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1700 aviones listos para combate: Lo que debe saber sobre la Fuerza Aérea china

La Fuerza Aérea del Ejército Popular de Liberación y su hermana menor, la Fuerza Aérea naval, operan conjuntamente en torno a 1.700 aviones de combate, ha calculado el periodista de investigación Sébastien Roblin. Incluye en este número los cazas polivalentes y cazas interceptores, bombarderos y aviones de ataque.

Únicamente Estados Unidos tienen más cantidad: 3.400 unidades activas. Sin embargo, su investigación, publicada en el sitio web The National Interest revela que China puede tener algunas clases de aeronaves poco conocidas en Occidente. 

Aproximadamente el 33% de sus aviones de combate son cazas de segunda generación aeronáutica con valor limitado para un combate con un enemigo moderno, eficaces probablemente solo en un ataque en enjambre. El otro 28%, que incluye los bombarderos estratégicos, es de tercera generación. Se trata de aviones con capacidades más avanzadas, pero también obsoletos.

El portahelicópteros de la Fuerza de Autodefensa Marítima de Japón, Izumo, en su base de Yokosuka, en la prefectura de Kanagawa, el 1 de mayo de 2017.

Otro 38% lo componen cazas de cuarta generación, que en teoría pueden oponer una seria resistencia a aviones de fabricación estadounidense como los F-15 y F-16. Finalmente, los cazas furtivos no superan el 1% del número total.

Gran parte de los aviones disponibles son “clones” de algún diseño ruso o estadounidense, señala Roblin. Por eso no es demasiado complicado determinar las capacidades técnicas de las copias a partir de sus respectivos originales. China ha desvelado las propiedades técnicas de unas pocas aeronaves, mientras que mantiene clasificadas las de la gran mayoría del resto de su flota.

No obstante, las capacidades de toda esta aviación “son solo la mitad de la historia”, afirma el investigador. Al menos la mitad de su importancia residen en el entrenamiento, la doctrina organizacional y “los activos de apoyo a partir de los datos de sus satélites de reconocimiento, aviones cisterna, radares terrestres y puntos de mando aerotransportables”.

El autor estima que China no tiene prisa reemplazando sus aviones viejos por otros más modernos. Según él, se están aplazando las adquisiciones principales hasta que la industria aeronáutica china pula los desperfectos de su cuarta generación de aviones y estén listos para la fabricación en serie de furtivos.

El ‘ataque de clones’ aplazado a décadas

El diseño más viejo disponible se remonta hasta los años 1950, “cuando la Unión Soviética y la China comunista eran los mejores compañeros”. En esa época, Moscú transfirió muchos tanques y aviones a Pekín junto a toda la tecnología.

Uno de los primeros aviones fabricados en China fue el J-6, un clon del supersónico MiG-19 que tenía la tobera del motor en el carenado. Pekín construyó miles de esos aparatos y casi todos, salvo algunas excepciones, han sido ya retirados. Están en servicio cerca de 150 unidades de su modificación rediseñada para realizar ataques a tierra, el Nanchang Q-5. Estos están equipados ahora con municiones guiadas de precisión.

Pese a la ruptura de la relación sino-rusa a finales de la década de 1950, en 1962 la URSS ofreció a China una docena de nuevos cazas MiG-21 como parte de una iniciativa de reconciliación. Pekín rechazó la oferta pero retuvo los prototipos, que fueron sometidos a una ingeniería inversa. Así apareció el Chengdu J-7, más robusto, aunque también más pesado que el original.

Su producción comenzó lentamente “debido al caos de la Revolución Cultural”, pero entre 1978 y 2013 las plantas chinas fabricaron miles de unidades de distintas variantes de estos cazas con el fuselaje en forma de lápiz. Cerca de 400 todavía forman parte de la aviación naval y terrestre del país.

En lugar de dar de baja a los J-7 con la llegada del nuevo milenio, China se dedicó a mantenerlos competentes. En 2004 se incorporó la modificación J-7G con un radar Doppler de fabricación israelí con un alcance de detección próximo a 60 kilómetros. Para el mismo, mejoraron también los misiles e introdujeron una cabina de cristal digital.

Otro clon de la era soviética es el Xian H-6, un bombardero estratégico bimotor desarrollado a partir del Túpolev Tu-16 de los años 1950. Aunque menos capacitado que los bombarderos Boeing B-52 o Túpolev Tu-95, el H-6K sigue siendo relevante porque puede lanzar misiles de crucero pesados ​​de largo alcance hacia objetivos navales o terrestres a distancias de hasta 6.500 kilómetros sin entrar en la zona de cobertura de la defensa aérea del enemigo.

Originalmente, el Xian tenía la misión de portar armas nucleares, pero la Fuerza Aérea china parece ya no estar interesada en este papel. Se informa que Pekín está desarrollando un nuevo bombardero estratégico de esta familia, el H-20, pero se tiene poco información sobre él.

Inovaciones caseras

China comenzó a desarrollar aviones de genuino diseño local a mediados de los 1960, pero el debut de estos no llegó hasta en 1979, cuando despegó el interceptor supersónico Shenyang J-8. Podía alcanzar la velocidad Mach 2,2, aunque carecía de aviónica moderna y maniobrabilidad. 150 unidades de su versión posterior, el J-8II, todavía están en servicio.

Estos disponen de radares israelíes dentro de un nuevo carenado puntiagudo. En opinión del periodista, es una plataforma de armas rápida pero pesada, algo semejante al F-4 Phantom de EE.UU.

Los doscientos Xian JH-7, conocidos como ‘leopardos volantes’, entraron en servicio en 1992. Se trata de potentes cazabombarderos biplaza navales de dos asientos que pueden portar hasta 9 toneladas de bombas a una velocidad máxima de Mach 1,75. Siempre que eviten un combate aéreo, tienen una capacidad destructiva enorme.

El Chengdu J-10, por el contrario, es el análogo chino del F-16 Fighting Falcon, un caza polivalente muy maniobrable y con una gran aviónica, que compensa cierta inestabilidad aerodinámica de su fuselaje. Actualmente, su fabricación depende del suministro de los turborreactores rusos AL-31F. Algunos de sus dispositivos son auténticamente del siglo XXI, como los sistemas avanzados de búsqueda y seguimiento por infrarrojos y un radar de vanguardia AESA, que no todos los F-16 tienen. Sin embargo, entre las 250 unidades fabricadas ha habido muchos accidentes con víctimas mortales, posiblemente relacionados con algunos problemas en el sistema de pilotaje por mandos electrónicos.

Solución trascendental

En los peores tiempos para la economía de Rusia, después de la disolución de la URSS, los chinos llamaron a la puerta de su vecino del norte para pedirle los entonces más modernos cazas Sukhoi Su-27. La decisión de venderles varios resultó trascendental, destaca el autor. Ahora, una extensa familia de aviones derivados de este modelo, comparable con el F-15 Eagle, “forman el núcleo de la fuerza de combate moderna de China”.

Después de importar el lote inicial de Su-27, Pekín compró una licencia para construir su propia copia, el Shenyang J-11, y luego comenzó a construir de forma independiente dos modelos más avanzados, los J-11B y D.

Moscú se sintió irritado, pero aún así vendió a China 76 unidades del modernizado caza polivalente Su-30 (designado Flanker en la OTAN). Estos análogos del F-15E Strike Eagle para el ataque naval y terrestre también sirvieron de inspiración para los diseñadores chinos. Así confeccionaron su propio modelo derivado: el Shenyang J-16 (Red Eagle), que cuenta con un radar AESA, y el Shenyang J-15 Flying Shark, un caza adaptado para los portaviones. Alrededor de una veintena de ellos están desplegados actualmente sobre la cubierta del Liaoning.

A continuación apareció también el J-16D, un caza de contramedidas electrónicas.

Los derivados chinos de los Sukhoi pertenecen en teoría a la cuarta generación, como el F-15 y el F-16. Su vulnerabilidad principal son sus motores turbohélice WS-10 de fabricación nacional, que han sufrido problemas de mantenimiento y no producían suficiente empuje. La tecnología de motor a reacción sigue siendo la principal limitación de los aviones de combate chinos en la actualidad. Roblin no descarta que Pekín vuelva a comprar turborreactores rusos para solucionar el problema.

Los avances furtivos

En un período de tiempo notablemente corto, China desarrolló dos modelos distintos de cazas furtivos. Veinte Chengdu J-20 fueron comisionados en 2017. Se trata de un gran bimotor con velocidad y alcance optimizados con capacidad de cargar armas pesadas a expensas de la maniobrabilidad. El J-20 podría ser adecuado para ataques sorpresa contra objetivos terrestres o navales.

Mientras tanto, el Shenyang J-31, que por el momento solo tiene dos prototipos construidos, es más pequeño y representa un remodelado bimotor estadounidense F-35 Lightning. Posiblemente la corporación fabricante utilizó para su construcción diseños ‘hackeados’ de las computadoras de Lockheed Martin.

En EE.UU. temen que los proyectistas chinos puedan haber desarrollado una aerodinámica superior respecto a los prototipos que les permitirían el despegue o el aterrizaje vertical. Lo que les faltaría, aún así, son los sofisticados sensores que se añadieron posteriormente al supuesto robo de datos.

El proyecto J-31 puede servir para los portaviones tipo 002 y también para las exportaciones de una alternativa al caza F-35 con un precio mucho más bajo.

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