Sergi Sol (Barcelona, 1970) es la mano derecha de Oriol Junqueras. Lleva trabajando con él desde el 2011 y se ha convertido en uno de los principales estrategas de ERC. Sol es también autor de  Oriol Junqueras, fins que siguem lliures (Ara Llibres) en el que da su versión del otoño político más convulso que se recuerda en Catalunya.

El libro no lo ha escrito Junqueras pero de todo lo que se ha publicado hasta ahora –que no es poco– es la exposición más aproximada a lo que piensa el líder de ERC sobre las tensiones en el anterior Govern, la celebración del 1-O, las elecciones impuestas por el artículo 155 y las dificultades posteriores para configurar una nueva alianza con Carles Puigdemont.   

Oriol Junqueras escribió  un artículo en 2014 en el que recordaba que Sócrates habría podido escoger el exilio pero que se encaró con aquellos que lo condenaban. ¿Significa eso que el líder de ERC hacía tiempo que pensaba que algún día podría acabar en la cárcel?

Es posible que él pensase que a medida que se iba avanzando se asumían costes. Siempre explico que en Euskadi la dinámica acción-represión estaba muy interiorizada y allí la cárcel estaba naturalizada. En Euskadi hacía 30 años que entraba y salía gente de la prisión. En Catalunya, no. Aquí no teníamos este contexto. Lo que tiene valor es que a medida que todo va avanzando, lo que podía ser una posibilidad cada vez es más una probabilidad, casi una certeza. Y no se echan atrás. ¿Alguien se podía imaginar que Quim Forn acabaría en la cárcel? Ni él ni Junqueras venían de esa cultura política.

Al principio pensábamos que tendría costes más crematísticos, que expropiarían el patrimonio, que habría inhabilitaciones, pero nunca pensé que estarían un año y medio en la cárcel sin juicio. De todos modos, Junqueras explica que el poder español siempre funciona así. Existe una estructura del Estado que siempre le lleva a escoger la peor de las opciones.

Junqueras lo ha vuelto a repetir esta semana en una entrevista en  Le Figaro y Puigdemont no se lo ha tomado nada bien.

Oriol tomó la mejor decisión y está y estaba convencido de ello. Pero también entiende perfectamente el exilio. También es una opción respetable e igualmente válida. Los presos validan a los exiliados y estos han hecho y hacen una gran labor que deja en evidencia la sinrazón de Llarena y la actuación arbitraria de un aparato judicial al que inspira la extrema derecha. Oriol sabe que el exilio también es una prisión.

En el libro defiende que “contraponer presos y exiliados ha sido un ejercicio lamentable”. ¿ERC no ha contribuido también a fomentar esta comparación?

No. Y si se hubiese hecho sería un error. Todas las decisiones son respetables y comprensibles. Al final lo que cuenta es que, pese a que no hubiese una estrategia pensada para que fuese así, la existencia de unos presos pone en evidencia la salvajada del Estado, prueba la represión y valida los exiliados. Se ha comprobado cómo los jueces de aquí han cometido un abuso de derecho puesto que en otros países por el mismo motivo la gente está en la calle. Las resoluciones judiciales que han logrado los exiliados acabarán favoreciendo a los presos que juzgarán ahora.

¿Cuál fue su impresión cuando visitó por primera vez a Junqueras en la cárcel?

Es un shock porque, además, por su cultura política aún cuesta más de entender. Este proceso no se parece en nada a otros conflictos en los que ha habido violencia. Él en esto siempre ha sido muy claro. La llamada vía catalana nunca ha incluido ningún escenario violento. Por eso verlo ahí dentro te provoca rabia y piensas que lo que quieren es hacer daño.

En el libro repasa el 1 de octubre y también las semanas posteriores. ¿Considera que la actitud que tuvo ERC cuando Puigdemont propuso convocar elecciones se ha entendido?

Yo no sé si se ha entendido bien o no. Lo que sí sé es que fue un mes muy complicado y todo el mundo tomó en cada momento la decisión que consideró que era la mejor. Siempre pueden hacerse consideraciones y todo el mundo tuvo dudas pero hubo buena voluntad.

Visto en perspectiva una de las conclusiones es que los dirigentes independentistas llegaron agotados a esos días.

Sí, agotadísmos. Física y psicológicamente. Las decisiones que había que tomar eran tremendas. Puigdemont suspendió la declaración del 10 de octubre porque pensaba que era un gesto conciliador para facilitar una mediación. A toro pasado es más fácil opinar pero estoy convencido de que lo hizo pensando que era lo más conveniente.

Ha escrito que el mundo nacionalista construyó un relato que convertía a Junqueras en poco menos que un cobarde o un traidor. Incluso habla del “nacionalismo tabernario”. ¿Qué es el nacionalismo tabernario?

Es el que se expresa con permanente acritud y con un punto profundamente injusto. Se ha insinuado que Junqueras tenía pactos con el Estado cuando le piden 25 años de cárcel.

¿Se refiere a políticos o a las redes sociales? ¿A quién atribuye esas insinuaciones?

Las responsabilidades son transversales. Le hago una pregunta: ¿Usted nota más la crispación en la calle o en las redes sociales?

Hay más crispación en las redes sociales.

Entonces, parece evidente que si la crispación que hay en las redes se trasladase a la calle no estaríamos mejor.

Desde algunos partidos y medios se ha insistido en la idea de que Junqueras era el bueno porque se ha quedado y Puigdemont es el malo porque es el que se fue.

Hay maldad en muchas de las cosas que se están diciendo. Unamuno ya lo explicó en su momento y también ahora la mayoría de los medios editados en Madrid solo contribuyen a crisparlo todo. ABC, El Mundo, La Razón…incluso hay un momento en el que parecía que El País estaba compitiendo con El Mundo.

Tanto Junqueras como ERC apelan siempre a los electores progresistas del resto de España y les insisten en que son sus aliados. ¿Han notado un mayor apoyo?

Es de agradecer algunos de los gestos de Podemos. Ojalá en España hubiese más gente de Podemos aunque después lo que dicen no siempre se acaba traduciendo en hechos. En cambio, en el caso del PSOE es una decepción tras otra. No estoy afirmando que no haya gente del PSOE que lamente lo que está pasando pero tiene a gente como Susana Díaz, el PSOE extremeño o a Borrell diciendo lo que dicen.

Borrell podría ser perfectamente de Ciudadanos. ¿Qué diferencia hay entre Borrell y Albert Rivera? Borrell miente y no pasa nada. Imagínese que Joan Tardà se hubiese inventado un escupitajo en el Congreso. ¿Qué le hubiesen dicho? Lo que pasa es que la mayoría de los medios editados en Madrid tienen una actitud tan militante contra el independentismo que puede hacer lo que quiera. Borrell es un militante enloquecido contra el independentismo con patente de corso para hacer cualquier tontería. Actúa como un tertuliano grosero. ¿Acaso hay alguien más reaccionario que Josep Borrell?

Otra de las afirmaciones que llama la atención en su libro es que advierte de que las proclamas épicas sin ninguna estrategia no conducen a nada. ¿Cree que el Govern de Torra tiene una estrategia, que sabe a dónde va?

Estamos en una fase complicada porque es de tránsito. Has intentado subir el Everest, has conseguido llegar más lejos que nunca y ahora estás pensando cómo debes seguir ahora. Estamos en un impasse.

Un impasse que nadie sabe cuánto durará.

No se sabe porque depende de muchos factores.

En todo caso usted defiende que el independentismo debe madurar una estrategia plausible. ¿JxCat comparte este mismo objetivo?

Me gustaría pensar que sí. Creo que en privado son bastante más razonables.

¿Cómo interpreta esta presión de JxCat para que ERC se avenga a configurar listas unitarias en Barcelona y en las elecciones europeas?

No puede ser que la invocación a la unidad venga de alguien que lleva un bate de béisbol en el que se lee unidad. Y pide unidad mientras te va dando. Otra perversión es pedir que se regrese a la estrategia de Mas en el 2015 cuando el independentismo tenía que arrollar y se quedó en el 39% de los votos. ¿Cómo vas a construir una república con el 39% de los votos? Es inviable. Por lo tanto hay que buscar otra fórmula que permita maximizar los resultados. En las últimas elecciones cuando nos presentamos por separado superamos el 40%.

Joan Manel Tresserras, que es uno de los ideólogos de ERC, defiende que la Catalunya pura es enemiga de la Catalunya libre. ¿El problema es que en el independentismo no todo el mundo lo tiene tan claro como ERC?

Y seguramente la posición de ERC es fruto de una evolución. Estoy convencido que hay mucha gente que aunque no lo diga está de acuerdo con esa afirmación. Cuando leo los documentos actuales de la CUP hablan de referéndum. Otra cosa es que después no lo verbalicen. Cuando hablo con el president Puigdemont veo que tiene claro que hay que regresar a la pantalla del referéndum. Otra cosa es cómo tenemos que llegar a esta pantalla.

Usted es de los que habla con el expresident. ¿Qué quiere Puigdemont?

Es una pregunta que debería responder él. Sé que quiere lo mismo que Junqueras y es una república. Otra cosa es que discrepemos en cuál debe ser el camino. En ERC creemos que cualquier política frentista nos lleva en el mejor de los casos al empate infinito. Por lo tanto, o somos capaces de avanzar por donde es más difícil o estaremos siempre igual. La victoria del independentismo en el 21–D fue gracias al avance de ERC en el área metropolitana.

En su libro también advierte de que el principal peligro que tiene el independentismo es perder la centralidad y caer en la precipitación. ¿Existe el riesgo de que si las sentencias del 1-O son condenatorias se produzca esa precipitación?

Si la sentencia fuese condenatoria la respuesta debe ser cívica y ejemplar. En estos momentos no sé cuál debe ser pero es evidente que no nos podemos quedar de brazos cruzados. La gente tiene derecho a protestar. Como decía Manuel Pedrolo hay que protestar incluso cuando no sirve para nada.

Pero yo no le preguntaba por lo que pueda hacer la gente en la calle sino por cuál debe ser la respuesta que den los partidos.

No lo sé. El president Torra en algún momento había comentado que tal vez habría que convocar elecciones. Pues tal vez tiene razón y hay que convocar unas elecciones para expresar ese rechazo. De todos modos, como dicen Junqueras, Raül Romeva o Carme Forcadell, si ya estamos dando por hecho que habrá una sentencia condenatoria estamos poniendo muy barato el precio de la sentencia. Lo que hay que evitar es hacer propuestas que solo sirvan para dar argumentos a los que están a favor de la represión.

En su relato de lo que pasó en los últimos meses de la anterior legislatura usted es muy prudente a la hora de opinar sobre los políticos sean de su partido o de otros. Por eso llama la atención que hable de la “ambición desaforada” disfrazada de lealtad de Santi Vila. ¿Es una percepción que tuvo siempre o solo al final?

La había tenido siempre. Nadie, tampoco muchos consellers de su partido, entendía qué hacía en ese Govern, Pero también es cierto que Santi Vila nunca escondió que no estaba de acuerdo con todo esto.




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