El 4 de abril se cumplen 50 años de la muerte de Martin Luther King, defensor de los derechos civiles de los negros. Su figura aún hoy es recordada como símbolo de la lucha por la igualdad racial en Estados Unidos.

Martin Luther King fue asesinado el 4 de abril de 1968 por un racista blanco en plena época de segregación racial: blancos y negros eran tratados de forma distinta simplemente por el color de su piel.

Por aquel entonces, la población afroamericana tenía menos derechos que la población blanca: no podían votar, no podían sentarse al lado de gente blanca en autobuses y restaurantes, iban a escuelas separadas, cobraban menos que los trabajadores blancos y no podían ocupar cargos directivos, por ejemplo.

Este tipo de políticas tenían su origen en la época de la esclavitud. En Estados Unidos, tener esclavos fue legal hasta 1863, cuando el presidente Abraham Lincoln aprobó la abolición de la esclavitud.

Sin embargo, la discriminación y los prejuicios raciales se mantuvieron durante décadas. Incluso hoy, los conflictos raciales son un problema en Estados Unidos.

De la pequeña Atlanta a la capital del país

Martin Luther King Jr. nació en 1929 en Atlanta, la capital de Georgia, un estado al sur de Estados Unidos. En aquella época, la segregación racial se notaba especialmente en los estados del sur, donde los negros eran víctimas de ataques racistas constantemente.

Cuando tenía 6 años, los amigos blancos de Martin dejaron de hablarle porque, como él era negro, no podían jugar con él. Por eso, desde muy joven se implicó en la defensa de los derechos civiles de la gente negra.

Organizó y participó en decenas de protestas, manifestaciones y boicots para llamar la atención sobre la situación de desigualdad que se vivía en Estados Unidos. Su personalidad carismática y la fuerza de sus ideas lo convirtieron en una figura conocida en todo el país.

Uno de sus discursos más conocidos es ‘I have a dream’ [Tengo un sueño]. Lo pronunció ante más de 250.000 personas que se habían reunido en Washington, la capital del país, para participar en la Marcha por el Trabajo y la Libertad y reivindicar los derechos de los ciudadanos negros.

Una vida luchando

Martin Luther King era hijo de un pastor baptista y él mismo fue ordenado reverendo. Tal y como él veía las cosas, la violencia no era el camino para conseguir el cambio y por eso siempre defendió las acciones no violentas.

Gracias a estas acciones se consiguieron grandes avances, como la Ley de Derechos Civiles (1964) que acababa con la segregación racial en los espacios públicos o la Ley de Derecho a voto (1965) que permitía a los negros votar.

El monumento a Martin Luther King en Washington recuerda la figura del principal defensor de los derechos de los afroamericanos. El monumento a Martin Luther King en Washington recuerda la figura del principal defensor de los derechos de los afroamericanos. (Getty Images)

Como activista, Luther King no solo defendía los derechos de la comunidad afroamericana, sino que se oponía a la Guerra de Vietnam (1954-1975) y reclamaba más recursos del gobierno estadounidense para ayudar la gente pobre.

En 1964 recibió el Premio Nobel de la Paz como reconocimiento a su lucha para acabar con las desigualdades y la discriminación racial.

Por desgracia, no todo el mundo pensaba como él y sufrió distintos ataques a lo largo de su vida. Martin Luther King fue asesinado en un hotel de la ciudad Memphis, donde se había desplazado para apoyar la huelga de los basureros negros que reclamaban una mejora en sus condiciones laborales.

En Estados Unidos han dedicado un día a su figura: cada año, el tercer lunes de enero se celebra el Día de Martin Luther King.

El homenaje a un gran hombre cuya lucha sigue inspirando a muchas personas en todo el mundo.

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