Un campo magnético descomunal. Un campo gravitatorio que tampoco se ajusta con precisión a las predicciones. O un sinfín de pequeños ciclones arremolinándose en las regiones polares son algunos de los fenómenos “inexplicables” descubiertos a través de la misión Juno 1 , desde que llegó a Júpiter en verano de 2016.

Ahora, los ingenieros encargados de la nave han expuesto nuevos datos sobre el sistema gravitatorio y el campo magnético del planeta más grande del Sistema Solar, durante la Asamblea General de la Unión Europea de Geociencias que se está celebrando esta semana, en Viena.

Ninguna nave se había aventurado tan cerca de Júpiter como Juno, capaz de aproximarse a 4.200 kilómetros de las nubes más altas de la atmósfera cada 53 días, a pesar de que la intensa radiación que emite el planeta supone un grave peligro para los instrumentos electrónicos.

Su cámara de luz visible, la JunoCam, ya había revelado la presencia de múltiples ciclones en los polos – con diámetros que se extienden desde menos de 50 kilómetros hasta los 1.400-, a diferencia de que ocurre en otros planetas, como Saturno, donde un único vórtice gigantes se cierne sobre cada polos.

Más tarde, nuevas imágenes mostraron que, curiosamente, las tormentas polares de Júpiter se organizan en patrones poligonales. En el polo norte, ocho ciclones rotan de forma ordenada alrededor de un vórtice central. En cambio, en el polo sur, son cinco los ciclones que danzan alrededor de otro en el centro, en formación de pentágono.

En esta ocasión, Juno ha mapeado en tres dimensiones el polo norte de Júpiter. El equipo que trabaja en la misión ha conseguido las primeras imágenes infrarrojas detalladas en 3D que muestran los ciclones y anticiclones presentes en las regiones polares del planeta, gracias a Jovian InfraRed Auroral Mapper (JIRAM) de la nave. Un instrumento que capta la luz que emerge desde el interior de Júpiter y explora el clima hasta 70 kilómetros por debajo de las nubes del planeta.

“Antes de Juno solo podíamos suponer cómo serían los polos de Júpiter”, explica Alberto Adriani, co-investigador del Instituto de Astrofísica Espacial y Planetología de Roma. Ahora, gracias a las mediciones que ha realizado la nave, un equipo internacional de astrónomos ha deducido que esta región está formada por un enorme ciclón central rodeado de otros ocho de gran tamaño, de 4.000 a 4.600 kilómetros de diámetro, en medio de virulentas corrientes atmosféricas y a decenas de grados bajo cero.

Las cámaras infrarrojas se utilizan para detectar la temperatura de la atmósfera de Júpiter y proporcionar información sobre cómo funcionan los poderosos ciclones en los polos de Júpiter. En la animación, las áreas amarillas son más cálidas (y más profundas en la atmósfera de Júpiter) y las áreas oscuras, en cambio, son más frías (y más altas). Aunque en las imágenes captadas por la NASA parezca el mismo infierno, la temperatura más alta es de alrededor de -12ºC y la más baja, de, aproximadamente, -83ºC, según ha publicado la agencia espacial en un comunicado.

El objetivo último de la misión es comprender cuándo y dónde se formó Júpiter en el origen del Sistema Solar y cuál ha sido su historia después. Una información que ayudará a comprender la historia del resto de planetas, incluida la Tierra, que se formaron más tarde.

Las cámaras infrarrojas se utilizan para detectar la temperatura de la atmósfera de Júpiter

Deja un comentario