Iham Aliyev no es un tiranuelo al estilo de su vecino Kurbanguly Berdymujamedov en Turkmenistán, al otro lado del mar Caspio, pero ha hecho lo posible por mantenerse en el poder desde que heredó de su padre la presidencia por fallecimiento. Si Heydar Aliyev, dirigente soviético y después líder indiscutible del Azerbaiyán independiente, gobernó el país caucásico durante 35 años, el hijo sigue el mismo camino. La comisión electoral le da por ganador de las presidenciales celebradas ayer miércoles, con un 86% del 65% de los votos escrutados.

En el 2003, la herencia de Aliyev quedó justificada en unas elecciones celebradas en un clima de represión. Volvió a ganar en el 2008 y el 2013, después de que se anulara el límite de dos mandatos seguidos. Por fin, en el 2016 se amplió la presidencia de cinco a siete años. Así que hay reinado hasta el 2024 por lo menos. Ilham Aliuyev tiene 56 años.

Partidarios del presidente Aliyev celebraban la incontestada victoria electoral la noche del miércoles en la capital, Bakú Partidarios del presidente Aliyev celebraban la incontestada victoria electoral la noche del miércoles en la capital, Bakú (Aziz Karimov / AP)

Esta vez, la convocatoria se ha adelantado del 17 de octubre al 11 de abril. Oficialmente, para evitar la coincidencia de legislativas y presidenciales en el 2025. Según los críticos, en cambio, para que la oposición no tuviera tiempo de hacer campaña. Así que los dos principales partidos opositores decidieron hacer boicot. Aliyev se enfrentaba a otros siete candidatos, pero todos ellos menos uno mostraron su reconocimiento a los logros del presidente.

El vicepresidente del Senado ruso, Iliás Umajánov, coordinador de la delegación de observadores de la Asamblea Interparlamentaria de la Comunidad de Estados Independientes, afirmó que los comicios azerbaiyános son “un digno ejemplo del derecho y las leyes electorales que ciertas naciones de Occidente, dadas a aleccionar habitualmente, podrían emular”, según la agencia rusa Sputnik.

Una de las calles comerciales del centro de Bakú donde abundan los cafés y restaurantes Una de las calles comerciales del centro de Bakú donde abundan los cafés y restaurantes (Taylor Weidman / Bloomberg)

Cuando Ilham Aliyev asumió la presidencia hace quince años, estaba considerado un vividor, mujeriego y jugador que debía, supuestamente, un dineral a un casino turco mientras trabajaba en la empresa nacional del petróleo. Y también un individuo muy pagado de sí mismo, según dijo a La Vanguardia.com una persona que compartió con él estudios de relaciones internacionales en Moscú. Quizás fue ese carácter el que le sirvió para navegar en el aparato funcionarial y clientelar montado por su padre, al tiempo que promocionaba gente nueva de su confianza.

En un encuentro con periodistas europeos en el 2007, el presidente azerbaiyano se presentó como un tipo avispado, inteligente, pragmático y dotado de un fino humor. Reivindicaba, por supuesto, la figura de su padre y se mofaba con ironía de lo que podían pensar de él en Occidente.

Aliyev tenía motivos: sin dejar la mano de Rusia, había sellado pactos valiosos con Estados Unidos y con la Unión Europea. Con Washington, la instalación de radares, muy importante para ambas partes porque Azerbaiyán es vecino -y buen vecino- de Irán y porque el país sigue enfrentado con Armenia desde los años noventa en el conflicto congelado de Nagorno Karabaj. Y Armenia tiene el apoyo militar ruso.

Vista nocturna de Bakú, en junio del 2017 Vista nocturna de Bakú, en junio del 2017 (Efrem Lukatsky / AP)

En cuanto a Europa, el oleoducto BTC, que va desde Bakú a Cyhan, en Turquía, pasando por Tbilis (Georgia) era una garantía económica. País petrolero, Azerbaiyán podría ser el Dubai del Caspio. Tras unos años de bonanza, sin embargo, la baja de los precios del crudo en los últimos tres años ha puesto en aprietos la economía de un país de solo 10 millones de habitantes, la mayoría de etnia azerí y lengua emparentada con el turco, musulmanes chiíes nada estrictos y en general leales al régimen. Las protestas esporádicas suelen ser reprimidas con celeridad en Bakú.

El régimen de Azerbaiyán es de los que se suele calificar de autoritario con todos los atributos: persecución política, orejas en todas partes, sin libertad de prensa… En aquella ocasión, hace algo más de diez años, Aliyev quiso demostrar que su gobierno tenía incluso un ministerio de defensa de los derechos humanos. Pero su responsable comentaba indignada cómo era posible que le llegaran muchas cartas de Amnistía Internacional por tal o cual caso, “¡y todas dicen lo mismo!”.

Exterior de unos baños turcos en la ciudad vieja de Bakú Exterior de unos baños turcos en la ciudad vieja de Bakú (Taylor Weidman / Bloomberg)

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