El panteón de los videojuegos cuenta con un nuevo dios. La última entrega de God of War, disponible a partir de este viernes para PlayStation 4, es una de esas obras que, de tan rotundas, son consideradas clásicos instantáneos. Más de cinco años después de su última aventura, Kratos se estrena al fin en la actual consola de Sony, y lo hace con un juego que deja atrás la fantasía de poder adolescente, brutal pero vacía, para alzarse con una mirada más adulta pero no menos salvaje.

Atrás quedan los días en los que God of War no era más que un festival de testosterona, sangre y miembros cercenados; una franquicia que se había ganado un merecido reconocimiento gracias a su estelar puesta en escena y a su adictiva acción, pero que, realmente, nunca tuvo nada importante que contar. Hasta la llegada de este reinicio, un punto y aparte dentro de la serie que abandona la mitología griega para sumergirse en la Midgar creada por Odín y habitada por los dioses nórdicos.

La historia que Sony Santa Monica quiere contar al jugador en esta ocasión es la de un viaje, el que Kratos y su hijo Atreus emprenden con el objetivo de esparcir las cenizas de la madre en la montaña más alta del mundo. A partir de esta premisa, se desarrolla un argumento que explora en el pasado de su protagonista y en la posibilidad de una nueva vida alejado de las raíces, pero es la relación entre el padre y el hijo la que verdaderamente marca el tono de toda la obra.

De la misma manera que los videojuegos y su narrativa han madurado a lo largo de los últimos años, también lo ha hecho God of War, un retorno que sorprende con su carácter íntimo y plagado de sutilidades, pero que al mismo tiempo no defraudará a aquellas personas que hayan llegado hasta él en busca de la acción y la épica marca de la casa. Quizás, el secreto de esta nueva entrega es la facilidad con la que el juego consigue sumergir al jugador en su historia, algo a lo que también contribuye un indescriptible envoltorio visual y sonoro.

La relación entre Kratos y su hijo Atreus es la verdadera protagonista de esta nueva entrega La relación entre Kratos y su hijo Atreus es la verdadera protagonista de esta nueva entrega (Sony)

Desde sus inicios God of War siempre ha sido una serie conocida por explotar las posibilidades técnicas de cada consola en la que aparecía, pero lo que esta nueva entrega hace con PlayStation 4 parece magia negra. Decir que el juego es espectacular, tanto artística como tecnológicamente, es quedarse corto. Las actuaciones de los actores de captura de movimiento y voces, el trabajo de modelado y animación de personajes, los monumentales escenarios, la contundente banda sonora de Bear McCreary, así como el nivel de detalle con el que se ha mimado la planificación de cada escena conforman un conjunto que juega en una liga superior.

Pero hay más, lejos de conformarse con ser un portento gráfico, este reinicio de God of War también es innovador en el aspecto narrativo, ya que hace uso de un único plano secuencia a la hora de enlazar todas y cada una de las escenas del juego. Está claro que, al ser una obra digital, este tipo de plano, en el que la cámara sigue la acción sin detenerse, es más fácil de llevar a cabo que en una película, pero, igualmente, pensar en un videojuego en el que la acción fluye de forma constante durante las más 20 horas que puede durar la aventura es más que algo extraordinario, es un avance tecnológico para el videojuego.

El sistema de combates es más estratégico y evoluciona a lo largo de las más de 20 horas que puede durar el juego, pero sigue siendo igual de salvaje El sistema de combates es más estratégico y evoluciona a lo largo de las más de 20 horas que puede durar el juego, pero sigue siendo igual de salvaje (Sony)

El retorno de God of War es una de esas bofetadas que no te esperas, también cuando se trata de sacar el hacha y empezar a repartir. El juego dirigido por Cory Barlog no renuncia al beat ‘em up salvaje que forma parte de su ADN. Ahora el combate es más pausado, tiene un mayor componente estratégico y evoluciona a partir de un sistema de puntos de experiencia y habilidades más completo, pero a pesar de todos los cambios, sigue siendo puro God of War. Las espadas del Caos dejan paso a la versátil hacha Leviatán, un arma con muchas posibilidades para el combate y que unida a la asistencia de Atreus, quien siempre es una ayuda, completan un sistema de combate muy satisfactorio.

Quizá uno de los pocos elementos criticables del retorno de Kratos sea la menor presencia de jefes finales, una característica que hasta ahora era seña de identidad de la serie. Debido a su estructura menos lineal que en anteriores entregas, este nuevo God of War es un juego que equilibra mejor entre los momentos de máxima intensidad y los rompecabezas más relajados, algo que en realidad es positivo, porque le da un mejor ritmo al juego, sin contar que ofrece mucho más contenido, horas de juego y trasfondo del mundo y sus personajes.

God of War no es solamente un portento gráfico, es un avance tecnológico para el videojuego God of War no es solamente un portento gráfico, es un avance tecnológico para el videojuego (Sony)

En lo que se refiere a la dificultad el juego ofrece diferentes modos que se adaptan al gusto personal de cada usuario. Una de las modalidades centra la experiencia en la narrativa y hace que los combates sean más sencillos, mientras que otro (el ‘Modo God of War’) ofrece un mayor reto para aquellas personas que prefieran dominar al máximo el sistema de combates. Asimismo, los usuarios de PlayStation 4 Pro están de enhorabuena ya que el título cuenta con modos que explotan las capacidades de este modelo de la consola, pudiendo escoger entre potenciar el rendimiento (60fps) o la resolución (4K).

Mantenerse fiel y reinventarse al mismo tiempo. Esta es la ley de oro que diferencia a las grandes franquicias del videojuego, aquellas que siguen teniendo éxito a pesar del transcurso de los años, del resto de títulos que, antes o después, acaban cayendo en el olvido. Super Mario, The Legend of Zelda, Final Fantasy, Tomb Raider o Grand Theft Auto triunfan desde hace décadas gracias a esta norma no escrita. A este club se le une hoy God of War, la consagración de una franquicia y un juego que se recordarán durante mucho tiempo.

God of War regresa dejando atrás la fantasía de poder adolescente para alzarse con una mirada más adulta pero no menos salvaje

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