En una entrevista, le hablaron a Benicio del Toro de lo bien que le habían ido siempre las cosas, y él contestó: “¿Que me han ido siempre bien? ¡Muchacho!”

El “¡muchacho!”, dicho con un cierto aire de displicencia, encierra una verdad llena de verdad. De sabiduría, por tanto. Demuestra que este hombre vive en la realidad y que no se cree eso de que es un ‘winner’, un ganador, un ser que convierte en oro todo lo que toca, como le pasaba al pobre rey Midas, que por convertir todo en oro resulta que no podía comer nada.

El ‘winner’ no existe. Lo he repetido muchas veces. Existe el que triunfa hoy, fracasa mañana, empata pasado… y sigue. Lo más importante es el “y sigue”.

No hay ningún futbolista que siempre esté bien. Ni Messi. Ni Ronaldo.

No hay ningún cantante que nunca suelte un gallo.

No hay un solo torero al que no le coja el toro, por descuido.

No hay un solo empresario al que no le salga mal un negocio.

No hay ningún político que no diga una tontería cuando no tiene que decirla

Y como estamos en campaña electoral en Cataluña, y casi también fuera de Cataluña, añado: no hay ningún político que no diga una tontería cuando no tiene que decirla.

(Digo “fuera de Cataluña” porque hace unos días hablé con dos amigos en Madrid. Los dos, habitualmente mejor informados que yo, me preguntaron lo mismo: “¿Cómo ves la situación en Cataluña?”)

Cada vez me convenzo más de que la humanidad está llena de gente normal, que hace cosas normales, que se dividen en dos: las que salen bien y las que salen mal.

Pensándolo bien, no acabo de estar seguro de que la humanidad esté llena de gente normal, porque hay muchos que hacen muchas cosas anormales, muchas veces, y pretenden convencernos de que lo anormal, hecho muchas veces, se convierte en normal, en lugar de convertirse en anormal frecuente, que es muy distinto.

Hay muchos que hacen muchas cosas anormales, muchas veces, y pretenden convencernos de que lo anormal, hecho muchas veces, se vuelve normal

Se me ocurre hacer un juicio sobre figuras públicas. Nadie me lo ha pedido y muchos pensarán que no tengo derecho a juzgar a nadie. Como esto es verdad, me escapo asegurándome que no juzgaré sus intenciones ni sus razones, buenas o malas, para obrar así. El orden en que les he puesto es tal como se me han ido ocurriendo. No hay ninguna intención sibilina poniendo a Rajoy el primero y a Sánchez el último.

1. Mariano Rajoy. Me parece un buen gobernante. Es gallego, lo que quiere decir muchas cosas. No me importaría que repitiera.

2. Una serie de personas en el PP. No me gustan. Llevo muchos años viendo a Javier Arenas y otros parecidos y me parece que no pueden aportar cosas nuevas al partido.

3. Bárcenas, Rato, etc. Como ya les están juzgando los profesionales de juzgar, me callo. Bárcenas me cae bien porque es el padre de Willy, el de Taburete.

4. Iceta. Me parece majo (es mi principal piropo), sobre todo después de su autodefinición como “calvito, gordito, bajito y gay”. No me hace gracia lo de gay, pero mezclado con lo demás, se disimula un poco. Leí una entrevista que le hicieron y me gustó. Me parece que discurre bien.

5. Arrimadas. Parece que tiene futuro político. También le cae bien Iceta.

6. García Albiol. Los muy altos tienen que acertar siempre. Se les ve demasiado. No acierta siempre, cosa que me pasa con frecuencia a mí, que no soy tan alto.

En mi casa, votarán todos, cada uno al partido que quiera y sin hablar del tema, porque -heredado de mi suegro- no hablamos nunca de política

7. Puigdemont, etc. Ver mis artículos sobre el Catexit, desde el I hasta el XXVI. Allí están mis juicios sobre todos ellos. Me parece que el daño que están haciendo a Cataluña es inmenso, en lo económico, en lo social, en todo. Hablando con un vasco que sufrió lo que sufrió en Euskadi, me decía: “Lo del ‘cuanto peor, mejor’, ya lo he visto antes”.

8. Unos cuantos: Iglesias, Gabriel, etc. Saben decir NO de maravilla. Construir, lo que se dice construir, les cuesta más. Me parece que tienen complejo. Si se visten bien, creen que cambian de clase social. Anticuados.

9. Pedro Sánchez, con buena pinta y también con un cierto complejo que le lleva a ponerse un jersey rojo en un funeral. Un poco acelerado. Querría redactar una nueva Constitución, con plurinacionalidades y todo, aprovechando el puente de la Inmaculada.

10. Albert Rivera. Supe que tenía futuro político en una cena del Premio Planeta. Le habían puesto en la mesa de presidencia. El año anterior, estaba en mi mesa, donde los demás continuábamos, sin ascender.

11. Quizá me dejo alguno, pero no se me ocurre ahora.

Se acercan las elecciones del 21-D. Votaré, seguro. Y en mi casa, votarán todos, cada uno al partido que quiera y sin hablar del tema, porque -heredado de mi suegro- no hablamos nunca de política.

No sé todavía a quién votaré. Por supuesto, sé que a los mozos del punto 7 no les voto, ni jarto de vino.

Uno tiene sus principios.

P.S.

1. Barto era un profesor del IESE, que falleció hace unos años. Una persona de gran categoría.

2. Admiraba a Picasso. Veía todas sus virtudes humanas: su pasión por el trabajo, mucho y bien hecho; su capacidad para hacer amigos, su simpatía, su afán por reinventarse continuamente…

3. Luego decía: “Aí, pero…” Porque don Pablo tenía sus cosas (como todos, por cierto).

4. Y remataba: “Menos mal que es Dios el que le tiene que juzgar“.

5. Pues sí.

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