel de ingreso fiscal ‘per cápita’ y el de gasto público ‘per cápita’. Parto del supuesto de que se establecería algo parecido al principio de ordinalidad: una comunidad que figure arriba en el ranking de ingreso fiscal no puede ocupar una posición inferior en el del gasto público.

El actual modelo de financiación ha tenido consecuencias tremendamente negativas para los servicios públicos fundamentales”

¿Cómo cree que se valoraría que se reconociera un Concierto en Catalunya?

Ahora, una parte significativa de la sociedad catalana está instalada en la A y la otra en la Z. Pues bien, el Concierto lo podríamos situar en la M, en medio.

¿Qué ventaja tendría el Concierto para Catalunya?

Por de pronto, cumplir con la aspiración legítima de contar con un pacto fiscal. Hay que recordar que esa petición fue aprobada por el Parlament en julio de 2012, aunque el Gobierno rechazó esa posibilidad. No hay que despreciar el valor político del Concierto pues se fundamenta en dos principios: bilateralidad y pacto.

Defiende que le daría mayor capacidad financiera.

Sí, la garantizaría asumiendo que no solo cuenta con fuertes capacidades de recaudación sino que además el modelo vasco de Concierto obliga a recaudar. Se aplica un dicho popular muy conocido: “Yo me lo guiso, yo me lo como”. La actual situación financiera de Catalunya mejoraría a largo plazo y, paso a paso, podría llegar a ser en este campo prácticamente independiente del Estado.

Esa autonomía implica también mucha responsabilidad.

Solamente se convierte en bienestar para los ciudadanos si se puede garantizar la misma capacidad de gestión y la mínima corrupción que han acreditado las instituciones vascas en las tres últimas décadas. Con el Concierto en la mano hay que demostrar cualificación. No dudo que Catalunya la tiene.

¿Fue un error ese rechazo de Catalunya en 1980?

Con los datos que hoy tenemos y comparando la muy diferente situación de Catalunya y Euskadi, claramente lo fue. Pero ahora es muy fácil juzgar. Sin embargo, la gravísima situación en la que todos vivíamos en 1980 hace comprensible que Ramon Trias Fargas rechazara el ofrecimiento del Concierto que se le hizo.

Una apuesta arriesgada que en el caso vasco a la larga le ha salido bien.

La vida te enseña que lo que aparentemente son argumentos racionales para rechazar un camino, como no correr el riesgo de recaudación en una situación económica gravísima o no asumir el costo político de gestionar impuestos y recaudar cuando las instituciones catalanas estaban comenzando a andar, no siempre son acertadas. Catalunya ha pagado en los últimos años el precio de renunciar al Concierto.

El País Vasco también pagó esta autonomía tan amplia.

No pensemos que Euskadi transitó por un camino de rosas. Tuvo que superar años durísimos y solo pudo comenzar a sacar la cabeza del agujero a partir de 1995. En 1981 apostamos, en situación crítica, por un autogobierno profundo. En paralelo, aquel Concierto y la revolucionaria metodología de Cupo hicieron necesaria una gestión institucional impecable. Treinta y seis años después, es evidente que Euskadi acertó.

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