“A todos aquellos que huyen de la persecución, el terror y la guerra, los canadienses os damos la bienvenida, sea cuál sea vuestra fe. La diversidad es nuestra fuerza”. Las palabras que el presidente de Canadá , Justin Trudeau , tuiteó hace poco más de un año como reacción a la expulsión de personas de países islámicos de Estados Unidos se le podrían girar hoy en su contra.

Refugiados sirios, iraquíes, iraníes, sudaneses y también habitantes de Haití, El Salvador y Honduras están llegando en masa al país norteamericano como reacción a las políticas anti inmigración del presidente Donald Trump. Los servicios de asilo canadienses están desbordados. Según datos del Immigration and Refugee Board of Canada (el tribunal administrativo que concede el asilo en Canadá), las solicitudes se han más que duplicado en dos años: en febrero del 2016, el tribunal tenía alrededor de 17.300 demandas pendientes por resolver mientras que en febrero de este año, la cifra casi llegaba a las 50.700. Se trata de un número récord, nunca antes registrado y que supera el otro alud del 2001, cuando se acumulaban más de 40.000 solicitudes. Además, esta saturación ha disparado el tiempo para obtener el permiso. Fuentes del IRB confirman a este diario que actualmente, hay que esperar 20 meses de media, cuando la ley dice que el plazo máximo es de 60 días. El colapso que viven los servicios es tal, que este año el Gobierno federal ha tenido que destinar 173 millones de dólares canadienses (110 millones de euros) a reforzar el sistema informático y las patrullas que controlan la cada vez más transitada frontera con EE.UU. El IRB también asegura que de las más de 50.000 solicitudes, 18.150 provienen de personas que han cruzado la frontera de forma ilegal. Se trata de una proporción elevada pero que el IRB no puede comparar con los años anteriores porque no tiene datos.

El servicio de asilo canadiense está desbordado desde que Donald Trump gobierna

Jean-Nicolas Beuze, representante del Alto Comisionado de Refugiados de la ONU en Canadá, explica que “el pico se vivió el verano del año pasado, cuando llegaban unas 3.000 personas al día” y alerta que este año, “los episodios podrían repetirse cuando llegue el buen tiempo”. La causas que explican el fenómeno son diversas. Según el experto, la principal es la política anti inmigratoria de Donald Trump pero también lo son el atractivo que tiene hoy Canadá –como país rico, seguro, abierto y hospitalario– la ineficiencia del Gobierno canadiense –al cual insta a revisar la ley de asilo– y las noticias falsas de las redes, que aseguran que Canadá otorga de forma inmediata los permisos de asilo, cosa que no es cierta.

Pero a pesar de los grandes retrasos en los permisos, Beuze considera que las condiciones de vida de los recién llegados en Canadá son dignas: “Los que cruzan la frontera sólo tienen que andar unos metros; el resto del trayecto se hace en transporte rodado y, una vez se encuentran en suelo canadiense, oenegés y fundaciones privadas (y subvencionadas) garantizan los servicios básicos: alojamiento, comida, servicios sanitarios, asistenciales y escolares”.

Sin embargo, en algunos casos como en Toronto o Montreal, las autoridades ya han mostrado señales de descontento. La concejal Kristyn Wong-Tam del Ayuntamiento de Toronto ha calificado el alojamiento de “absolutamente insostenible” y ha lamentado la insuficiencia del presupuesto federal para dar un servicio digno a los recién llegados. Aun así, Beuze explica que la hospitalidad de Canadá y su gente no ha desaparecido. Así lo remarcaba Wong-Tam, cuando lamentaba la falta de recursos: “No estamos diciendo no a los refugiados, estamos diciendo: sí, venid y vivid en Toronto. Construid la vida en Toronto”. Beuze dice que, de hecho, Canadá es el primer interesado en acoger a inmigrantes: necesita más población y mano de obra para crecer económicamente.

Se han acabado los años de tranquilidad que Canadá disfrutaba al ser un país geográficamente aislado por océanos. La llegada de personas que huyen de guerras, pobreza o desastres a través de su única frontera terrestre, con EE.UU., ha puesto a prueba sus servicios de asilo pero no aun su hospitalidad.

Deja un comentario