Al salir del pasaje peatonal donde se ubica el aparthotel de Berlín en el que Carles Puigdemont ha fijado su residencia en la capital alemana, lo primero que se ve, en la acera de enfrente de la calle con tráfico rodado, es un fragmento del muro de Berlín.

Estamos en el distrito de Charlottenburg-Wilmersdorf, en el oeste de la ciudad, y ese trozo de muro fue colocado ahí el año pasado por una inmobiliaria, tras ser decorado por un colectivo de artistas jóvenes. Es el único elemento de adorno de la Lietzenburger Strasse, una calle que ejerce de frontera entre los dos barrios –en total tiene siete– que dan nombre al distrito. Al norte queda Charlottenburg, al sur Wilmersdorf.

El aparthotel Adagio está en un pasaje discreto y ofrece 133 apartamentos con cocina y baño de entre 22 y 54 metros cuadrados

En esta zona abundan los despachos de abogados y de notarios, y ahí cabe buscar el motivo por el que el expresident de la Generalitat se ha instalado, junto a su amigo el empresario gerundense Josep Maria Matamala, en el aparthotel Adagio de la Lietzenburger Strasse.

Desde ese alojamiento le bastan diez minutos a pie para plantarse en el despacho de su abogado, Wolfgang Schomburg, que se encuentra en Kurfürstendamm, la famosa avenida trufada de tiendas de marca, teatros y cafés elegantes, y ahora también de turistas en cada vez mayor cantidad. Los letrados Wolfgang Schomburg y su hijo, Sören Schomburg, que llevan la defensa de Puigdemont, ejercen en el bufete Ufer-Knauer, especializado en Derecho Penal, que tiene otras dos oficinas, en Munich y Frankfurt.

El despacho de su abogado está a 10 minutos a pie, en la famosa avenida Kurfürstendamm, trufada de tiendasmarca, teatros y cafés elegantes

El aparthotel Adagio está en un pasaje discreto, y dispone de aparcamiento. Según informa su página web, ofrece 133 apartamentos con cocina y baño, de dos tipos: de 22 a 25 metros cuadrados para hasta dos personas, y de 45 a 54 metros cuadrados para un máximo de cuatro personas. En función de la temporada, los precios rondan entre 100 y 215 euros la noche, pero también pueden ser más bajos. Los clientes pueden alquilar bicicletas, un medio de transporte popular en Berlín, ciudad llana, sin desniveles que hagan especialmente duro pedalear.

En el entorno hay más hoteles y varios restaurantes, además de tiendas de comestibles donde aprovisionarse. “¿Puigdemont? ¿Quién es?”, reaccionan las cajeras del supermercado de una gran cadena en una calle muy próxima, cuando esta cronista les pregunta si saben del nuevo vecino catalán del barrio, prófugo de la justicia española y pendiente de que el Tribunal de Schleswig-Holstein decida sobre su eventual extradición. Tampoco las reponedoras han oído hablar de él.

En los alrededores del alojamiento de Puigdemont hay cosas que ver. En Wilmersdorf, a un tiro de piedra del aparthotel, está la Ludwigskirche, una iglesia católica de ladrillo rojo regentada por franciscanos. Se halla en una plaza arbolada con una fuente y parterres floridos, rodeada de restaurantes y terrazas, entre ellos el Weyers, con cocina alemana, y el Route 66, que los domingos sirve un brunch americano de órdago.

El pasado fin de semana, la esposa de Puigdemont y sus dos hijas viajaron desde Girona para visitarles

El pasado fin de semana, la esposa de Puigdemont, Marcela Topor, y sus dos hijas, junto a la mujer de Matamala, viajaron desde Girona para visitarles, y pasearon por las proximidades.

También muy cerca, en Kurfürstendamm, se puede visitar el popular museo privado The Story of Berlin, que relata 800 años de historia de la ciudad, y cuyo búnker antiatómico, herencia de la guerra fría, tiene gran tirón para los turistas. En caso de emergencia bélica, el búnker habría podido alojar a un máximo de 3.600 personas durante dos semanas, en esta zona que formaba parte de Berlín Occidental durante la división de la ciudad.

Casi al lado de ese museo está la Maison de France (instituto francés), que tiene un cine donde se proyectan películas en ese idioma. Y también muy cerca, en la deliciosa Fasanenstrasse, se encuentra el museo de Käthe Kollwitz (1867-1945), la escultora alemana que mejor modeló el dolor de las dos guerras mundiales y la miseria de las clases menesterosas.

Desde el aparthotel queda también a poca distancia –en coche serán unos cinco minutos– el hotel en el que Puigdemont se reunirá hoy con el grupo parlamentario de JxC. Sus diputados viajan ahora a Berlín como antes volaban a Bruselas.

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