Gatos engañados

Si una rima es una ecuación inversa, el universo tiene reverso y verso a la vez: es uno y cuántico. Así que no se puede entender sin ver doble (Poe lo intuyó bebiendo el doble, pero esa es otra historia y poco ejemplar). Tras trabajar con Hawking intentando unificar la gravedad y la cuántica, Edelstein publica Einstein para perplejos con A. Gomberoff y el propósito de explicar lo inexplicable. Además, este astrofísico sigue buscando esa tesis unificadora que trascienda todas cuantas la humanidad ha concebido, pero también advierte que nuestra mente puede tener límites que le impidan alcanzarla: “Igual que los del cerebro de un gato le condenan a perseguir el destello de un espejo en la pared sin llegar a saber jamás qué lo produce”.

¿Se puede llegar a la verdad sin la razón?

Edgar Allan Poe se preguntó por qué la noche era oscura si las estrellas eran infinitas (es lo que se creía en 1848) y vislumbró que tenía que haber habido una explosión que lo había iniciado todo y que, como las estrellas estaban lejos, esa luz no nos había llegado todavía.

¿El big bang?

Lo atisba con esa reflexión en su último libro, Eureka, por lo demás demencial.

Quién sabe si algo que hoy es demencial también acabará un día por revelarse cierto.

Paul Dirac dedujo la existencia de la antimateria, porque al complementar la teoría de la relatividad hacía a la naturaleza más bella. Y luego la antimateria apareció en un experimento.

La mecánica cuántica es surreal.

Borges describió en prosa precisa y sobria una de las interpretaciones del universo cuántico en El jardín de los senderos que se bifurcan. Aunque elijas un camino cuántico, sigues estando en el otro. Es una locura, pero científicamente demostrada.

¿El Aleph borgiano es un agujero negro?

Y las únicas ecuaciones explícitas en la teoría de la relatividad de Einstein son de una belleza emocionante y conmovedora: esa breve línea de signos contiene el universo entero.

Borges también anticipó internet en La biblioteca de Babel.

De pequeño yo tenía una fantasía poética que ahora veo realizada. Deseaba que cualquiera pudiera comprobar la ecuación de la relatividad, igual que entonces demostrábamos la de la gravedad con sólo dejar caer un bolígrafo.

¿Cómo puedo demostrar la relatividad?

Sin las ecuaciones de Einstein, el GPS que todos llevamos en el móvil no funcionaría. Cualquiera puede comprobarlo, porque sin ellas, iría usted a Barcelona y acabaría en Mataró.

¿Cómo sé que eso prueba la relatividad?

Puede comprobar así que el tiempo de un satélite va más rápido que el tiempo en la superficie de la Tierra. La conversión del tiempo en distancia ya la anticipó Minkowsky en 1907 y Einstein la desarrolló hasta demostrar, además, que el espacio tiempo podía vibrar, y lo hemos comprobado experimentalmente hace tan sólo tres años con las ondas gravitacionales.

El universo tiene 13.800 millones de años. ¿Eso es mucho o poco o depende?

Esa es sólo la edad del universo observable. Tendemos a pensar que es como un globo que se expande, pero cuando queremos ver esa curvatura, vemos que es plano; igual que sabemos que la tierra es redonda, pero el césped del Camp Nou lo vemos plano, porque es demasiado pequeño, en relación a los 6.300 km del radio de la Tierra, para percibir en él su curvatura.

¿Podría haber otros universos como este igual que hay otros campos de fútbol?

Es una idea tal vez feliz, pero no demostrable por ahora. La idea se llama multiverso y contempla la posibilidad de que en esos universos paralelos las leyes físicas que los rigen sean diferentes. De momento no sabemos siquiera si este universo es cuadridimensional o no.

Tiene tres dimensiones euclídeas –recta, plano y cubo– más la de espacio tiempo, ¿no?

Puede haber una quinta. La apunta la conjetura de Maldacena a partir de la observación de los aceleradores de partículas. Para resumirla, digamos que, además de esas cuatro dimensiones, la quinta sería la resolución del universo. Para entenderlo, digamos que la mediríamos como medimos los píxeles de una fotografía.

¿Cómo la pantalla de la tele?

Y esa dimensión tendría sus restricciones, igual que en el espacio tiempo tú puedes ir hacia adelante, pero nunca hacia atrás.

Excepto en la literatura y el cine.

Tal vez en esa quinta dimensión es donde podrías conectarte con otros multiversos.

¿En qué trabajó con su amigo Hawking, que en paz descansa, pero no sus ideas?

El desafío para la física hoy es unificar la cuántica con la gravedad. Hasta que no lo consigamos no lo habremos comprendido. Hawking encontró el ángulo ciego de ambas teorías y llegó si no a unificarlas; sí a conciliarlas.

¿Cómo?

Descubrió que en el horizonte de sucesos –la franja luminosa que rodea el agujero negro y lo separa del espacio– tanto la gravedad como la cuántica son legítimas a la vez.

¿Y qué pasaba en ese horizonte?

Los agujeros negros se evaporan al cabo de un tiempo larguísimo y dejan de existir, algo imposible para la cuántica, donde la información puede moverse y transformarse…

O estar en dos sitios a la vez según se mire.

…Pero jamás desaparecer. Por eso, Hawking repetía que Dios no sólo juega a los dados, como decía Einstein para negar las dobleces cuánticas, sino que a veces los tira donde no podemos recuperarlos nunca (los agujeros negros).

¿Y qué pasa en realidad?

Pues que el agujero negro mantiene toda la información, pero a la vez la destruye.

¡Eso también pasa en la sociedad digital!

Hay algo en esa conciliación que no enten­demos. Digamos que la cuántica establece que un electrón hasta que no mides digamos que ni está ni no está.

Pues como cualquier dato en la red.

El caso es que la realidad objetiva en el mundo microscópico no existe. Por eso, preguntar dónde está un átomo si no lo vas a observar es una pregunta ilegítima.

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