Los elegidos escogen

Si la biología es injusta al darnos al nacer el cuerpo que le da la gana, no tiene por qué serlo menos al decidir cuándo y cómo nos lo quita. Y no lo es: basta con charlar con Aznavour y disfrutar de su sentido del humor (me asegura que es lo último que piensa perder), de su pasión por los escenarios, la canción, el teatro, sus letras y, ahora, su Tour Aznavour 2018, para certificar quela genética es una lotería, pero la vida es una elección. Dota a sus elegidos de genes centenarios, pero sólo algunos, como Aznavour, eligen convertirlos en arte con jornadas de 14 horas de trabajo, que en realidad no lo es, porque no deja de disfrutarlas (y me lo dice en Éditions Raoul Brenton, en París, sentado al piano de Édith Piaf, de quien fue telonero).

¿Prefiere morir en el escenario a morirse por un escenario?

Ni una cosa ni la otra. A los 60 te jubilas, pero, a mi edad, uno ya no está para eso.

¿Su genética caucásica le ayuda a seguir?

Los armenios, los georgianos, los azeríes, es verdad que llegamos a viejos con más facilidad que los latinos.

Decían que era por comer mucho yogur…

Yo no como yogur; me basta con no pasarme bebiendo.

¿Su familia también es longeva?

La mayor parte no tuvo la oportunidad: ¿ha oído usted hablar del genocidio armenio?

Por supuesto: fue deplorable.

Pero mi hermana, que sobrevivió conmigo, tiene 95 años y está más joven que yo.

¿Por qué hablamos de la edad como un problema? Es una bendición verle cantar.

Y no soy tan raro. Estoy consiguiendo que otros amigos se acerquen a los 100.

¿Cómo?

Pues evitando los excesos y trabajando. No deje de trabajar nunca. ¿Sabe cómo se llega a dar un concierto en el Liceu de Barcelona a cualquier edad?

Y su tour: tras Barcelona, Osaka, Kioto, Moscú, Mónaco, Londres: ¡antes de junio!

Se ha dejado San Petersburgo. Pero contésteme: ¿sabe el secreto?

Es una paliza de aviones y jet lag.

No me contesta: el secreto son 14 horas de trabajo al día. Eso luego se llama arte.

Compay Segundo, con quien cantó…

Con Compay canté, pero con Frank Sinatra iba a beber. Y siempre me ganaba.

Hoy es usted quien cita sus canciones.

Frank hubiera vivido otra eternidad si se hubiera cuidado tanto como a sus discos.

Compay me dijo que para llegar a sus 99 había que andar despacito, comer poquito…

Y trabajar muchito.

… Y dormir solito.

Mire, yo me he casado tres veces.

Enhorabuena. ¿Algún consejo?

Si quieres que dure tu matrimonio, debes ser muy infiel a tus amantes. Y yo lo soy.

¿Qué le dice su señora?

Que el trabajo es mi amante, pero yo le respondo que las amantes salen caras y que a mí me pagan por serles infiel trabajando.

¿Qué va a cantar en Barcelona? ¿Por qué?

Mire, si usted se anima a ayudarme con las traducciones, está usted invitado a mi casa de Marsella los días que haga falta. ¡Se come bien!

Me consta. Y es tentador.

Ya le habrán dicho que soy un tipo difícil.

Está usted resultando todo lo contrario.

Es que no espero de todo el mundo talento, pero sí el esfuerzo para conseguir el talento. Ayúdeme ahora a traducir lo que diré.

Lo intentaré.

Miraré al público y les diré: “Yo he tenido la edad de todos vosotros”. Y he contemplado la vida de una forma diferente en cada edad. Esto Rafael de León, mi amigo, lo hubiera bordado.

Cuénteme una historia con canción.

No hay historia sin amor, amigo mío, y no hay historia sin final. Júntelos y tendrá la letra.

¿Entonces…?

Mourir d’aimer.

“Morir de amoooorrr”.

Fue una película con Annie Girardot.

¡Y rodó usted con Truffaut!

El cine, la canción, el teatro, por Dios, todo es lo mismo. Tómatelos en serio y te tomarán en serio. Ámalos y te amarán. Hay que amar al público más allá del dinero, que sólo sirve para seguir actuando, aunque tenerlo mola. Es que yo hablo mucho con los jóvenes: hay que ser curioso, o sea un niño, un niño incansable.

Tiene usted cuatro hijos de dos matrimonios. ¿Algún artista?

Ellos son mi arte: mis mejores canciones. Con mi segunda mujer no tuve hijos, porque no quería. Y también le dediqué una canción.

¿Cuál?

Traducida sería “No tenemos hijos”. Ella no los quería, porque decía que deformarían su cuerpo…No se puede tener miedo a vivir.

¿Se aprende de los amores o repetimos el mismo error cambiando de nombres?

Cambian los errores, pero el nombre es el mismo: tú. Con mi primera mujer era demasiado joven; con mi segundo matrimonio fui un estúpido, y el tercero, por fin, es un buen matrimonio. Pero todo el mérito es de ella.

Usted ha aprendido: ¿Francia aprende?

Los franceses no quieren crecer. Exigen al Estado su pedacito como si tuvieran derechos sólo por haber nacido. Pero si quieren algo, que trabajen; no les privemos del derecho a ganarse lo que tienen. Yo jamás he pedido una subvención. Me lo gano todo yo solito. Y quiero que los demás también puedan disfrutar de ese feeling: ¡Ah, te quita años!

¿De qué va su penúltima canción?

Me quita el sueño. Voy por ahí apuntando palabras en servilletas y luego las pierdo y llamo a los bares donde las dejo…

¿Es también una canción de amor?

Es de amor a la gente que envejece, sí, se titula Vivre vieux (vivir viejo).

¿Qué les dice?

Que se tranquilicen y dejen de mirarse el ombligo y contar años y días, pero, sobre todo, que dejen de contar las horas que trabajan y se entreguen a lo que hacen o busquen un trabajo que les apasione y les haga entregarse.

Deja un comentario