Es el punto de encuentro de muchas entidades y el centro neurálgico del activismo izquierdista de la ciudad. Can Capablanca no pasa desapercibido en Sabadell y ha dado cobijo a múltiples proyectos y asociaciones de la ciudad en lo que llevamos de siglo XXI. Nacido en contraposición a la alcaldía de Manuel Bustos, este Casal independentista y Popular cumple ahora 17 años y entra en la madurez con nuevos proyectos.

El nombre tiene su origen en un bandolero sabadellense, que se ocultaba en la montañas y atracaba a sus víctimas de una forma muy peculiar. Extendía su capa en el suelo y se escondía entre los árboles: los caminantes que se la encontraban sabían que tenían que depositar sus pertenencias allí mismo si no querían ser atacados. Los fundadores del casal se basaron en su historia, muy vinculada al respeto hacia la naturaleza y a las raíces rurales de una comarca antaño formada por ganaderos, carboneros y masoveros.

Can Capablanca puede presumir de haber consolidado las bases del movimiento independentista y anticapitalista en la cocapital vallesana, ahora que por primera vez gobierna un cuatripartito izquierdista tras la larga ‘era Bustos’ (1999-2012). Su gestación duró varios años y se formalizó en 2001, cuando levantó la persiana su primera sede en la calle Les Paus. “Vas ocupando espacios y te van echando y al final decidimos tener algo nuestro desde donde poder organizar actos”, comenta Marta Juez, una de las activistas de la entidad.

La entidad cumple 17 años des de su fundación para establecer un espacio de resistencia política en Sabadell La entidad cumple 17 años des de su fundación para establecer un espacio de resistencia política en Sabadell (Josep Blanch)

Las personas que impulsaron la creación de Can Capablanca formaban parte a su vez de otros colectivos, como la Coordinadora d’Associacions per la Llengua Catalana (CAL) o la Assamblea de Joves. De ellos surgieron activistas con inquietudes políticas y ganas de llevar a cabo otras iniciativas para “transformar la ciudad”. “La fundación del Capablanca nos permitió ir avanzando sin quedarnos en los mismos círculos”, comenta Juez.

El Capablanca, además, ha ejercido de incubadora para el independentismo en Sabadell a lo largo de estos años. “En aquellos tiempos ser independentista no estaba muy bien vista”, señala Marta Juez, que recuerda que el Casal ya nació con una ideología marcadamente soberanista. “Al principio era algo muy nuestro”, rememora la activista.

La entidad organiza conferencias y debates en las salas de la calle Comte Jofre La entidad organiza conferencias y debates en las salas de la calle Comte Jofre (Can Capablanca)

La efervescencia que generaba el joven espació pronto desbordó a sus impulsores: “Se nos hacía extraño ver como tanta gente llenaba el local”. Aunque siempre fue un espacio abierto, se popularizó muy deprisa. A los pocos años de abrir la primera base de operaciones, los socios del Capablanca vieron que necesitaban un local más grande para poder gestionar el crecimiento. En 2006 se trasladaron a un almacén de la calle Comte Jofre, en el barrio de Gràcia, donde prosigue el Capablanca en la actualidad.

Un restaurante, clave del éxito

El nuevo local les llevó a montar un restaurante para como herramienta para ensanchar sus bases. “Nos permitía llegar a un público más heterogéneo: desde gente mayor hasta familias y niños”, subraya la activista. El negocio nació con voluntad de autofinanciarse, sin ninguna inyección de recursos de la entidad, y por el momento lo ha conseguido.

Abrieron puertas y pronto se convirtió “en uno de los locales de moda de la ciudad”. “Servíamos menús de mediodía que tenían mucho éxito y los fines de semana no quedaban mesas libres, el local estaba siempre lleno”, apunta Marta Juez. Ahora solo abren por las tardes y han logrado mantener estable la afluencia.

Más allá de Bustos: feminismo, alquileres…

La República catalana no ha sido la única lucha que ha canalizado la entidad. El casal también ha sido la semilla de muchos movimientos populares que surgieron en las calles de Sabadell en contraposición al poder político local. También surgió un movimiento muy activo en defensa de la igualdad entre mujeres y hombres, con la creación del colectivo feminista Justa Revolta. “Ver el otro día las calles llenas de mujeres fue muy emocionante, sobre todo cuando piensas que hace unos años estábamos solas reivindicando la huelga del 8M”, explica.

Durante sus primeros años, la lucha contra el denominado ‘estilo Bustos’ protagonizó gran parte de la actividad política de la entidad, que se sumergió en reivindicaciones como la oposición a la creación de un zoológico en la ciudad o la construcción de un campo de golf. En esos caso el movimiento lo formaban un conglomerado de entidades, pero el Casal “iba más allá llevando a cabo acciones más radicales”.

“Algunas luchas se han universalizado, como es el caso del independentismo; otras regresan, como el tema de los precios de alquiler”, apunta Marta Juez. Para la entidad uno de las mayores éxitos es que parte de los movimientos que nacieron en el seno del Capablanca, han ido tomando forma y ahora caminan de manera autónoma. “Es una especie de ramificación”, celebra el casal.

La Quartera, el ‘spin-off’ de Can Capablanca

La entidad encara ahora la mayoría de edad y vive años de mayor madurez. El actual proyecto estrella de la entidad es La Quartera. En paralelo a las salas donde se realizan los talleres y encuentros asociativos, el Casal ha ampliado sus espacios con un versátil almacén. Sirve de punto de encuentro para la participación ciudadana y acoge actos y conferencias.

Además sirve de despensa para cooperativas de consumo, que dejan aquí sus cestas de alimentos ecológicos y de proximidad, y también de almacén para guardar materiales de entidades sin sede fija. Cuando conviene se adapta como escenario para representaciones teatrales de pequeño formato y se transforma en La Sala Quartera. También permite acoger actos más multitudinarios como la reciente mesa redonda con tres raperos condenados por sus letras: Pablo Hasel, Valtonyc y el sabadellense Elgio.

A día de hoy unos 180 socios sostienen Can Capablanca con sus cuotas. Las luchas iniciales se han emancipado, creando una órbita de entidades a su alrededor. El reto de futuro es ‘envejecer’ sin perder la rebeldía que motivó la creación de la entidad y conectar con la nueva generación de jóvenes sabadellenses ‘post-Bustos’.

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