Queda poco menos de año y medio para las elecciones municipales y autonómicas. Una cita crucial para todos los partidos ya que en ellas se repartirá buena parte del poder político en España, pero unos comicios fundamentales para el futuro de la alianza entre Podemos e IU. Ambas organizaciones fían al éxito de 2019 sus opciones en las generales previstas para un año después. Pero 17 meses son pocos en política cuando existen dudas sobre algunos de los elementos básicos de una confluencia que, de momento, está en el aire y a la que los acontecimientos ocurridos en Madrid en las últimas semanas no ayuda.

El coordinador federal de IU, Alberto Garzón, ha planteado este sábado a los órganos de dirección de su coalición un informe político en el que establece los requisitos que considera imprescindibles para mantener en 2019 la alianza entre ambas formaciones. Un acuerdo que se debería replicar, además, en las andaluzas (previstas para marzo del mismo año) y en las europeas (también en mayo, con locales y regionales).

Garzón logró que  su informe fuera aprobado casi por unanimidad en la Coordinadora Federal de su partido. Pocas horas después, tras el Consejo Ciudadano Estatal de Podemos, Iglesias reiteraba el  no de su partido a un acuerdo estatal para 2019 y recordaba que los documentos aprobados en Vistalegre 2 dejaban la decisión en manos de los territorios.

El documento de Garzón cogió por sorpresa a los dirigentes de Podemos. Pero no por el fondo, por su contenido, sino porque,  según fuentes de la dirección de Podemos consultadas por eldiario.es,   el líder de IU no informó a sus compañeros de escaño de que preparaba un duro informe en el que abría la puerta a que la alianza sellada en mayo de 2016 no se extendiese a ámbitos territoriales menores que el estatal.

Desee IU matizan esta afirmación. Fuentes de la dirección de la coalición aseguran a este medio que Garzón sí había avisado tanto de la existencia del informe como de su líneas generales,  incluida la intención de cerrar el acuerdo antes de Semana Santa. 

Las críticas y reclamaciones de Garzón tampoco son nuevas. Ya las señaló en otro informe político con motivo de su primer aniversario como coordinador federal de IU. Pero algunos elementos son hoy distintos que en el verano de 2017. Sobre todos ellos sobresalen tres aspectos centrales que, en este momento, suponen un obstáculo para la confluencia entre Podemos e IU.

Acuerdo estatal o negociación en cada territorio

Podemos e IU llevan meses con conversaciones abiertas para afrontar la fórmula con la que se presentarán a las elecciones de 2019. Sus secretarios de Organización, Pablo Echenique e Ismael González, mantienen reuniones de forma habitual. Pero el acuerdo no avanza y, según a quien se pregunte, ni siquiera arranca. 

Garzón apuesta por un acuerdo marco de ámbito estatal, sellado entre ambas direcciones y que fije las líneas generales del acuerdo. El líder de IU es consciente de que ese acuerdo no podrá llevarse a cada territorio. Sobre todo a municipios medianos y pequeños y a algunas comunidades donde las relaciones entre ambos partidos es inexistente, en el mejor de los casos. Un ejemplo de esta última es Asturias.

El portavoz de IU en la Asamblea del Principado y exlíder de IU, Gaspar Llamazares, no cree que la propuesta de Garzón sea posible.

No parece probable la autocrítica ni la reorientación ni un acuerdo marco. Más bien reafirmación en la estrategia y los acuerdos a la carta.

— Gaspar Llamazares (@GLlamazares) 12 de enero de 2018

En Podemos creen que el marco general lo define el acuerdo cerrado entre IU y Podemos para el 26J. Apuestan por la alianza entre ambas organizaciones. Pero creen que la letra pequeña se tiene que definir “territorio a territorio”. 

La insistencia de IU con el acuerdo general recuerda a una disputa clásica en las confluenciaas: la fórmula jurídica. La legislación española premia a las coaliciones electorales no solo para el reparto de minutos en televisión o subvenciones, sino para elementos tan importantes como la presencia en las diputaciones provinciales.

Primarias, primarias, primarias

Julio Anguita hizo famoso en los años 90 del siglo pasado su “programa, programa, programa”. Una coletilla con la que respondía a quienes le reprochaban no haber ayudado a Felipe González en sus investiduras de 1991 y 1993. El líder socialista recurrió a CiU y PNV al no querer pactar medidas concretas con la IU de entonces.

El programa ha sido un obstáculo menor entre IU y Podemos. No así la configuración de las listas electorales. Lo fue en las infructuosas negociaciones para las generales de 2015 y lo ha sido después.

A este problema se suma ahora el conflicto abierto en Madrid donde la alcaldesa, Manuela Carmena, ha destituido a su concejal de Hacienda, el dirigente de IU Carlos Sánchez Mato. Carmena, que no tenía previsto repetir en 2019, ha cambiado de idea y sí se ve ahora con fuerzas para liderar una nueva candidatura al Ayuntamiento de la capital.

Entre las condiciones que, todavía de forma oficiosa, ha puesto sobre la mesa está la de poder componer un equipo a su gusto lo que podría dejar fuera de juego a IU e incluso obligarles a presentar una lista alternativa a los procesos internos o a las propias elecciones.

En su informe, Garzón apostó claramente por mantener las primarias para confeccionar las listas. Este sábado, Pablo Iglesias también lo ha hecho ante el Consejo Ciudadano del partido: “Se tienen que producir procesos de primarias. Hay que elegir candidatos”. Pero sin concretar la fórmula: no es lo mismo cómo se eligió la lista de Ahora Madrid (con un sistema abierto) que la de Barcelona en Comú (con un sistema de lista plancha cerrada).

Iglesias hacía esta precisión justo antes de oficializar la apuesta por su compañero Íñigo Errejón como futuro candidato a la Comunidad de Madrid. Otro elemento disonante en la complicada orquesta que es eso que se ha dado en llamar “espacio del cambio”. Errejón no es, ni por asomo, la primera opción para IU. Las negociaciones en este sentido prometen ser duras.

Garzón tiene prisa: límite Semana Santa

El toque de atención de Garzón recibió un  no como respuesta pública. Pero, de puertas para adentro, en Podemos sí ha encendido algunas alarmas. La disputa entre ambos partidos durante todo 2014 y 2015 fue un continuo elemento de desgaste para unos y otros. La consecución de Unidos Podemos fue vista tanto por Iglesias como por Garzón como una buena noticia. Algo de lo que ambos podrían sentirse orgullosos, como dejaron dicho. 

Romper ahora esta alianza podría tener consecuencias a muchos niveles. Y nadie parece, de momento, dispuesto a hacerlo. Si el jueves eldiario.es y otros medios adelantaban el informe de Garzón y recogían las respuestas de los dirigentes de Podemos, el viernes sus responsables de Organización, Pablo Echenique e Ismael González, recuperaban los contactos. 

Ambos mantuvieron una reunión, según ha confirmado eldiario.es. Fuentes de la dirección de Podemos, no obstante, señalan que no se planteó “nada concreto”. “Estamos pensando juntos”, aseguran.

En IU quieren avanzar a una negociación real. Y quieren que sea ya. Antes de la próxima Semana Santa, cuando quede un año para la primera de las citas: Andalucía. Allí las relaciones entre la líder regional de Podemos, Teresa Rodríguez, y el de IU, Antonio Maíllo, son muy buenas. Pero, a nivel municipal, existen más problemas. En la coalición de izquierdas creen que un acuerdo marco que dejara vías de escape a los lugares donde fuera realmente imposible, como Asturias, favorecería los acuerdos en sitios problemáticos pero salvables.

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