“Inevitable”. “Previsible”. Son algunos adjetivos que tanto personas cercanas a Carlos Sánchez Mato como a Manuela Carmena han utilizado este lunes para describir el cese de funciones del concejal de Economía y Hacienda. Se veía venir “desde hace tiempo” por una serie de desencuentros políticos pero también por una cuestión de formas. No se entendían, explican unos y otros. “Si no era ahora habría sido hace un mes o dos”, consideran algunos miembros del Gobierno municipal.

“Carmena es más institucional y evita el enfrentamiento, mientras que Sánchez Mato confronta más y este estilo no le acaba de gustar a alcaldesa”, aseguraban ya hace meses a eldiario.es fuentes cercanas a la regidora que consideran que Carmena ha hecho “muchos esfuerzos para mantener al concejal” y que “los hubiera seguido haciendo si no existiera una incompatibilidad tan grande como ser el concejal de Hacienda y no apoyar las cuentas del equipo de Gobierno”.

Otras fuentes consultadas de miembros del equipo de Gobierno aseguran a este diario que esta decisión “se sabía desde hace semanas”. “Estaba sobre la mesa una reestructuración de Gobierno aunque se pensó para más adelante”. El desencuentro entre la regidora y su concejal venía por muchos “malentendidos” pero también algunas actuaciones del edil que “rompieron la confianza”, aseguran estas mismas fuentes.

Que Carmena no le gustaba el “estilo por la confrontación” que Sánchez Mato tomó en este asunto es algo que la propia alcaldesa manifestó recientemente el pasado 9 de noviembre en el día de la Almudena y también en una reciente entrevista en eldiario.es. “Ha habido veces que determinadas manifestaciones orales de unos y de otros concejales he entendido que no eran las más adecuadas para buscar el diálogo que considerábamos necesario”, dijo entonces la alcaldesa.

Aunque el límite lo ha puesto el Tribunal de Justicia de Madrid: “Se ha llegado muy lejos, más de donde Carmena hubiera querido, pero al final se llegó a un callejón sin salida donde hasta los tribunales habían entrado de por medio”. Se refiere a las cautelares que había impuesto la Justicia paralizando un presupuesto de casi 300 millones de euros que financiaba un total de 577 proyectos de obra pública.

Parece que este escollo ha sido un elemento clave en las negociaciones que se han mantenido los últimos días entre Manuela Carmena e Izquierda Unida para obtener el voto a favor de los ediles de la formación. Según ha podido saber este diario, Carmena y el coordinador federal de IU, Alberto Garzón, hablaron durante la semana y también este domingo, unas conversaciones en las que Garzón pidió aplazar el Pleno al día de las elecciones catalanas.

La alcaldesa no pudo acceder a su petición, aseguran fuentes cercanas a Carmena, por esas mismas cautelares, ya que el Ministerio de Hacienda ligó la aprobación del plan económico en el Pleno a la retirada del recurso y las cautelares y Hacienda impuso este lunes como límite. “Se le dijo que no podía ser porque no había tiempo, se podían perder casi 300 millones de obra, no daba tiempo a esperar porque las obras tenían que estar en marcha antes de que acabara el año”, explican.

Que el plan económico estaba previamente pactado lo dijo la propia alcaldesa y lo han demostrado los hechos. El Ministerio ha dado el visto bueno al plan a escasas horas de su aprobación en el Pleno, a la vez que un representante de la Abogacía del Estado y de los servicios jurídicos del Ayuntamiento presentaban un escrito conjunto para solicitar el levantamiento de las cautelares para el desbloqueo de las obras.

El que ha podido salvarse de la oposición de Izquierda Unida al plan económico ha sido Mauricio Valiente. Aunque la alcaldesa impuso el voto a favor de todos sus concejales sino llegaría su cese, Valiente ha podido sortearlo por dos razones: la primera, que el tercer teniente de alcalde apostaba por el sí y eso a la alcaldesa le constaba. La segunda, que Carmena ha preferido aguantar una vez más un acto que considera de “deslealtad al Gobierno” para evitar problemas mayores.

Una batalla Política y política

La pugna económica entre Hacienda y el Ayuntamiento se ha vivido finalmente como una guerra personal entre Cristóbal Montoro y Carlos Sánchez Mato: una vez se ha quitado a uno de los soldados, se ha sellado la paz entre las administraciones. La diferencia política por la interpretación de la regla de gasto fue la bandera del concejal, aunque las actuaciones del Ministerio han demostrado que Hacienda puso a Madrid en la cruzada por un tema de colores políticos.

La gestión de Carlos Sánchez Mato al frente del área de Economía y Hacienda la describen datos: los más de 2.000 millones de euros menos de deuda desde la llegada de Ahora Madrid al Gobierno de la capital y los 1.000 millones de superávit aumentando a la vez la inversión social. Esas cuentas saneadas salvaron las del propio Gobierno central ante Bruselas.

La cuenta de resultados de Hacienda en la gestión de esta crisis con Madrid contiene muchos negativos. Hasta que han llegado los recortes a las finanzas municipales, el Ministerio ha intervenido unas cuentas que estaban saneadas, ha cambiado el criterio de cálculo de la regla de gasto y ha permitido soluciones a ayuntamientos con déficit que no dejó practicar a la capital. Pero lo que vale es el marcador final: la salida de Sánchez Mato del equipo de Gobierno de Ahora Madrid.

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