La elección de Miguel Díaz-Canel como Presidente del Consejo de Estado en Cuba representa un hito en la historia de la Revolución Cubana liderada por Fidel Castro que comenzó el 1 de enero de 1959. Después de Fidel llegó su hermano Raúl y ahora, por primera vez asume alguien que no sólo no participó de la revolución, sino que nació en 1961 cuando ésta consolidaba su carácter socialista. Para comprender el relevo en Cuba NODAL conversó con Aurelio Alonso, uno de los más prestigiosos intelectuales cubanos, subdirector de la conocida revista Casa de las Américas y Premio Nacional de Ciencias Sociales y Humanísticas 2013.

¿Qué representa la elección de Díaz-Canel como presidente de Cuba?

En el sistema político cubano uno de los retos de liderazgo es la dirección exitosa de una provincia, esfera de poder en la cual la gestión partidaria define, en la práctica, toda la vida económica, política, social y cultural. Díaz-Canel tuvo un desempeño exitoso, sucesivamente, en dos de las provincias más importantes después de la capital. Le siguió un desempeño acertado como ministro y de ahí a la Vicepresidencia. Ha sido lo que el mundo sajón del espectáculo llamaría “a rising star” (una estrella en crecimiento). Pero en el sistema cubano la elección no puede evaluarse según los esquemas de la democracia liberal. Para nosotros lo más importante en esta elección no es el nombre (y no es que no lo sea), sino el hecho de que tiene lugar un paso de batuta generacional.

“La época de los héroes en la política no es ésta”

En Cuba el Jefe de Estado lo es de un órgano colegiado (el Consejo de Estado), que funciona como una instancia por encima de la jefatura personal, y a la vez se subordina a otro órgano colegiado mayor (la Asamblea de diputados) con facultad incluso para sustituirle en una sesión plenaria, si llegara a considerarlo necesario. Por primera vez se abre una legislatura que pondrá a prueba esta relación entre la responsabilidad colegiada y la personal sin figuras centrales que tengan la ascendencia ética de provenir de la generación que condujo la lucha revolucionaria. No solo es un desafío para el Presidente sino para toda esta legislatura que tiene que enfrentar además cambios decisivos. No los que Washington aspira a que se den en Cuba, pero sí los que han logrado una primera versión en documentos discutidos con amplitud y aprobados, pero que se ven atascados por cierto inmovilismo burocrático.

A nivel internacional Díaz-Canel no es una figura muy conocida, ¿por qué se lo elige? ¿Quién es?

Las figuras cubanas muy reconocidas internacionalmente pasan a la historia con la generación saliente. La época de los héroes en la política no es ésta. No es que no volvamos a tener próceres, pero en un país cuyo esfuerzo educacional ha producido tantos expertos, como es el caso de Cuba, habrá a mi juicio un reordenamiento en la composición de las responsabilidades políticas en este plano. La presencia internacional de la clase política será ya más a través de los cancilleres y los ministros más vinculados a la esfera internacional (una presencia más bien profesional). Y más allá de la política, la del arte, la ciencia y el deporte. Al menos lo pienso así yo.

¿Representa una nueva generación? ¿Está en contacto con jóvenes que nacieron después de la revolución y tienen otras inquietudes, muchas veces ligadas al consumo?

Claro, la generación que accede ahora a la máxima dirección es otra pero ya no es joven, debido a la longevidad de la presencia de los actores históricos en la cúpula política. Por eso no puede ser calificada como joven. Es mucho menos joven incluso que la generación histórica cuando ésta asumió el poder en 1959. La extensión del liderazgo que concluye dejó un legado indispensable de soberanía, resistencia, justicia social y otras realizaciones sustanciales, y también efectos conservadores generados casi siempre en los mandatos muy extendidos, que suelen convertirse en obstáculo para el desarrollo crítico requerido.

Por tal motivo el primer cambio que recuerdo que Raúl reconoció como necesario fue el de la limitación de los cargos electos a un mandato de cinco años y otro igual por reelección. Y aun sin estar recogido en la Constitución, decidió aplicarlo a su caso personal y abandonar la jefatura en estas elecciones. Pienso que a partir de este mandato se hará también más fluido el intercambio y la frecuencia del relevo generacional.

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