El PP, con sólo ocho de los veintinueve concejales, ha reconquistado la alcaldía del Ayuntamiento de Alicante. El episodio, uno más de la larga lista de “tamayazos” de la historia política española, refuerza el papel político de una formación que logró retener la Diputación Provincial en el 2015. Y traduce la enorme dificultad, (¿o tal vez incapacidad?) de la izquierda – PSPV, Compromís y Guanyar Alacant (Esquerra Unida y Podemos) – para consolidar un proyecto político de cambio en la capital, a pesar de haber obtenido en el 2015 una mayoría absoluta suficiente entre las tres fuerzas. Alicante se consolida así como feudo del PP, con consecuencias no sólo en el terreno político, también en el social, cultural y económico (atentos a la oposición de las patronales de la provincia a seguir los dictados de la CEV autonómica que lidera Salvador Navarro).

Alicante no es cualquier ciudad; y permite al PP y a su líder, Isabel Bonig, recuperar una potente plaza política, a poco más de un año para las elecciones. Con sólo ocho concejales, además, podrá gestionar la corporación, sin necesidad de acudir al pleno excepto para los grandes asuntos. En paralelo, lo ocurrido desvela graves problemas de gestión de la izquierda en esta geografía, siempre dada a episodios políticos inusuales (¿recuerdan cómo Eduardo Zaplana logró la alcaldía de Benidorm?). El exalcalde socialista Gabriel Echávarri, carente de empatía y poco dado a generar complicidades, ha gestionado de la peor manera posible su salida, forzada por la dirección del PSPV. Y en ese trayecto, incluso antes de su imputación en dos causas, dinamitó muchos de los puentes que se habían construido con sus socios de gobierno. Socios que por cierto parece que en algunos momentos nunca entendieron el papel que debían jugar para evitar males mayores.

Alicante no es cualquier plaza; y permite al PP y a su líder, Isabel Bonig, recuperar una potente plaza política

Analizado el caso, sorprende además el origen de este fracaso de la izquierda, focalizado en la concejal tránsfuga Nerea Belmonte, ex de Podemos y que ha renegado del proyecto de izquierdas que en su día defendió y en el que militó. Pero sería un grave error centrar toda la responsabilidad de lo ocurrido en esta concejala. Echávarri no sólo trituró complicidades con sus vecinos de ideología política, también con Ciudadanos, en momentos clave. Cuando de gobiernos tripartitos se trata, los liderazgos exigen transversalidad y generosidad, cualidades que Echávarri, más allá de las imputaciones, tampoco tuvo. Ahí está realmente el problema. Como ejemplo contrario estaría el caso de Elx.

Que Alicante vuelva a manos del PP, justo unos días antes de que comience el juicio contra el exalcalde Luís Díaz Alperi por corrupción, confirma también la inquietante indefinición de Ciudadanos. Este partido votó a favor de Echávarri, con la clara intención de borrar las dos décadas de gobiernos con alcaldes imputados (también Sonia Castedo). Pero ahora ha preferido abstenerse ante la evidencia de que los populares iban a reconquistar una plaza que siempre consideraron propia. Extraño el papel de Ciudadanos, que ahora queda atrapado en sí mismo, ¿colaborará con el PP en las decisiones claves que aún se deben tomar en la corporación?

Que Alicante vuelva a manos del PP, justo unos días antes de que comience el juicio contra el exalcalde Luís Díaz Alperi por corrupción, confirma también la inquietante indefinición de Ciudadanos.

Ciudadanos debería, además, hacer una buena lectura de lo sucedido, pues en nada le beneficia a este partido y sí mucho al PP. El partido de Isabel Bonig recupera un potente altavoz, en una provincia clave y fundamental para ampliar mercado electoral de cara al 2019. Alicante, capital y Diputación, serán ahora arietes duros contra las políticas de Ximo Puig y del Botànic. La lectura ciudadana, además, será la de que la izquierda ha sido incapaz de gestionar con éxito una oportunidad de cambio; y son este tipo de lecturas las que acaban por modificar prospectivas electorales. Es decir, se frustra la ilusión, se fomenta la abstención entre los propios y se moviliza al voto contrario: siempre ha sido así, y los ejemplos abundan. El PP se hace fuerte en la capital y la provincia, justo en el momento que menos le convenía a la izquierda.

La lectura ciudadana, además, será la de que la izquierda ha sido incapaz de gestionar con éxito una oportunidad de cambio

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